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Tres poemas de Marcelo Canavire Castillo

El poeta, arquitecto y docente universitario Marcelo Canavire Castilla nos entrega tres poemas.

Gladys Mendía 1 mes ago 129
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Marcelo Canavire Castillo (Sucre, Bolivia 1976)  Poeta, arquitecto y docente universitario, residente en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Formado en arquitectura en la Universidad Mayor de San Simón, cursó posgrados en Educación Superior y diversas especialidades técnicas. Graduado del Postgrado de Escritura Creativa de la Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra (UPSA). Forma parte del taller de poesía Llamarada Verde con quien publicó su libro “Timbal de piedra” edición Llamarada Verde – Bolivia y El otro Angel – Ecuador y ha realizado lecturas en festivales nacionales e internacionales, encuentros y espacios gestionados por diferentes colectivos poéticos de Bolivia.

Lapacho en flor

La mano de mi madre

suave

débil

me conduce

lentamente

bajo un lapacho blanco

y acaricia la arena

con sus pies desnudos.

Esperamos un bus

adornado como fiesta andina

ella me habla

con los dedos

presionándome el brazo

despidiéndose

con algarabía

en un trinar

sus pulmones

se llenan de aire

de albahaca

como nunca

en muchos años

y sonríe

silba

hay asientos libres

otros ocupados

por guitarras

cántaros y ajipas

abuelos de sombrero

tíos con bigote.

Sus dolores pesados

quedaron en la arena

por un instante

solamente

su alegría intensa

desbordó el lapacho

en mil pétalos blancos

y la estela de viento del bus

sin prisa

desdibujó su huella

y dispersó los pétalos.

El bus volverá

en tibia sombra

lo esperaré

se marcará la arena

de otra huella

se llenará el lapacho

de otro trino

antes de abordar.

En casa de los abuelos

Desordenado jardín

de latas oxidadas

austero con el rocío

ingrato con los colores

sediento

de pocas palabras

bostezas ante el sol

vuelves a dormir

cobijas misterios

enfrías sombras

nunca sonríes

pero obedeces

y creces a tu tiempo

te apagas

tiembla la mano

que te poda

te abres verde

a sus débiles suspiros

casi nada.

Viajar en diciembre

Todavía no amanece

todos murmullan

y se mueven

entran y salen

con maletas de cuero

palas, lonas y bidones

amarrados con yute

tiemblo de frio

miro por la ventana

empañada

congelada

distorsionada

canastas con pan

quesillo, charque y mote

envueltas en tela blanca

todavía hay murmullos

aunque nadie duerme

cada palabra

una estela de vapor

que no comprendo

el asiento de cuero

todavía frio

mi mamá se persigna

ora entre dientes

la miro aterrado

sé que vienen por mi

los truenos

los ríos que rompen piedras

montañas oscuras

los precipicios

neblina intensa

niños en medio de la nada

con los pómulos en sangre

pampas de Lequezana

Khuchu Ingenio

quebrada de Chaupiuno

bajar la cuesta de Sama

todo frío

todo oscuro

todo lodo

30 horas de silencio

que todavía temo soñar

y temo más

el viaje de retorno.