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HUGO PATUTO: POESÍA ACTUAL DE ARGENTINA

HUGO PATUTO (Conesa, Argentina, 1961). Docente, poeta, escritor y conferencista. Ha publicado los poemarios Precioso ángel en llamas (1982), Orilla en la sangre (1989), El destino de la nube (1993), Como

Gladys Mendía 4 años ago 36
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HUGO PATUTO (Conesa, Argentina, 1961). Docente, poeta, escritor y conferencista. Ha publicado los poemarios Precioso ángel en llamas (1982), Orilla en la sangre (1989), El destino de la nube (1993), Como podría decirse del viento (2001), El tatuaje de las voces (2009), Algo tenemos con la lluvia (2016) y la antología Irrupción saludable del caos (2019); los relatos Acuario de sorpresas (1994) y Jauría y otros relatos (2012) y las novelas breves Nubia (2015) y Zoológico plegable y otros textos (2019). Fue distinguido, en 2018, con el premio honorífico «San Nicolás de Bari», que otorga la Asociación de Escritores Nicoleños en reconocimiento a su obra y trayectoria. Desde el año 1990 reside en la ciudad de Pergamino.

Selección de la antología Irrupción saludable del caos (El Taller Blanco Ediciones, Bogotá, 2019):

CONOZCO LA SALIDA, GEORGIE

Hay que desarmar la biblioteca del siglo

y pensar dos minutos en Babilonia.

Enseguida borrar los pasos de Chiclana,

de Nicanor Paredes, de Servando Cardoso

y poner luz en la garganta de Quiroga.

Con la memoria de Funes recuperar los caballos

que denotan al atardecer una fuga perpetua.

Celebrar en Ulises el amor prodigioso,

como si la máscara del amor nos condenara.

Sentir el hambre de la llanura en Acevedo

y los labios de Emma Zunz, vengativos.

Imaginar a Caín lejos de Abel, sin golpes.

Que Dios retorne como pájaro de sombra,

lloviendo secretamente varias lunas

en el gastado camino de los muertos.

Música, fuego y leones para inventar el vino

cerca de Heráclito, de Spinoza, de Whitman,

de Stevenson, de Poe, de Kipling.

A través del aleph espiar al unicornio herido.

Todavía jugar en Islandia con el mar de ceniza.

Conozco la salida, Georgie:

Mañana volaré a Ginebra.

A MI PADRE

Con la señal, con el agua, recibí la pregunta

en medio de tantas voces como legado,

y vi tu caminar vecino a mi huella

sobre la luz inextinguible de las cosas.

Dije «pan» y «hermano»

para tu vendaval de chispas.

Supe del viento a medida que los trenes pasaban,

del color de la uva en el brillo intermitente

por donde asomaba la siesta.

Quise dibujar una parábola con tus manos

y conseguí un sol de acetileno.

El destino ha probado la órbita doble

con esta piel, a orillas del sueño.

Y me pregunto qué fue de nosotros,

barro animal indeciso.

EL PÁNICO DEL CARACOL

Una evidencia clara donde nace la pregunta:

¿hay que seguir hipnotizado por el desvelo,

soñar con el apetito de quien reclama,

ir lentamente, pulso diminuto

al encuentro del oasis o la vergüenza,

hilando profecías, cantando bajo

mientras el humo sacude

y la tierra olvida los ojos del niño,

pan que se ahoga como un espejo,

dudar sobre mi ruta

sin explosiones, sin heridas

allí donde lo humano crece?

SONRÍE DORITA EN LA PUERTA DE CASA

Tengo para mí que la magia sucede

como un recorte –niños que vuelan-

y lo sostenido ya transforma

un diálogo de pinos en la tarde.

Busco la dimensión del fruto

ahora que la siesta

brilla sin olor a mandarina

y tus manos deciden.

¿Sonríe Dorita en la puerta de casa?

¿Llena de música el secreto?

¿Vuelve a nombrarnos?

¿Hay sol para jugar todavía?