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ANA SEGOVIA CAMELO: POESÍA ACTUAL DE MÉXICO

Ana Segovia Camelo, nació en la Ciudad de México en 1957. Obtuvo la licenciatura en filosofía en la Facultad de Filosofía de la UNAM. Fue profesora de filosofía en la

Gladys Mendía 3 años ago 78
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Ana Segovia Camelo, nació en la Ciudad de México en 1957. Obtuvo la licenciatura en filosofía en la Facultad de Filosofía de la UNAM. Fue profesora de filosofía en la Universidad de Guanajuato y en el Instituto de Artes Plásticas de Taxco, Guerrero, donde posteriormente estudió joyería. Ha desempeñado actividades académico administrativas en la UNAM y realizado trabajo editorial en la SEP, Conaculta, UNAM, UAM, Santillana, en la ENAH y el IPN. También cursó estudios como orientadora humanista y psicoterapeuta gestalt en el Instituto Humanista de Psicoterapia Gestalt. En abril de 2011, publicó su primer libro de poesía, El Dorado; en 2018, Por si no lo sabías, en un libro dual junto con de Abraham Téllez España (Los zurcidos invisibles), y en 2021 un cuento en la reunión de cuentos Polifónica realizada por Abraham Téllez España.

De El Dorado (Ediciones Fósforo, México, 2011)

Monte Albán

Un inmenso laurel lo anuncia
su sombra neutraliza los dilemas humanos
sólo se escuchan los suaves rumores de las hojas
y el crepitar de la selva

Sus pirámides anhelan ser montañas
y las piedras exigen que se pronuncien los espacios

Existe la certeza de que son varios los dioses
que habitan las ruinas
que bailan y sonríen en las estelas
a la manera de los animados frisos griegos

¿Qué sucedió aquí
que Huitzilopochtli no ejerce su terror
el dios de la guerra no guarda estos caminos
y los heroicos hombres tigres y águilas no llevan armas?

¿Qué tuvo que pasar aquí
para que las piedras sacrificales se encuentren olvidadas
y Tezcatlipoca desistiera?

En este lugar no importan los cráneos,
y el Mictlán
y la Coatlicue
sueñan

Algo sucede aquí

Los tableros palpitan al sol
y las grecas zigzagueantes relampaguean
como destellos de Zeus sobre la piedra

Los danzantes zapotecas bailan
sus sonrisas ofrecen ambrosía
y siglos de gracia

El espíritu del jaguar
minotauro en Knosos
pacífico vigila
los intrincados misterios de la historia

Se domina el valle
como desde la Acrópolis el mar
los templos dialogan con el cielo
y un clamor de paz
invita a quedarse

En la cima
un delicado viento rozará tus mejillas
fortalecerá tu columna
tonificará cada uno de tus músculos
y tu sangre

El alma entera se anima
se reorganiza
y se echa a andar
renovada

La pasta

Me vuelve loca la pasta
me enloquece, me trastorna

No soy una experta
pero la pasta es mi vocación
una adicción que procuro
porque sí, porque se me da la gana

Me recuerda los portales de la casa de mi abuela
el olor a salsa de tomate
siempre en el corredor
Abuela, muero de hambre

En mi casa yo cocino pasta
sólo los días de fiesta
y reinvento una receta milenaria

En Grecia, recolectaba en mis paseos
ramilletes de orégano
agregaba queso y limón
y unas dracmas de yaurti,
muy a la griega

Probé en mi ruta pasta italiana
un deleite inacabable

Entre la belleza de Venecia y Florencia
regresaba a los altos corredores de mi casa

Sin embargo, a golpes de calor
retorno a Atenas
allí su aliento me transporta a Culiacán
la cuna blanca de mi niñez
la del Humaya y el Tamazula
a esas calles tan secas de Sinaloa
al silencio inhóspito de la siesta
donde los muros preguntan dónde has estado

Aquí los gatos griegos rodean los recuerdos
y los ojos que te miran como extranjera
parecen adivinar tu apetito
¿Qué preguntan las máscaras helenas?
¿quieren saber de mi alma y de tan lejos?

Oigo aquí y allá el mismo tono gritón
el ímpetu teatral, las risotadas
el desparpajo de los clásicos

Abuela, muero de hambre

Atenta de nuevo
al sonido de los coturnos sobre el estrado
a la insistencia del oleaje mediterráneo
a las puestas de sol entre columnas
me enceguece el azul y el blanco

Acudo al oráculo una vez más:
Culiacán, allí perteneces
sol de cenit, exuberancia incontenible
naranjitas, lichis y arrayanes
palmeras relumbrantes, zanates en vuelo
pasos, tacones, cascos de caballos
palmadas en espaldas y potentes voces masculinas
agua fresca de cebada y tamarindo
y las carcajadas de suaves venganzas
de las diosas femeninas de mi casa

Vuelvo
al aroma de una sola de tus especias
y estoy en casa

De Por si no lo sabías (Lunaria Ediciones, México, 2018)

Otra paternidad


A mi padre

A punto de manar todas las lágrimas
salgo transida hacia el centro del jardín abierto
frescor en la cara
humedad en mis pies
y soplo de montaña en mis pulmones

Todo el día está aquí naciendo ahora
alargo mis dedos para tocar su joven luz
sin embargo es él quien me traspasa a mí

Un chistido casi anulado por el recato matutino
me hace buscar el cielo
y un ojo incisivo de ave
destella al pasar

¿Me estás llamando tú, padre?

Alrededor resaltan frondas verde oscuro
apostadas en sus pardos troncos mudos
se dan cuenta de que he cruzado
donde sin mención, padre,
puedo nombrarte

La mañana avanza
acampando luz por todas partes
como si fuera tu misma voluntad
de ir plasmándome los besos
que jamás podrás volver a darme

Me recuesto en un árbol
y se desprenden hojas que acarician mi pelo
inhalo vehemente unos pétalos azules
y una sola gota de rocío sacia toda mi sed

En ti pienso…
hace poco con tu interés aún vivo,
pero a unos centímetros de mis ojos
dos mariposas amarillas se persiguen
y en su tregua se posan en mis hombros

¿Quieres consolarme, padre?

Sobre una piedra me hago sitio
y palpo latidos en su centro
descubro ahora más poderoso el intento de la rana
que su inusitado salto,
más sustancia en el pan horneándose
que ya cocido
y en el sutil pasar de la hoja de un libro,
exquisito aire abanicado

Padre, veo la luna plateada todavía en el cielo
y como ella, siento que continúas cumpliéndote
en otra nueva vida de esta vida
a un ritmo que desarma el tiempo
bogando en la promesa de un arroyo cristalino
resguardándote en la ilusoria sombra del día
o rastreando espacios de aire iluminado

Traigo un sentimiento, padre
de que fuiste más que palabra, aliento
más anhelo… que cualquier acto
más libertad… que cuidados
más humor ingenioso… que dinero
más fragancia… que la hermosa rosa
más confianza… que dilemas
y más que compañía, afecto.

Un sentimiento de que tampoco eras un cuerpo
que me amaste en momentos furtivos
reclamos perdidos
consejos guardados
esperando un día enumerarlos ante mí

Pero hoy has ejercido otra poesía
que igual que tus versos
no termina nunca de callar nada
pues también procura afianzar
tu primigenio lazo de amor

No más orfandad, padre
queda en mí refrendado
tu sentimiento.

Caminos del amor

Adivinarte a ti
(desdibujarme)

Del árbol, yo tomaba tus manzanas
sólo algunas mías fueron tuyas
(nos indigestamos)

Curiosear en ti
(relegarme)

Me puse en tus zapatos
y tú no cabías en los míos
(yo tropezaba
tú te detenías)

Así perdimos el camino.

Receta de cocina


1
Toma un día
pártelo en cuatro
añádele un poco de agua

Úntale un amarillo canario
y pon a remojar dos tempestades

2
Toma entre tus dedos dos tristezas redondas
y machácalas en el mortero
hasta que suelten todas sus lágrimas

3
En la licuadora, vierte el jugo de la ira
y ve agregando las raíces del resentimiento
tres tubérculos de odio
y cuatro ramas de sarcasmo
Licúalos

4
En una tablita pica una cabeza de ilusiones
aplana cuatro lonjas de la pequeña desidia
y sácale las semillas a tres sonrisas

5
Pon a hervir en una cacerola las dos tempestades que remojaste
échale las lágrimas del mortero
la papilla que licuaste
y todo lo demás de la tablita

Cuando eche el primer hervor retíralo
y decide si lo quieres dulce o salado

Te recomiendo la miel
pues la sal te amargará todo el día.