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ensayo

Ensayo de Enrique Winter: Les presento a Charles Bernstein

Bernstein llama a los suyos poemas impermeables, opacos en razón del artificio y la digresión; en oposición a los poemas absorbentes, que a su juicio generan un estado hipnótico gracias al realismo, la transparencia y la continuidad, entre otras trampas. Un poema clásico es, así, como un bebé que cautiva toda nuestra atención sin ofrecernos algo a cambio. Por el contrario, uno lleno de recovecos, aparte de cumplir con el deber de despertarnos de la hipnosis, cuando ilumina lo hace con más intensidad que el sol. En esto se emparenta incluso con los poetas beat, que parecieran tan distantes de la poesía conceptual de la que Bernstein es el antecedente más directo.

Un ensayo de Adalber Salas Hernández, Kiskadee: Traducir en Alice Yard

Para traducir hay que dejarse moldear por la música, aceptar el imperio de lo sonoro –como dice otro de los poemas de Ramlochan, apropiadamente llamado Kiskadee Bride, que leí en aquellos días: Each cry is its own tyrant. Cada grito es su propio tirano: suspendido en viento, el llamado del pájaro tiene fuerza de edicto, como en el texto lo que resuena tiene forma de ley. Seguirla nos permite salvar el estrecho que separa una lengua de otra, traducir. Esta migración acústica, este ir y venir del eco, recuerda a los cristofué que van y vuelven entre Venezuela y Trinidad: las palabras atraviesan el mismo aire, la misma agua.

ESA FRONTERA DONDE LA PALABRA SE DISUELVE: UNA APROXIMACIÓN A “LA NADA VIGILANTE”, DE ARMANDO ROJAS GUARDIA. Por Adalber Salas Hernández

La nada vigilante, libro de Armando Rojas Guardia que insiste en otear esa frontera en donde la lengua se disuelve, revocada por un silencio total, ubicuo. En ese límite huidizo intenta erigir el poema imposible, el que da cuenta de ese mismo silencio que lo anula. Por mucho tiempo perteneció esta tarea a otra suerte de textos, religiosos por naturaleza, pero no menos repletos de dicción poética si aceptamos leerlos con una mirada oblicua.

MÍSTICA Y EROTISMO, A PROPÓSITO DEL CANTAR DE LOS CANTARES. Por Ana María Hurtado

La experiencia propiamente humana del erotismo abarca todos los cuerpos; el erotismo centrado solo en lo físico- biológico deja de serlo y al quedar reducido a la genitalidad es despojado y se convierte en experiencia vacía. Como diría Octavio Paz: el erotismo es sexual, la sexualidad no es erotismo. Bajo esta perspectiva cobra especial importancia la función imaginal y el fenómeno simbólico que la acompaña, lo cual indefectiblemente lleva al Eros humano al contacto íntimo con la espiritualidad, al lenguaje del alma, como dirían algunos, y en consecuencia a la palabra poética.

EL OJO CUÁNTICO O LO SAGRADO EN LA POESÍA. Por Gladys Mendía

El ojo cuántico es la metáfora a través de la cual intentamos exponer la visión amplia que tiene el poeta al experimentar la insustancialidad del nivel físico; él ve lo que ocurre en el ámbito cuántico en donde todo y todos formamos parte de un gran caldo de información y energía. El poeta percibe que no hay límites ciertos, todo es un fluido y en todo momento nuestro campo de energía, está en contacto con el de todos los demás e influye en él. El poeta a través del ojo cuántico capta este nivel, para luego conectarse con el ámbito virtual, espiritual o potencial, donde todo es posible, sin límites tempo espaciales y causales.

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