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Cinco poemas de Juan Antonio Massone

Juan Antonio Massone (Santiago de Chile, 20 de junio, 1950). Autor de poemarios, ensayos, antologías, textos de estudio y bibliografías.
Sus libros de poemas son: Nos poblemos de muertos en el tiempo, Alguien hablará por mi silencio, Las horas en el tiempo, En voz alta, Las siete palabras, Poemas del amor joven, A raíz de estar despierto, Pedazos enteros, La pequeña eternidad, En el centro de tu nombre, Juntémonos ahora, Ventanas a la luz (Coautoría con Stefania Di Leo).

Gladys Mendía 2 años ago 146
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Juan Antonio Massone (Santiago de Chile, 20 de junio, 1950).
Autor de poemarios, ensayos, antologías, textos de estudio y bibliografías.
Sus libros de poemas son: Nos poblemos de muertos en el tiempo, Alguien hablará por mi silencio, Las horas en el tiempo, En voz alta, Las siete palabras, Poemas del amor joven, A raíz de estar despierto, Pedazos enteros, La pequeña eternidad, En el centro de tu nombre, Juntémonos ahora, Ventanas a la luz (Coautoría con Stefania Di Leo).
Algunos de sus poemas han sido traducidos al portugués, italiano, inglés, alemán y coreano.
Profesor de castellano y Magíster en Literatura, título y grado por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Miembro de Número de la Academia Chilena de la Lengua y Correspondiente de la Real Academia Española. Ha recibido galardones por su labor literaria, en Chile y en el extranjero. Entre los autores seleccionados por él, en antologías: Joaquín Alliende, Miguel Arteche, Manuel Bandeira, Alfonso Calderón, Óscar Castro, Humberto Díaz Casanueva, Fernando Durán Villarreal, Alonso de Ercilla, Juan Guzmán Cruchaga, Fray Luis de León, Gabriela Mistral, Poetas chilenos contemporáneos, Francisco de Quevedo, Roque Esteban Scarpa, Carlos Silva Vildósola, César Vallejo.
Su contribución literaria alcanza a 50 libros. Imparte docencia en la Universidad Andrés Bello. Cuenta con una vasta labor en medios de prensa nacional: diarios y revistas, en cuyas páginas ha colaborado con breves meditaciones y comentarios de libros. También es guía de talleres literarios y conferenciante. Es integrante de la Asociación de escritores ítalo-chilenos.

Girasoles de Ucrania

Enrojece el tiempo con delirio.
Un legado de muerte se aproxima.
Los girasoles salen al camino,
abierto el paso, el cielo pensativo.
Destino de la noche: amanecer.
No huyen el honor ni la pradera.
En vilo, el mundo entero en su hora
de prueba hasta el extremo.
Acaso un girasol, tal vez el vuelo
resistan mucho más y quede dicha,
en emblema de sol, el alma digna.

Buenos días

Buen día a todos, para todos,
a cada uno que lleve nombres
en el pecho de los ojos.
Buen día a quienes aceptan medirse
con la noche, la temerosa de memorias
de nunca acabar o la habitada de ánimas
olvidando victorias del tiempo.
Buen día también a la lombriz
que crea senderos bajo la tierra
y en la humedad congracia sus esperas,
mientras a esas horas cantan libres
los pájaros, saludan el alba e intocadas
quedan de sombras vespertinas.

Buen día tenga en mí lo inesperado
que el ánimo ignora aceptar serenamente
y solícito acude a la extrañeza que alisa
el rostro dormido de quien no nos pertenece más.
Buen día a quienes en sus voces
traslucen el modo más tierno de querer
una tierra y un acento de cielo.
Buen día quiero dar a las preguntas
que no sabré resolver, al esparcido
temor de la vejez, agazapado y sinuoso
en repetidas memorias de habla lenta.

Buen día tengan las fragancias que la tierra
libera de sus entrañas como manojo de alegrías.
Buen día a quienes piensan muy diferente:
al que confía como si nada fueran los años
y a quien el tiempo le advierte de cenizas.
Buen día a la música, la llave, la ventana
donde ampararse de abandonos y de esperas.
Buen día a quien parece sobrarle cada hora
de su jornada y de la noche desalada,
lo mismo al deseo de más allá
y no me dejes, que muero.

Buen día a Quien se ofrece a mí
en segura promesa que no deserta
en la hora de la calumnia,
ni en la tentación que habla muerte,
abandona mis huesos al exilio.
Buen día a todos, para todos,
me incluyo en este ahora, por supuesto,
ahora y en la hora de la luz,
ahora, cuando eterno es el momento.

Escribe Tú la página

La página está en blanco, por ahora,
y ya no puedes desoír cómo se destripa la historia.

El tercer verso quisiera untarse en el alba
de ese tercer día cuando murió la muerte.

Pero las jornadas con sus noches sobre Gaza
dejan miradas fijas, manos sin regreso.

La página queda salpicada de alaridos, desde ahora,
y si calláremos, hasta las piedras gritarían.

Atolondran cuervos encima de clamores;
y el “no matarás” se queda exánime y amargo.

Podrá disponerse otra vez una página en blanco,
menos la mirada inerte y el regreso mudo de las manos.

¿Qué puedo decirte, Yahvé, que tú no sepas?
¿Quién confesará tu nombre, Alá de la misericordia?
Padre, escribe Tú la página en un blanco sin muerte.

Nocturno bajo fuego

Parecen dormidas las nubes;
nada arrepiente el designio
de jornadas tenebrosas.
Un colibrí alienta al mundo.
Ya nunca más el mismo cielo.

Quizás de alborozo canten
los grillos en una sombra hogareña.
Malditos quienes siegan la infancia.
Es noche a mi lado y quién sabe.
Ya nunca más la misma tierra.


Aprendí a disparar, pero me muero

Un hombre joven, hecho soldado,
confidencia sus últimos momentos

Cuando los vi aparecer
Amé los temores de la infancia
Con aterrada complacencia.

Cuando los vi aparecer,
Se me sofocaron los recuerdos
Y el alma no fue capaz del cuerpo.

Cuando los vi aparecer
Recordé cada fiel presentimiento
Y se untó de vértigo la calma.

Cuando los vi aparecer
De nada me valieron Las arengas
Ni el diploma de manos del ministro.

Cuando lo vi aparecer
El ayer se mostró tan mentiroso
Que el amor ya no tuvo confidente.

Cuando los vi aparecer,
dispararon de la noche a la mañana.
Desde entonces me muero en esta página.