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SOBRE DESTRUCCIÓN DEL TIEMPO. POR JOSÉ CABRERA ALVA

De detritos y devastaciones Wilver Moreno Tineo. Destrucción del tiempo. Lima: Hanan Harawi Editores, 2021. Las marcas, las señales de un texto, pueden darse a diverso nivel y actúan siempre

Gladys Mendía 2 años ago 35
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De detritos y devastaciones

Wilver Moreno Tineo. Destrucción del tiempo.

Lima: Hanan Harawi Editores, 2021.

Las marcas, las señales de un texto, pueden darse a diverso nivel y actúan siempre como huellas a partir de las cuales el lector o aquel que pretende esbozar ideas de dicho texto encontrará como rastros que le permitirán articularlo, descifrarlo, descubrirlo, develarlo, deconstruirlo o intentar acercarse a una de sus múltiples posibilidades. Si todo texto admite diversas lecturas, los rastros que encuentre aquel que se enfrente a él serán su punto de partida, parcial y con la siempre presente posibilidad de ser contradicho, renovado o reestructurado (somos conscientes de que la estabilidad cognoscitiva es imposible), pero punto de partida, al fin y al cabo. En el este texto, intentaremos aproximarnos a una lectura del libro de poesía Destrucción del tiempo de Wilver Moreno Tineo, a partir de ciertas marcas que iremos enumerando paulatinamente y a diverso nivel.

La primera marca articuladora en el texto es el título. El título general del libro de Wilver Moreno Tineo, Destrucción del tiempo, nos ofrece una polisemia que irá enriqueciéndose y a la vez develándose ante nosotros conforme vamos leyendo los poemas, y, aun más, nos ofrecerá señales adicionales en el título de cada una de las secciones. En una primera instancia se puede establecer una tensión/pulsión si pretendemos analizar las marcas que nos ofrece el título Destrucción del tiempo: por un lado, tenemos la evidencia de que el tiempo destruye, es decir, horada, desestabiliza, consume, por otro lado, podría pensarse que el yo poético pretenderá enfrentarse a esa condición desestabilizadora del tiempo, a esa perecibilidad, luchar contra ella.

Si observamos las marcas que nos ofrecen los títulos de cada una de las tres secciones, podemos apreciar que el poeta apela a una intensificación en el quiebre discursivo. La primera sección que, cabe recordarlo, conformó hace algunos años el primer poemario de Wilver Moreno Tineo se titula “Detritos” y “detrito” nos remite, siguiendo al DRAE, a “detritus” que es el “Resultado de la descomposición de una masa sólida en partículas.” Cabe decir que esto se aplica tanto a lo geológico como a lo orgánico. La segunda sección se titula “Grava sobre polvo” y “grava”, lo sabemos, es un conjunto de piedras lisas y pequeñas, si asumimos, además, que están sobre el polvo, podemos percibir que la horadación, el quiebre espacial se intensifica. Sobre todo, teniendo en cuenta que la última sección se titula “Devastación” y “devastación” es, siguiendo siempre al DRAE, “Acción y efecto de devastar”. Devastar es, a su vez, “destruir”, es decir, “reducir a pedazos o a cenizas.” Con lo cual resultará evidente que el poeta apunta hacia una descomposición discursiva cada vez mayor que, si regresamos al título general del libro, tiene la marca de la “destrucción”.

Otra marca importante a tomar en cuenta es que el poeta elige poner en la contraportada del libro, en vez de un comentario de otro autor, como suele ocurrir, uno de los poemas que lo conforman. Es una manera de hacer que el lector se acerque a su poesía, no desde el comentario ajeno, sino desde la propia lectura que, en ese sentido, se convierte en pórtico del libro. Dice, entre otras cosas, el poema, algo que resultará relevante para nuestro análisis: “Yo confío en mi piel.” Esto podría entrar en diálogo con algunos segmentos de la nota de contratapa del primer poemario de Wilver Moreno Tineo que ahora es la primera sección de este libro, Detritos. Esta nota de contratapa la escribió quien ahora firma esta reseña. Me gustaría citar solo dos breves extractos: “El cuerpo y la pluralidad de sus destellos —de la descomposición al laberinto del deseo y su ausencia— encienden en este poemario (…) un intenso contrapunto”. Y “la perecibilidad y su reverso, el (…) hechizo de la piel”. Cabe señalar, en ese sentido, que la marca textual del título de la primera sección del libro, que fuese publicado como poemario hace algunos años, es polisémica porque alude a la descomposición, como se ha señalado de lo sólido en partículas desde un punto de vista orgánico y geológico. Las siguientes marcas ofrecidas por los títulos de las otras secciones del libro incidirán más en lo geológico, pero no puede dejarse de lado que estarán impregnadas por la marca del título de la primera sección que, además, en algún momento fue el título del primer poemario de Wilver Moreno Tineo. Se puede establecer, de este modo, una correspondencia con el título general Destrucción del tiempo: el tiempo destruye lo orgánico y lo geológico, lo que existe en tanto ser viviente, pero a la vez su ser en el mundo, es decir el lugar que habita.

Existen diversas marcas biológicas en este libro. Las marcas biológicas en los poemas son, por ejemplo, las siguientes. En su relación con el tiempo: “la capacidad del tiempo de hacerse carne” (37). El cuerpo, en su conciencia temporal, es consciente de su contingencia: “Estoy tocando mis limitaciones” (37). La verdad misma es biológica: “las verdades intestinas” (46). El propio título del poema apunta a lo orgánico: “Baba nutriente”. Lo biológico es interno y externo. En este caso se incide en lo interno como plataforma para articular lo esencial: la baba nutre (interno), la verdad es intestina (también interno). En el poema que antecede “Viajante” y que, como ya hemos mencionado, sirve de pórtico en la contratapa, encontramos marcas biológicas externas: “Yo confío únicamente en mi piel” (45). Lo físico así podría ser en última instancia la única certeza. Esta afirmación nos hace pensar en José Watanabe. De otro lado, en ese sentido, el poema “Huesos” desde su propio título apunta a lo biológico antes señalado y dice: “Una conmoción de órganos en el espacio” (55). El ser viviente, desde la conmoción misma, percibe (construcción/desestructuración). Incluso desde el abismo propio de sí: “Ahora estoy al filo del abismo, lo estoy palpando” (32).

Eros y Tánatos, la pulsión de vida y la pulsión de muerte, articulan este poemario. Así, construcción/desestructuración, vida/perecibilidad, son constantes en este interesante libro. Como lo biológico mismo es nacimiento y muerte, también lo es el espacio que habita, surge y se destruye. La conciencia de la transitoriedad del yo poético es la conciencia del ser humano viviente. A su vez es una lucha por permanecer en ese tiempo que destruye, es tratar (parcialmente) de destruir ese paso del tiempo a través de la palabra. El lenguaje trasciende así la perecibilidad aunque se articule a partir de ella.

José Cabrera Alva

José Cabrera Alva

Nació en Lima, Perú, en 1971.

Egresado de Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue director de la revista de literatura Ajos & Zafiros. Ha publicado los poemarios El libro de los lugares vacíos (Dedo crítico, 1999), Canciones antiguas (Editorial San Marcos, 2004), Ombligo de ángel (Pájaro de Fuego, 2007) y Del mal amor (apuntes de la era de la violencia) (Pájaro de Fuego, 2016). Ha obtenido el Segundo Premio Adobe de Poesía, asimismo, ha sido finalista en el Premio Copé de Poesía 2003. Poemas suyos han sido publicados en diversas revistas especializadas y diarios del medio, así como en muestras antológicas, entre las que destacan la antología Poesía Perú S. XXI (Fundación Yacana, 2007) y la reunión poética bilingüe de Alemania y Perú Del Alpe y del Ande (Pájaro de Fuego, 2015). Ha traducido, además, a diversos poetas en lengua francesa y realizado estudios de Artes Plásticas en la Pontificia Universidad Católica del Perú y en el Centro Cultural de la Universidad Nacional Federico Villarreal.