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BEATRIZ SAAVEDRA GASTÉLUM: POESÍA ACTUAL MEXICANA

Beatriz Saavedra Gastélum. Mexicana. Maestra en letras por la Universitat de Barcelona, España. Es escritora, investigadora, poeta, ensayista y académica. Doctorada en L.E. Codirectora de la Editorial Floricanto A.C. Autora

Gladys Mendía 2 años ago 50
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Beatriz Saavedra Gastélum. Mexicana. Maestra en letras por la Universitat de Barcelona, España. Es escritora, investigadora, poeta, ensayista y académica. Doctorada en L.E. Codirectora de la Editorial Floricanto A.C. Autora de 14 libros de poesía y un libro de ensayo. Dirige el Taller de Creación Literaria “Alicia Reyes” en la Capilla Alfonsina (INBAL), y es directora del ciclo de conferencias “La poética de la inteligencia” en el Museo de la Mujer (UNAM) y del Ciclo “Diálogos en Femenino con Alfonso Reyes” (INBAL). Directora del centro de estudios sobre la mujer en la Academia Nacional de Historia y Geografía UNAM y es directora del Festival internacional “La mujer en las letras” de la ANHG – UNAM. Coordina el programa de radio poéticas de la inteligencia en “mujeres a la tribuna” IMER. Recibió, entre otros, el Premio Coatlicue por la Coordinación Internacional de Mujeres en el Arte.

Selección de Gladys Mendía de Noche de polvo (LP5 Editora, 2022)

Vislumbre

1

Para mis brazos insistentes
un reptil escueto y una piedra.

Luz para el final,
única estación libre
para volverse aéreo.

¿Por qué territorio hundimos
el manar de las edades?

¿Ese viento verdinegro
en que se pierde la infancia?

Su rostro es sólo ruido
frente a nosotros
y no estamos.

Bitácora nocturna

1

Toque de queda
enfebrecido
para existir en las distintas aguas,
cambiar el embate del sol
donde muere el sello oscuro
en los contornos.

Recojo tu deseo
en la libertad del impulso multiforme
abierto
a la deriva,
en la gravitación hacedora de formas.

El propio vuelo
rompe la frontera
sostenida en los escapos
para mirarnos desnudos.

Acudo al artificio,
linde interior
que no alcanza a trabar la superficie.

Compongo el ojo vórtice
del confín a lo visible
en este discurrir demente
que corre por mis arterias.

Hoy olvido al universo,
soy la médula
todo lo incendio.

2

Devuelve siempre la pregunta
la ciudad sin prisa.

Migran a los espacios
verdaderos
raíces del mundo que no cambia.

En tierra suspendida
el instante es perpetuo.

Un poco de aire trastocado
fluir del tiempo
fruto en la piedra
que es latir exacto.

3

La misma inflexión crece de la noche,
grito de memoria
tiempo que escarpa
frente al espacio hendido en el espacio,
la ventana frecuenta las apariciones
de astro nocturno.

El resto es un manojo
de historias desconocidas.

4

La noche arroja el desencuentro,
mana del navismo
que ignora en su inocencia la palabra,
esa música que no entiendo.

Tirita desde la médula esta soledad
bañada en luz distinta.
Su lenguaje verdadero
es presente irreversible
en ignorado impulso dentro de mí.

¿Cuánto hace ya
que mi voz se escucha
en este profundo entonar de olvido?

Gotea a destiempo la substancia
sobre ojos acorazados de
animales dormidos.

5

El cauce confuso que el aire cambia
sobre los nombres íntimos
lleva al desdoblo los días.

Representa el hambre
o la ceguera,
la vértebra de un hombre
reducido a siglos.

El reflejo se afana al vértigo
de corriente análoga, inmóvil.

El culto se desvanece
al asombro inesperado, epílogo
que muestra la carnicería de huesos,
arquetipos de silencio o de naufragio.

Ahora semidioses,
agitamos el desfiladero.

6

El mismo cuerpo repetido
seduce el imperio
que agita en turbulencia.

Mira siempre el vacío
que sostiene a fuerza de razón
la orilla del aire.

No alcanza,
la intuición
es rostro anónimo
indispensable a mi existencia.

El misterio en el oído aparece
bajo el cielo pálido del habla.

Los sonidos esenciales
son astros que giran incesantemente.

7

Mesurarse
ante las extrañezas del mundo
para deformar en vano la locura.

Cada día retorna eternamente,
no hace falta
ni siquiera
ir más lejos.

Es el limo indescifrable
con que se juega a vivir.

8

¿En qué lento desafío se alimenta la tarde?
Tu silueta,
es trasfondo enhiesto que resuena
en mis pasos solitarios.

Aguarda paciente
el inclinar de la luz al encuentro,
la conciencia radiante,
atemporal
de tu apariencia provisoria.

Tu duermes
y el viento se levanta.

Tu yaces al altar.
Yo soy el camino de la sangre.

9

Desnudo tu cuerpo,
prófugo
en la inmovilidad de la noche detenida
ejecuta su potencia secreta
al recorrer de mis venas.

Todas las palabras
son certeza perdurable.

Se desnuda la aridez de mi conciencia
y sin permiso vuelve a ser yo mismo.

Solo es real el vacío,
la pregunta pregona la hora inesperada
en que sucede el instante.

Una sola dirección mortal
me guarda
la verdad.