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ISABEL MATTA BAZÁN: POESÍA ACTUAL PERUANA

Fotografía por Winiber del Águila Isabel Matta Bazán (Lima, Perú, 1971) Es bachiller en Comunicación Social y licenciada en Educación por  la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es fotógrafa

Gladys Mendía 3 años ago 139
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Isabel Matta Bazán (Lima, Perú, 1971) Es bachiller en Comunicación Social y licenciada en Educación por  la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es fotógrafa y aficionada a las artes visuales. En la década de los noventa hasta el 2004 se dedicó al periodismo. Trabajó como redactora y reportera gráfica en el Suplemento Dominical del diario El Comercio. Asimismo   laboró en la Agencia ANDINA de Noticias  y en Canal N.  Fue facilitadora de español y cultura en el Cuerpo de Paz de la Embajada de los EEUU.  Actualmente se dedica enseñar español como lengua extranjera a personas sordas y a extranjeros. Empezó su trayectoria poética en el año 1989 y a comienzos de los 90 fue miembro del grupo  poético Neón.  En el 2015 fue incluida en la Antología poética 1990-2015 del movimiento cultural Neón titulada “La Hoguera Encadenada”. En el 2016 presentó su exposición fotográfica “La Belleza del Perú” en Gifu, Japón. Conduce el programa literario “Exilio del Verbo” que se emite vía Facebook. Es miembro del Liceo poético de Benidorm. Algunos de sus textos han sido recientemente publicados en  Tiberíades. com de la Red Iberoamericana de Poetas y Críticos Literarios Cristianos, asimismo en la revista Vallejo & Co. y en LUVINA publicación literaria de la Universidad de Guadalajara con motivo de la FIL 2021. Tiene publicados los poemarios: “Soledad Nuestra” (1999), “Reina Moribunda” (2005) y “Últimas Moradas” (2021).

S/T

Cuando el tiempo se me escapa
no entiendo si mi estado es la muerte,
la agonía o la palidez gravitante.
Son como cien años toreando
a mi peor enemigo con un pañuelo
bordado por manos milagrosas.

A veces me canso como hoy,
disecada
con caparazón y muebles encima.

(De “Reina Moribunda”)

S/T

A veces sueña en morir, otras en matar,
en ponerse boca abajo, boca adolorida
de náusea mínima, óleo seco, honor expuesto.

Esa mujer ha enloquecido al tiempo,
a los papeles de fax, a la herida de los leones.
No se alimenta de habas ni de arroz.
Con su boca apuntando al cielo aspira el hermetismo
que nace del techo frente a su imagen fantástica.

Esa mujer se deshace recostada sobre una mesa,
desnuda como un seno al viento,
de su cabeza brotan insectos, galaxias,
mas, quebrada toda, algo de ella perdura.

(De “Reina Moribunda”)

S/T

Cuando no soy río soy mar que besa el malecón.
Soy montaña donde no crecen los cactus.

Cuando no soy río bravo, intenso y feliz,
soy árbol olvidado en plena carretera.

Cuando no soy río de extensiones magníficas
soy la piedra que se sumerge sin sentir.
Porque el río es la constancia de la felicidad,
a veces rápido a veces lento
pero siempre caminando hacia delante.

Pero cuando no soy río, cuando no soy río
soy la casa donde se velan los difuntos
y no he de sonreír, ni mirar,
ni gritar al cielo, ni recibir los dones.

Entonces soy
la pluma que no se mece con el viento,
las piernas que se destrozan en un solo lugar.

(De “Reina Moribunda”)

S/T

Como un perro que de pronto amanece alado
persigo el hueso con menos esfuerzo que ayer.
Y de noche lo hago mejor porque los vecinos duermen.
Y en las cuevas sólo las piedras ciegas hablan lentamente
con esa boca que apenas se abre.

Las polillas bogong le tememos al sol,
nos seca las articulaciones cual bisagras de biombos chinos
atacadas por el óxido espeluznante que nos marca el tiempo.

Como ebrios trasnochados buscamos el osario entero.
Hacemos lo que sea por hallar el esqueleto completo.
Nos sumimos bajo las cuevas llenas de ecos, lechuzas y arañas.
Y nos odian porque lo destruimos todo con el pensamiento.
Obsesionadas por los capullos tejemos como locas
para no morir quietas como los gorriones en invierno.
Y tejemos y volamos y nos llenamos de placer sólo en la noche.

Esquizofrénico vuelo nocturno, medicina urgente, viento azul.

Otoño, no digas que nos viste, sólo déjanos volar al norte
cual cometas en miniatura que anhelan recalar en el llano.
Que nuestra apariencia de barro no asuste a las flores,
sólo déjanos hallar la poesía, nuestro hueso predilecto.

(De “Reina Moribunda”)

TIEMPO DE LA PARÁLISIS

Sobre la línea del tiempo la maquinaria funciona
arrastra pérdidas sustanciales y victorias fatuas
fatuos impulsos, veneno en las piezas superiores
soles desolados, silencios, sabiduría enterrada.
Funciona como las patas del minotauro herido
y el aceite se derrama y el ímpetu se vuelve piedra.
Piedra que medita sobre el tiempo de la parálisis
de los pasos no dados, de los engranajes secos.

(De “Últimas Moradas”)

SUBLIME CAOS

El sublime caos de sus elementos ordena la atmósfera,
otorga alma al fósil, a la madera madre de los bosques
y hace resplandecer el acto oscuro e inerte de las falanges.
Aleteo y palabra conviven en la estancia del amor
sutil armonía que da vida al suspiro exánime del fauno.
Matrimonio de carne y magia en esta jauría de enfermos y soledades
pantallas, teclados, horas y tráfico interminable.

(De “Últimas Moradas”)

EL AMOR Y LA MUERTE

Solo por hoy la serenidad es absoluta
y bajo el cielo despejado visito mis últimas moradas:
el amor y la muerte
la muerte y el amor.
Amo y muero
amo como la primera vez
infinita en lo finito
muero en la resurrección.
No hay más lugares para descansar
mis ojos exhaustos y amarillos.
Camino hacia mis vagones elegidos.
Mantengo el aleteo de plumas albas
sobre una ciudad despojada de luz.

El amor y la muerte al fin encienden la mirada del sol.

(De “Últimas Moradas”)

CONSULTORIO 7

Una araña estira sus extremidades para sostenerse en la ribera
la fuerza parece acabarse en sus delicados miembros
se pone a pensar si será capaz de soportar la ardua tarea de no morir.
El río Tambopata la traga con su exótica boca remolino.
Un pez furibundo se muerde a sí mismo, se hinca con sus propias espinas.
El arcoíris se ha manchado con la nocturna bruma de mis ojos.
El cuerpo de un arácnido flotando cerca de los botes
aprende el método para sobreponerse a la angustia
(como si una piedra pudiera transformarse en arena
en lacónicos segundos).

(Poema inédito)

VACUIDAD

Descubrir el dulce alivio de no ser nada
de ser como la hoja que cae, besa la tierra y se mimetiza
sin la pretensión de no ser, sin la pretensión de desaparecer.
Nada pesa menos que saberse solo un instante
sin la exigencia de ser diamante, ópalo o granate,
solo ser el gris terso de una piedra besada por el río
amada por las mariposas y el sol.

(Poema inédito)