Kira Kariakin (Caracas, Venezuela 1966)
Es comunicadora social y editora. Es co-fundadora y organizadora del Jamming Poético. Ha publicado los poemarios Nuevos Arbitrios (Taller editorial El pez soluble, 2011), En medio del blanco (OT Editores, 2014), El sol de la ceguera (OT editores 2020). Entre las antologías y compilaciones donde están incluido poemas y relatos se encuentran: Escribir afuera: Cuentos de intemperies y querencias (Kálathos, 2021), Noch bleibt uns das Haus – Aún nos queda la casa (Hochroth Heidelberg, Alemania 2018), Resistir, Antología de poesía latinoamericana (Allpamanda y Écrits de Forges, Francia 2019), Nubes. Poesía hispanoamericana (Pre-textos, España 2019), Dossier Antología de poetas venezolanas (142 Revista Cultural, España 2019), Miradas y palabras sobre Caracas, para bien o para mal. (Una Sampablera por Caracas, Venezuela 2013), y en las plaquettes Mermelada para llevar 1 y 2 (Jamming poético, Venezuela 2011). Poemas, cuentos y crónicas de su autoría se encuentran en distintas publicaciones digitales. Poemas suyos han sido traducidos al inglés, francés, ruso, gallego y alemán. Lleva el blog k-minos desde el 2001. Co-editó las antologías: 102 poetas Jamming(OT editores, 2014), Cien mujeres contra la violencia de género (Fundavag, 2015), y El puente es la Palabra – Antología de poetas venezolanos en la diáspora (Cáritas de Venezuela, 2019).
Selección por Gladys Mendía de El Sol de la Ceguera (2020)
Son pocos los días
que nos salvan del desencanto
incluso los de cielo perfecto
en este valle preciso de hoy
la belleza es una aspiración fútil
la serenidad está destinada al fracaso
teníamos un acuerdo tácito
era farsa para incautos
amabilidad degradada
sobre la lasitud de lo inevitable
comida para aves de rapiña
anidadas en la decepción
y la ofensa sin equivocaciones
Al despertar pensé en la muerte.
Ayer también.
Y el día anterior.
No recuerdo la última vez en que no lo hice.
Hubo un tiempo en que los pensamientos eran otros,
pero ello es sólo una memoria renuente,
una nostalgia desganada.
La muerte es una respiración diaria,
en este país.
Una niña muere cada día,
en esta mujer verdugo.
Oculta en la luz de la casa
sufro el engaño
de la paz que fabrico
ensoñaciones que drogan e idiotizan
¿de qué sirve distraer los sentidos
encender la vela
emprender rituales
si al abrir la compuerta
ya no hay eufemismos?
no soy valiente ni fuerte
sólo terca en repararme
Tengo interrogantes para los milagros inútiles
de las sincronías
la mariposa y la pausa que hace en mi mano
cuando leo un poema sobre mariposas
la carta del amigo perdido
que llega cuando estoy pensando en él
la coincidencia de decir tú y yo lo mismo
al unísono en cualquier instante
la frase oportuna en el libro abierto al azar
que aleja el desaliento
la intuición de vestirme de negro
y al minuto recibir la noticia de una muerte
tuve sueños inconclusos
que no añaden nada al libro de mis días sueños que pude recordar
y luego fueron enigma irresoluto
las esfinges felinas
mirando en el cielo el eclipse temido
las paredes blancas de la casa
llena de pasillos y escaleras truncas
el mar esmeraldino en el que me sumerjo
y salgo cubierta de aceite dorado
el río oscuro de grafito
y las curiaras que giran en él sin rumbo
el gato atigrado con la herida en el anca
dentro de ella un ojo gris que me mira
yo que me observo desde otros ojos
y no veo sino
blanco
Con el sol rojo intuí una despedida.
No era sólo del día.
No habrá esperanza de mañana.
El futuro será́ una enfermedad incurable,
dolorosa y extenuante.
No hay cómo aliviarse del Apocalipsis.
El sol será nuestra muerte.
Soñé que me transformaba en una cicada.
Todos éramos una, al final.
De En medio del blanco (2014)
Tengo contrapuestos los saberes
las manos están desconcertadas
con tanta textura distinta
mi mirada rebota en el espejo
cercena convicciones
deseo vuelo
quemarme las alas
cenizas prendidas
cayendo de mi cielo
por un sol rabioso
quiero furia
la paz es falsa
anodina
cómoda
ardiendo
todo tiene sentido
cuando el fuego
trabaja sin pausa
y me consume
perenne
Mi día es denso
está lleno de adioses
porque la muerte
se asoma sin pausas
es un veneno
la savia de la hiedra del insomnio
la piedra en el corazón de mis miedos
huyo de ella
intentando ser solar
mientras retengo en mis manos
alientos
que me empujan
tajantes
y me curan
Las piezas calzan
inexactas
no soy perfecta
construirme
sólida
impecable
no es el punto
creo el rompecabezas
desarticulado
y me adivino
cada vez
Luego de comprobar
las ataduras
de consolidarlas
escapo
mis huidas
no esquivan nada
ni me alejan
huyo
por adicción
y por ello
sin resistencia
regreso
siempre
