
Marialuz Albuja Bayas (Quito, Ecuador, 1972). Ha publicado los poemarios Las naranjas y el mar, Llevo de la luna un rayo, Paisaje de sal, La pendiente imposible, Detrás de la brisa y Doble filo. En novela ha publicado En caso emergencia (no) rompa el vidrio, Maura y Mi pe(o)rversión. En 2017, la Academia Hispanoamericana de Buenas Letras de Madrid le otorgó el premio Dámaso Alonso en la categoría Creación Literaria. En 2012 obtuvo mención de honor del premio César Dávila Andrade de poesía, y en 2008 ganó el premio Proyectos Literarios, otorgado por el Ministerio de Cultura del Ecuador. Dos veces, premio nacional de novela Darío Guevara Mayorga (2017 y 2019 respectivamente). Su más reciente libro de narrativa, Mi pe(o)rversión, fue seleccionado y publicado por el fondo editorial de la Universidad de las Artes.
Del libro Paisaje de sal, 2004.
Se llena la playa de peces.
Peces sin red
que acuden al llamado de una voz ya conocida.
Peces enormes, como espadas,
sobre el mar flotando a muerte.
Sobre aceite derramado
peces
peces.
Colina al final de la playa
el mar en tus riscos golpea los cuerpos que ayer olvidaron los pájaros.
Montículo herido
¿Quién bebe en tus manos de lodo?
¿Quién limpia tu sangre?
¿Quién besa los ojos de tus ahogados?
Señal inequívoca del ascenso
edificada sobre los ecos de la pendiente
sostienes ciudades
o restos de ellas
la sal te corroe la cara.
¿Quién viene en la noche a llevarse tus muertos?
Acuérdate a quién le arrancaste la voz.
Quiero ser tierra en este mundo que la niega
abandonar lo que no soy
dejar las alas.
Amo este cuerpo corruptible
su vejez que ha de llegar
el tierno aroma de la menta
el olor de la fruta podrida
el sueño amo
la vigilia
y el insomnio
los laberintos donde se esconde la duda
la breve línea que separa a la locura de la ensoñación
el placer
la enfermedad
la duda misma.
Soy de la tierra
Soy del mundo de los vivos
del rincón donde anidan las ratas
del árbol florecido en que aletea el colibrí
de un río muerto con petróleo derramado
del océano que refleja en las madrugadas el rostro de Dios.
Amo los años, sus regalos, sus miserias
la mirada de terror del moribundo
el sudor bajo la ropa
la sonrisa de quien viene agasajado en el amor
el vómito, la risa, los desaires, el absurdo
los colores, el instante, la obsesión.
Me gusta el viento aunque destroce lo que quiero
el frágil brillo que se traga el horizonte
un campo seco, florecido,
uno en escombros
la fuerza inmóvil de la lluvia
su silencio.
Abrazo todos los peligros y delicias de existir.
Soy de la tierra.
Me enamoro de su juego.