
Sonia Chocrón. Poeta y narradora. Guionista. Publicada por editoriales como Alfaguara, Bruguera, Monteávila Editores. En 1988 llega por concurso al Taller “El argumento de ficción” de Gabriel García Márquez, en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba. De allí, viaja a México invitada por el premio Nobel para fundar el “Escritorio Cinematográfico Gabriel García Márquez” donde co-escribe guiones para la televisión y el cine. Sus más recientes poemarios son: Bruxa (Kalathos, 2019) y Hermana pequeña (Eclepsidra, 2020).
*Fotografía de la autora por Karim Dannery
Entrevista a Sonia Chocrón
Por Gladys Mendía
GM: ¿Quién es Sonia Chocrón?
SCh: Una asignatura en proceso. Una manta de retazos. Alguien que no termina de armarse. Un sujeto incierto. ¿O una fingidora, como decía Pessoa?
GM: ¿Cómo sobrellevaste el período de cuarentena?
SCh: Ese fue un período singular. Al principio me vi secuestrada por el miedo. Algo monstruoso ocurría a mi alrededor y no podía verlo ni palparlo, pero sabía que estaba allí. Como si fuera un asesino al acecho. Cuando el miedo comenzó a menguar, logré abrir un paréntesis sereno en el que hice realidad varias fantasías: la primera, tener a los míos recogidos y a salvo en casa, todos juntos. Luego, leer todo lo que se me antojaba sin horario ni culpa. Aprendí a cocinar y hasta escribí “Usted”, un libro misceláneo publicado luego por los amigos de El Taller Blanco Ediciones, en Colombia, hecho de cuentos, poemas y un personaje ficticio en cautiverio que va escribiendo un diario de confinamiento lejos del hombre que ama y que ha quedado atrapado en otro continente.
GM: Sonia, eres poeta y también narradora. ¿Nos podrías compartir tu proceso creativo?, ¿es diferente cuando entras en el camino de la creación poética al camino de la creación narrativa?
SCh: Sí, es muy diferente. Cuando escribo narrativa siento que me adentro en un mundo que es como una fiesta. Caben muchos invitados, estoy preparada para el ruido, la música, amigos y desconocidos en un mismo salón, historias ajenas. La poesía en cambio es otro lugar, sobre todo íntimo, al que entro sin zapatos, sin hacer ruido, con cautela, estoy sola, y puedo lastimarme.
GM: ¿Tienes alguna imagen recurrente en tu obra? Y, ¿de dónde crees que proviene, de cuál experiencia?
SCh: No lo sé, nunca lo había pensado. Pero me imagino que la muerte es mi ritornelo. Mi idioma, y el amor.
GM: ¿Crees que en el tema del amor está todo escrito?
SCh: Creo que nunca está todo escrito. Y si lo estuviera, siempre habrá formas distintas para contenerlo. Tiene que ver con la transformación del lenguaje que irremediablemente incide como si fuera una llave maestra, un código personal y secreto.
GM: ¿Qué libros consideras imprescindibles en tu biblioteca?
SCh: Supongo que los libros de poesía y teatro (Me gusta el teatro, he leído mucho teatro. Y visto también, siempre que he podido). Clásicos, Lorca, Shakespeare, Lope, Yeats, Pirandello, Shaw. Y algunas voces nuevas. Imprescindible ninguno. Los autografiados, tal vez y a veces porque les tengo cariño.
GM: ¿Qué libros recomendarías a una persona que quiere dedicarse a la escritura?
SCh: Depende la edad y el género. La lectura es imprescindible como un café (para mí) todas las mañanas. Pero para un joven que comienza recomiendo siempre el principio. El orden de todas las cosas. Lecturas iniciales, esas que siempre enamoran. (Octavio Paz es un estupendo escalón para la poesía. “El arco y la lira” o “cartas a un joven poeta” de Rilke). Luego los clásicos, hay que leerlos. Y releerlos. Y lo demás, es decir, lo que esté al alcance. “Todo buen poema se escribe en colaboración (con los poemas del pasado, de su lengua u otras). Solo el mal poema surge de la nada y ni siquiera vuelve a ella, porque no la abandona nunca” y con esto cito a un querido y admirado poeta y traductor español, Antonio Rivero Taravillo. Porque esa afirmación es la base justa de toda creación literaria: el diálogo con lo ya escrito.
GM: ¿Qué sientes cuando lees la poesía venezolana que se está escribiendo?
SCh: Supongo que como en todo: me gustan algunos autores, otros no tanto. A decir verdad, a veces creo que la poesía da para todo. Para ensalzar fiascos e invisibilizar talentos. Para modas, simpatías y antipatías. Todo depende de las relaciones públicas, favores y contraprestaciones. El mundo del trastero de la poesía no es mi mundo. No calzo. Creo además que la poesía se ha des sacralizado. No sé si es bueno o no, pero sí sé que hoy es un género popular que da casi para todo, insisto. Ya no es una religión. Ya no es una forma de ser sino de escribir. Apenas.
GM: ¿Crees que hay élites en el mundo de la poesía?
SCh: Como en todas las artes y en todos los oficios. Sí, sin ninguna duda, hay élites en la literatura. Algunas prevalecen por talento y genio, otras se imponen por intercambio de contraprestaciones y relaciones públicas.
GM: ¿Qué opinión te merecen los concursos de poesía?
SCh: Pues no sé qué responder. He sido jurado de varios y han sido nítidos y transparentes. Además, como soy romántica, todavía tengo fe en que gana quien gana, casi siempre el mejor.
GM: ¿Qué verso te sabes de memoria y por qué?
SCh: Me gustan mucho las coplas, así que me sé de memoria unas cuantas. La rima me ata a mi pasado sefardí, a la lengua que heredé, a los modos de mis antepasados. A las jarchas, a las cantigas. Siglo de oro español. Lope, Góngora. Y de Lorca otras tantas.
Ay, qué trabajo me cuesta/ quererte como te quiero/Por tu amor me duele el alma/ el corazón y el sombrero (…)
GM: ¿Te gustan las poéticas intermediales? Por ejemplo, la video poesía, la poesía visual, sonora. ¿Y qué opinión te merece la difusión de estas por redes sociales?, ¿sientes que ayuda a la difusión?
SCh: Sin duda, soy una mujer de medios. Vengo del cine, de la televisión. Aprecio cierto contenido valioso que puede encontrarse como gemas al descuido en algunas redes sociales o en la virtualidad del internet. (Es gracioso: Por venir de los medios, precisamente, a veces soy desterrada. Si reúnen poetas, me consideran narradora. Si compilan narradores, soy poeta. Y casi siempre, guionista con desparpajo).
GM: ¿De qué modo te ayuda la escritura en la vida?
SCh: Digamos que sin escribir no sabría qué hacer. No tengo grandes talentos para otros oficios. No soy ducha en actividades manuales. Le tengo horror a la sangre y las enfermedades. No me gusta cuidar niños. No me gustan los números, ni los cálculos matemáticos (ni renales), ni coser -sí cantar-. Así que me quedan pocas opciones para expresarme. En suma, sin escribir sería muy amargada por tener que trabajar en oficios que detesto. Por otra parte, el acto de escribir completa mi identidad: Esa idea de Rimbaud, cuando hablaba de las “palabras de la tribu”. Estoy en casa.
GM: ¿Qué aviva la necesidad de escribir en ti?
SCh: Una palabra. Una historia. Un sentimiento. Un estado de ánimo. La soledad que necesito respirar. La fantasía de sentirme eterna, de sobrevivirme. De enamorar, de seducir, de mimar a un lector, o someterlo.
GM: Aparte de la lectura de literatura, ¿tienes gusto por otros temas?
SCh: Sí, me gusta la mística, la espiritualidad y sus misterios. Me gustan las imágenes, el arte, el diseño, la belleza.
GM: ¿Estás preparando otro libro? ¿Nos podrías adelantar algo?
SCh: Sí: una novelita hecha de relatos conexos y al mismo tiempo distantes culturalmente. Una sola ciudad lo aglutina todo: Amor, desamor, vida y muerte.
GM: ¿Qué es más difícil escribir, una novela, un guion o un poemario?
SCh: Un guion. No porque la escritura conlleve obstáculos y dificultades en sí misma. Sino porque un guion es apenas una herramienta provisoria de trabajo. Pero del trabajo de muchos, por tanto, debe copar las necesidades de mucha gente a la vez. Productores, directores, actores, fotógrafos, etc. Y como es una forma de sociedad de muchos, es casi inevitable que a esa escritura la manoseen muchos. (Y al final, una vez terminada una película, el guion va a la basura).
GM: Gracias querida Sonia por tu tiempo, por la amabilidad del compartir. Te deseo muchos éxitos con Carnet de identidad y con la novela por venir.
SCh: Gracias infinitas a ti, por tu sensibilidad y tu aprecio. Caracas/Santiago de Chile, enero/febrero 2023.