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Tres poemas de Cristina Gálvez Martos

La poeta, traductora y docente venezolana Cristina Gálvez Martos nos entrega tres poemas.

Gladys Mendía 1 mes ago 37
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Cristina Gálvez Martos (Caracas, Venezuela, 1987). Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela. Ha publicado: Psicopompa (Monte Ávila Editores, 2015, poemario ganador del Concurso para Autores Inéditos 2013); Bicorne (Casa de las Letras Andrés Bello, 2016, mención honorífica en el VI Concurso Nacional de Poesía); Fauna de Cal (Casa de los Escritores del Uruguay, 2020, Premio Saúl Ibargoyen); Animal más oscuro (plaquette antológica digital, Fundarte, 2022). Actualmente reside en Caracas, donde se desepeña como docente y cursa una maestría en Inglés (UCV) como lengua extranjera.

Selección de poemas del libro Hermana amarga, pronto a ser publicado por LP5 Editora.


Fundación de la casa

Los labios para nombrar la casa se quiebran
como botijas en algún sitio que nadie sabe.
Yolanda Pantin

Las historias de mi abuela eran una cinta que extravió el viento
con ellas hago la argamasa y uno pajas
barro que trajo un animal entre las patas.

A esta casa la soplaré con aliento blanco
como un avión de papel que a veces vuela.

Yo estoy cansada de nombrar pérdidas
sus cimientos serán pétalos ligeros
echará raíz en el cantero de la luna.

La casa es un velero que cruza el Mar Caribe
la casa está en un árbol de un sueño en Guatemala
en la puerta tintinean tres plumas de Quetzal
la casa es mágica
adentro hay una bruja
que encomienda tareas, dueña de la lumbre
La casa tiene un muro de trinitarias moradas
se pierden los labios tratando de nombrarla

la casa es un manto de tejido finísimo
un bicho amarillo
una vocal de luz
que cabe entre los dedos.



Foto de familia

Los huesos son columnas calcáreas
portales giratorios.
Las hermanas
sentadas contiguamente en el sillón
con vestidos de encaje claro
sobre las pieles de negra madreperla
no miran al lente,
se miran entre sí;
años después dieron a luz
entre túneles de sangre,
criaron a los hijos como robles
guardaron heridas rubíes
en viejas latas de galletas.
— La sopa humeaba alta
la masa cedía noble
blancas flores carnales se abrieron sobre las bocas.
Y aunque hubo dolor, hubo vida-.
La familia es un racimo de frutas profundas,
una casa con habitaciones hasta el fondo
un pasillo de ida y de regreso
por donde no dejamos de pasar.



El fondo de la casa

Para empezar
tuve que sentirme muy sola.

La parte de atrás de la casa se llenó de azul,
y desapareciste.
Tuve que salir del vientre
pero, madre, tu tela rosa
se cernía sobre mí.

Qué haré con las palabras
no hay una en este cielo
en estos pájaros que corren
en la yema de fruta de mis dedos.

Cuando llegue el calor, qué haré con él.
Comeré hojas verdes, cuadros e imágenes
me comeré a mí misma por las noches
me nutriré de aromas y especias,
voces subterráneas
y cenizas de los que se fueron.

Ya casi cae la noche
el jazmín dice algo a través del viento
ya cae la noche
una sábana de trigo en los párpados.
Entraré a casa,
me rindo yo primero.