
Sonia Chocrón (Caracas, Venezuela 1961). Poeta y narradora. Guionista. Ha publicado en poesía: Hermana pequeña (2020), Editorial Eclepsidra. Bruxa (2019), Ediciones Kalathos-España. Mary Poppins y otros poemas (2015), Lugar Común Editores. Poesía Re-unida (2010), Bid & Co Editores. Fe de errantes. 17 poetas del mundo (2006), Otero Ediciones. La buena hora (2002), Monteávila Editores. Púrpura (1998), La Liebre Libre editores. Toledana (1992), Monteávila Editores. En novela: La dama oscura (2014), Ediciones B. Sábanas negras (2013), Ediciones B. Las mujeres de Houdini (2012), Editorial Bruguera. En cuento: Usted. (2021). El Taller Blanco Ediciones. Colombia. La virgen del baño turco y otros cuentos falaces (2008), Ediciones B. Falsas apariencias (2004), Editorial Alfaguara. Como poeta, participa invitada en festivales alrededor del mundo. Aparece en numerosas antologías poéticas y críticas en distintos idiomas. Publicada/traducida también en revistas académicas-poesía y narrativa- especializadas en literatura.
Selección de poemas del libro Carnet de Identidad (LP5 Editora, 2023)
Domingo en paz
Leo a los escritores de mi calle
que trabajan sin descanso
y recorren vertiginosos
el mundo impalpable con sus versos de papel
para atrapar moscas.
Y entonces pienso en mi vida simple y a veces buena,
en mi hogar de aromas repletos,
mi casa,
mi muro alto y tupido,
de mazapán,
y alguno que otro poema parido con dolor y placer
como el orgasmo de una virgen,
desde mi vientre desvelado y taciturno.
Pienso
en esta rutina diaria mía
sin luz eléctrica a veces o sin agua clara
sin ketchup
para una hamburguesa.
Sin antes ni después,
pero calmada.
Y me hablo: abandona, me digo.
Desiste ya y hazte ajena.
Que no tengas que esculpir mil aves Fénix
para que otros te viertan en su centrífuga
perpetua.
No te afanes.
Tú no eres de ellos, me aflijo a veces.
Tú no eres la carrera al vértice.
Te falta velocidad, entiéndelo, te falta avidez, empeño,
genio para ser mejor que los demás.
O para tener un alma
de sobra.
21 de marzo
Hay un día para hacerle reverencia a la poesía.
La celebramos como a una diosa anciana
y santa.
La deseamos.
Aunque sus versos no alcancen para salvar
a un moribundo de las pinzas del final.
No nutran a críos sin nombre
con sopas de letras.
Ni alejen al terror y sus ojos
contagiosos.
Pero un poema ve el otro lado de las cosas:
Paisajes dormidos del ánimo,
la muerte que se esconde en ciertos gestos,
relámpagos que encienden
el lado invisible de una idea.
O la discreta finitud del tiempo mismo.
La poesía hace eterno al amor mortal,
ruidoso y breve como el trueno.
Y mortal al amor eterno, pues
no hay tino sin algún yerro.
Esculpe con manos diestras
miedo y grandeza
de un solo bloque de piedra.
Y los convierte en esculturas marmóreas,
presas de sí.
¿Podré ser algún día el poema, o seré por siempre una sal
ciega,
como la mujer de Lot?
Vincent
Tengo tu oreja de plata
como recuerdo
encarnizado de un lance
amoroso.
La guardo todas las noches
en el ataúd congelado
del refrigerador.
Le hablo y me ignora
con la misma displicencia
con la que brillan tus estrellas.
(“Ella está loca pero es mágica. No hay mentira en su fuego”. Charles Bukowski)