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SILVIA CAROLINA MARTÍNEZ IGLESIAS: NARRATIVA ACTUAL DE CHILE

SILVIA CAROLINA MARTÍNEZ IGLESIAS (1980) Santiago – Chile Bibliotecóloga Licenciada en Ciencias de la Documentación titulada en la Universidad de Playa Ancha de las Ciencias de la Educación, abril 2006.

Gladys Mendía 1 año ago 52
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SILVIA CAROLINA MARTÍNEZ IGLESIAS (1980) Santiago – Chile

Bibliotecóloga Licenciada en Ciencias de la Documentación titulada en la Universidad de Playa Ancha de las Ciencias de la Educación, abril 2006. Postítulada de la Universidad de Chile en Semiótica con Mención en Semiótica del Arte, Sociosemiótica y Semiótica de la Cultura. En el año 2013 publica su primer libro de cuentos titulado “Amalgama”, editado por la editorial “La polla literaria” y la Revista literaria “El Pájaro verde”. En junio del 2016 publica “Divagaciones entretenidas desde el aburrimiento” con Ediciones periféricas, Valparaíso.

En su juventud participó en Talleres literarios con destacados escritores, como José Luis Rosasco, Alejandra Costamagna, Pablo Azócar y Mili Rodríguez Villouta.

Laboralmente ha ejercido la profesión en  dos Bibliotecas Públicas. Cuenta con experiencia en Gestión cultural, ya que trabajó  en variados proyectos culturales como “Bibliometro en verso” y “Bibliometro escribe al Bicentenario”, el último en conmemoración de los 200 años de Chile y ambos enfocados en el desarrollo de la promoción lectora para los usuarios de la Biblioteca.

Durante el año 2017 colaboró activamente en el Colectivo “Las perras románticas” participando en diferentes instancias culturales en Santiago y regiones.

Información de contacto:
Correo electrónico: bersata@yahoo.es
Twitter: @bersata1


Selección del libro de cuentos “El espíritu clama” (Sea Factum, 2021)


Yo no sé

Hace unos días había lluvia, un poco de lluvia, luego de la lluvia los perros corrían en las plazas, revoloteaban en el pasto, y jugaban, embarrados, mojados, sin tiempo, sin pensar, como animales que son ¿no?

Espero nada me quite esta inspiración que tengo hoy. La vida tiene sentido con otro. Te recuerdo en esa azarosa tarde de sol, donde te vi y todo cuadraba como un perfecto cuadro. Luego no te vi más y un día al entrar al metro vi a alguien igual a ti, igual a ti, y te miré, pero no eras tú, todos íbamos apretados en la línea cinco y yo te miraba y sabía que no eras tú, pero eras igual, no lo podía creer y te quería hablar y decirte: – ¿Eres tú?, ¿de verdad eres tú? Y el desconocido me miraba y yo le hablaba con los ojos que yo creo ya se me salían por la boca y no pude hablar, no fui capaz de hablar porque estábamos apretados y no fui capaz de hablar frente a tanta gente.

Mientras en las calles suena la música, la gente camina, algunos la oyen desde una experiencia distinta. Se me fue la idea, me voy, no puedo, luego mi cabeza vuelve a crear algo. Yo me iría a caminar a Copacabana, para luego tomar un vuelo a China, luego volver a la torre Eiffel, tomarme una linda foto ahí, escapar de países donde haya guerra, o conflictos políticos.

Iría otra vez a México, pero a otros lugares, caminar y llegar a casa de Frida, en Coyoacán, luego comer un taco de pollo, y volver a otro espacio, entrar y salir de hostales, subir y bajar de buses y metros, ver el tren, ver otro atardecer, ver desde donde se va el sol, no siempre es el mismo lugar.

Y caminar por lugares donde no entienda nada y donde el riesgo esté a cada rato. Prefiero imaginarte y recordarte en que alguna otra vez choquemos en esa esquina o pensar en que estoy en mi ventana y llegas de sorpresa y no puedo creer que pueda vivir eso otra vez.

Desconéctate

Mirando el San Cristóbal y fijando la vista en la Virgen, busqué entre mis cosas el celular, De seguro era la veinteava vez en el día que lo miraba.

Un hombre veía la hora en el reloj de la Escuela de Derecho de Pío Nono. Me gustó. Lo seguí pensando en que soltaría su IPhone y que el sonido del WhatsApp dejaría de sonar. El bombazo de las doce del Cerro Santa Lucía estalló justo a la hora. Me estremecí. Me distraje y perdí su pista. El ruido del cañonazo me hizo saltar de susto. Saltó mi cartera y mi billetera rodó hacia los pies de un hombre. Era él. Me entregó la billetera, mientras se movía escuchando música en Spotify, era ondero él, llevaba audífonos vistosos, jamás se desconectó. ¿Usas tinder? Me preguntó. No sé lo que es eso, le dije. Choque con un chico que andaba cazando pokemones. Perdí otra vez al chico que me gustaba en medio de la gente, me perdió él a mí en medio de la gente. No volví a hacer ningún otro intento para buscarlo. Él jamás se desconectó.