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MÓNICA GONZÁLEZ VELÁZQUEZ: POESÍA ACTUAL DE MÉXICO

MÓNICA GONZÁLEZ VELÁZQUEZ (Ciudad de México, 1973). Egresada de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (UNAM). A la par cursó el Diplomado de Creación Literaria en la Escuela de la

Gladys Mendía 4 años ago 61
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MÓNICA GONZÁLEZ VELÁZQUEZ (Ciudad de México, 1973). Egresada de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (UNAM). A la par cursó el Diplomado de Creación Literaria en la Escuela de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM). Editora y poeta. Han sido publicados sus poemarios: Tríptico de desamor (Fundación Cultural Trabajadores de Pascual y del Arte A.C., 2001), La luz y las sombras altas (Fósforo, 2006), Poesía reunida (miCielo ediciones, 2007), Las cosas últimas (Fridaura, 2008); Gran mal (miCielo ediciones, 2010) Glory box (miCielo ediciones, 2012), Las eternas rutas (Diablura editorial, 2013), El misterio de los mundos vulgares (Canapé ediciones, 2013), reedición de Glory box (El quirófano ediciones; Guayaquil, 2013), “Crónica de los días que ya no son”, Antología poética 2001-2015 (El quirófano ediciones, Guayaquil 2016) y “El ruido del Mundo” (miCielo ediciones, 2017). Poemas suyos, han sido incluidos en antologías de poesía en México, España, Nueva York y Argentina. Destaca su participación en La palabra transfigurada: cien años de poesía visual mexicana (Ediciones del Lirio, CONACULTA-INBA, 2014). Becada por la Agencia Internacional de Cooperación Española para un proyecto de investigación literaria (2010). Mención honorífica en los certámenes anuales de poesía Badajoz y Alicante (España, 2010) y finalista en el Premio Internacional de Poesía Visual, Badajoz 2015. En 2007 funda miCielo ediciones, un proyecto especializado en la publicación de poesía en formato de Libro-Objeto, desde entonces ha participado en encuentros editoriales, como expositora y conferenciante en España, México y Nueva York.

Selección por Gladys Mendía de Glory box (2012)

El inventario y la despedida

I
Miro el horizonte, desciendo. Un cielo rojizo tapiza la ciudad; tantas veces odiada–amada–odiada, y anhelo fugaz de quien jamás la haya caminado. En la periferia de esta fauce que engulle, mastica y digiere sin distinción; en lo más alto de la vida horizontal, habitan mis pertenencias: un libro a medio leer (entre el sueño, el ocaso y los turnos de espera), una vasta colección de síncopas intermitentes (voces y sonidos metálicos que dan vida al atardecer), una cama (donde a ciertas horas, los milagros son posibles y los pactos de paz han sido firmados, no hay hambre, enfermedad y los niños no son el blanco de ataques extremistas, y el que camina lo hace con el espíritu), una almohada (donde reposa la furia de tantos días de activismo combativo y el eco del grito libertario desde la selva), sábanas blancas (donde los ángeles copulan), una mesa con cuatro plazas, un lirio en su centro y espacio para compartir las viandas y el corazón; quien también consta en el inventario junto con un par de piernas que lo transportan y unas manos que lo entibian, un par de ojos que lo miran latir a pesar del horror y la sangre derramada –pero de eso estamos hechos principalmente: sangre, huesos, dolor– al lado del dolor habita la esperanza, un par de maletas, zapatos de viaje para la travesía y paisajes inimaginables en éste sitio donde los caminos bifurcan.

II
Ahora que por fin te vas, déjame al lado de la carretera y con la boca por delante. Déjame con el bestiario que habita en mis sueños y mis hombres y mis mujeres y mi máquina de olvido y mi historia de familia y mis cuerdas en los zapatos y mis errores y mis pocos aciertos y mi voz cortando el aire, cuando ya nada es suficiente y sólo me consuela el Blues. Déjame con mis afiches: Goya, Tapies, Bacón, Modigliani. Déjame con los vértigos de Miller y Gil de Biedma severamente enfermo, reposando en la mesilla de noche. Déjame con Luis Urbina: Llora y llora, con su amor como un pájaro loco, dando tumbos en la noche estrellada. Déjame con ansias, el piso alfombrado, los labios, el corazón apretado; mordiscos en la cavidad de la boca y unos labios blanquísimos sin nombre.

Pero sobre todas las cosas, déjame con mi dosis de realidad y un vaso de agua en la mano.

Buenos presagios

En forma de águila y con sigilo, llegaron los buenos presagios y se posaron sobre el tendedero, mientras una lavandera refregaba cuellos y calcetines, percudidos por la mugre y la cotidianidad necesaria en la superficie de las cosas; y luego revoloteaban extasiados por la luz parda de una pantalla china, allá donde se compran los remedios para casi todas las enfermedades que aquejan a la humanidad, en el callejón del Niño Perdido casi esquina con Eje Central; y más tarde, en la súbita convalecencia de una confusión de palabras, temblor de dedos, espalda arqueada y espuma escurriendo por las comisuras de unos labios blanquísimos sin nombre.

Y aunque parezca más difícil, en la máquina traga monedas y adentro de una burbuja transparente en un verso cuyas líneas sentencian: Estoy aquí, soy tu suerte.

También estaban los buenos presagios.

La vida como un pedazo de cable unido a la tierra

I
No me dirá, una sola palabra
apenas sus labios enmudezcan.

El brazo rígido, la cara pálida
me pierdo en sus pupilas de fuego.

Creerá que fue un sueño
todos sus recuerdos han desaparecido
su cuerpo lánguido gravita en la almohada.

Miro sangre correr por su boca
me ha contado que es caliente y espesa.

Trino de cuervos, su voz apenas reconocible
coros desesperados que los dedos tensados dirigen
alto clamor, percusión de contraltos
progresión melódica, ráfaga hasta el destello
tenacidad grave del arco y la lira.

volar, volar, VOLAR…
sobre un páramo que nunca existió
aciagos campos de luz en el hemisferio, donde sus sueños habitan.

Viaje insólito de mareas arremolinadas
surca sus orillas con el cuerpo plateado
en una danza prominente.

Sus días son altos precipicios de paredes blancas
donde el tiempo transcurre en citas semestrales
y la vida como un pedazo de cable
unido a la tierra que no le pertenece.

En la fulminante experiencia
navega sobre nubes de terciopelo
turquesa es el color sobre los párpados
vuelve de sí sobre pasos vacilantes
y lluvia intermitente en las entrañas
(sombra quieta, en el rellano de la escalera)

¿Quién en su nombre, contará la historia fragmentada?

Antes y después del gran mal
una vez más, la vida se escribe en la confusión de sus ojos.

Yo le ofrezco dulces de anís y amaranto
cuentos insólitos, cine de antaño
cante hondo, romero perfumado
y el brillo de todos mis astros.

II
Mi mano será su ancla
cuando las aguas desborden.

Mi voz será su guía
cuando emprenda el viaje de oscuridad y silencio.

Mi sombra será su sombra
cuando el sol no brille, ni cerca ni lejos.

Mis brazos serán los suyos
cuando las manos graviten.
Mis piernas serán las suyas
cuando huir quiera del espanto.

Mi nombre escuchará
cuando pierda el control
y el switch desate la electricidad en su espalda.

Y cuando la nube azul instale su reino
en días de aparente sosiego
mi cordura será la suya
cuando no entienda
que yo, soy su reflejo.