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Tres poemas de Valeria Michea

La poeta y traductora chilena residente en Bolivia Valeria Michea nos entrega tres poemas.

Gladys Mendía 5 meses ago 40
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Tres poemas de Valeria Michea

Valeria Michea (1990) Estudió Filosofía y Letras y Traducción. Ha desarrollado el oficio de enseñar inglés y traducir. Incursionó en la escritura literaria a través de talleres. Cursó el Diplomado de Escritura Creativa de la Universidad Privada de Santa Cruz (UPSA) y es integrante del Taller de poesía Llamarada Verde.

domingos

mi padre sintonizando canciones añejas

es un hombre delicado y de fino gusto
es un hombre pálido bajo la luz del desierto

si escuchas con atención detrás de la oscuridad
descubrirás la ternura de su búsqueda
la emergencia de su espera

cada domingo la espera es un almuerzo
que baja por nuestra garganta
arrastrando la pena

los ojos de mi padre
apretados como puño presto al golpe
y sus manos como mendrugos cuando acarician
me sientan bien

los domingos antes del encuentro
la gente enrolla sus palabras
detiene el viaje para que la lengua
sea sólo eso y ya no lenguaje
es decir ese sonido que emites cuando
pides la sal o la ensalada
o comienzas a preguntar
quién cocinó por qué todo es tan delicioso

la sonrisa de mi padre es un paraíso inventado
un país de nunca jamás con una colonia de fantasmas
asustados, sigilosos, incapaces de naturalizar la carcajada

los domingos el río parece adoptarnos
y la sonrisa de mi padre se vuelve cristalina
fingiendo ser algo más de lo que hemos vivido juntos

la comida hierve en en la mesa aun en verano
los límites de cada plato son avaros
y comienza el concierto de anécdotas estrellándose
en el aire unas contra otras todas juntas
formando una sola historia
las sonrisas de mi padre y sus antepasados
se funden en un grito

reímos ya como si la vida fuera verdad.


Poema de invierno

Fui luciérnaga
en la boca de un hombre
cuyas ideas iluminaron el mundo
sólo para dar cuenta
de que estoy aquí
pudiendo haber estado
en muchos otros sitios
sin haber salido jamás de mi pueblo
es decir de mis anhelos

tal vez nunca
debí comenzar a irme
con culpa
de todos los lugares

la historia es una sola

una mujer que era mi pueblo
se me aparece de noche
para contar historias
que no escucho y dice
me dice
mi primer dolor fue parirte
sabiendo que te quedabas a mi lado
y te ibas para siempre

nos abrazamos
lloramos como sólo lloran las madres con las hijas
o las huérfanas con el fantasma que se inventan
seguimos llorando
porque nos desvanecemos
pero yo la acompaño en pan y mendrugo
es que me he aferrado
a ella
como los hongos a la cortina de julio
el parque a la ventana
ella a mí
dos alma solas
solas en un pueblo

El instante del regreso a casa

recordaremos siempre
cada uno tendrá
su propia versión de la niñez
para unos será el infierno
para otros será una brisa de verano
para mí será el instante
del regreso a casa.

tener a alguien con quien tomar once,
alguien que se ocupe
de que un pan con mantequilla
endulce tus tripas

eso es la infancia

tener a alguien que te acorte los domingos
que te acerque la noche
para que los temores se alejen

alguien que vea una puerta
y sin temer lo que hay del otro lado
la abra para ti
te acompañe a atravesarla
aun en la absoluta incertidumbre.

la infancia es tener a alguien
que incluso en el infinito espacio blanco
de la memoria
siga siendo real y posible.