
4 PREGUNTAS A IDA GRAMCKO
–De sus obras publicadas hasta la fecha, ¿cuál es la que estima más afín?
–Afín, ¿con quién, conmigo? Hay algo mío en todas ellas, por supuesto, pero lo auténticamente de uno es por mucho tiempo inalcanzable. Desde hace algún tiempo mi poesía ha cambiado totalmente. De la transparencia anterior, lograda o no, he pasado espontáneamente a una gran libertad. Es como si dijera que si antes buceaba en el cristal ahora me encuentro en el barro. Un día, el fango nos refleja. Un día, sin saber, inmolamos las hadas. Como el poeta y su ser pasan muchas etapas, lo afín será entonces lo definitivo y brillará en el día en que pueda totalmente encontrarme.
–“La dama y el oso”, teatralmente, nos parece una de sus comedias esenciales. Usted, como autora, ¿qué opina de ella?
–Me dieron un mito y me entusiasmó. Lo pensé, lo transfiguré, lo escribí… Eso es todo. De su logro, de su contenido, de su realidad literaria, de sus implicaciones, de lo que me empujó a hacerlo, no puedo decir nada. El poeta es consciente en su estructura, no en su impulso. Por lo tanto, no puedo hacer un juicio de mi obra.
–¿Qué prepara actualmente: poesía, teatro, ensayo, relato?…
–Ha surgido la poesía de nuevo. Como un grito, como una necesidad. Y la dejo surgir. Me he propuesto antes que nada, ser sincera, no tener miedo a mi propia palabra, sea buena o mala. Ultimamente me venía sintiendo artificial, como atada a una fórmula o a un enrarecimiento. Creo que estoy en una etapa de transición y que las transiciones, igual que las realizaciones futuras, tengo que respetarlas. Esta poesía, dentro de mi modo de ver, no carece de cierto equilibrio objetivo, quizás legado por los años de aprendizaje. Pero si careciera de él, no me importaría, ya que si ha surgido sin programas debe llevar a algo. Por ahora no me preocupan concepciones ni limitaciones. Quizás algún día vuelva a ellas, pero sin sentirme sometida. El libro que estoy preparando se titula: De la Voz. Del Diálogo. Del Canto. La Voz surge en el vacío, en el terror. Es como un odio tierno contra el caos. Y es lo que alivia. El silencio atento en que cae la Voz se convierte en regazo y se produce al fin el Diálogo. El Canto… ¡ah, falta mucho tiempo para el Canto!
–¿Cómo ve el teatro y la poesía venezolanos?
–Está en crecimiento. La obra más lograda, ami modo de ver, hecha en Venezuela, es “Intervalo”, de Elizabeth Schön. Creo que el movimiento teatral venezolano debe continuar su misión heroica, logrando cada vez más el acercamiento del público. En cuanto a la poesía, somos ricos. Hay poetas que me atraen por sus singulares y propios planteamientos: Vicente Gerbasi, Enriqueta Arvelo Larriva, Alfredo Silva Estrada, José Ramón Medina, Rafael Pineda, Elizabeth Schön, Roberto Guevara…
*Tomado del Boletín de la Biblioteca Nacional 4 y 5 (julio-agosto/septiembre-octubre, 1954).