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CONVERSACIÓN CON RAQUEL ABEND VAN DALEN

FOTO POR VIOLETTE BULE Raquel Abend van Dalen (Caracas, 1989). Magíster en Escritura Creativa en Español por la New York University. Autora de los poemarios: La beata de las locas

Gladys Mendía 4 años ago 79
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Raquel Abend van Dalen (Caracas, 1989). Magíster en Escritura Creativa en Español por la New York University. Autora de los poemarios: La beata de las locas (Madrid, Entropía Ediciones, 2019), Una trinitaria encendida (Nueva York, Sudaquia Editores, 2018), Sobre las fábricas (Nueva York, Sudaquia Editores, 2014) y Lengua Mundana (Bogotá, Común Presencia Editores, 2012); de las novelas Cuarto Azul (Madrid, Kalathos Ediciones, 2017), Andor (Caracas, Bid&Co.Editor, 2013; Miami, SubUrbano Ediciones, 2017), y coautora del libro Los días pasan y las formas regresan (Caracas, Bid&Co. Editor, 2013). En el 2016 fue escritora residente en el programa para artistas en Camac Centre D’art, Marnay-sur-Seine, Francia. Actualmente es doctoranda del Ph.D en Escritura Creativa en Español de la Universidad de Houston. http://raquelabendvandalen.com/

Por Gladys Mendía
Junio, 2020

GM Raquel, has publicado dos novelas: Andor (2013/2017) y Cuarto azul (2017). También algunos cuentos sueltos en internet. ¿Cómo y por qué empezaste a narrar? ¿Cómo se relacionan tus libros de narrativa entre sí?

RA En mi infancia sufría de una curiosidad compulsiva. Todo me lo preguntaba y cuando no obtenía respuestas, me inventaba las explicaciones. Luego esas explicaciones las contaba a los demás como si fueran reales y así iba elaborando historias. Sin darme cuenta, iba rellenando mi vida con mucha ficción que eventualmente pude canalizar a través de la escritura. Primero comencé a escribir y luego a leer. Eso influyó mi proceso de trabajo, porque lo invirtió, lo puso al revés. Comencé a ser escritora estando de cabeza y me tomó un tiempo ponerme al día con la lectura. Era esa Alicia cayendo por la madriguera a un mundo fantástico, casi por accidente, y sin entender las reglas. Ya había comenzado a escribir Andor a los diecinueve años, cuando finalmente me apasioné por la lectura. Lo que pasa es que, hasta el momento, mi contacto con lo literario había sido sobre todo con novelas venezolanas históricas por las que no sentía ningún tipo de interés y eso me alejó. Tuve que bucear mucho hasta encontrar lecturas que me produjeran deseo, que me movieran el piso, que sacudieran mi mundo y me empujaran a crear los míos. Años después de escribir Andor, ese hotel al que se accede por el portal de la muerte, donde se mezclan los universos de la ciencia ficción, lo burocrático y lo absurdo, escribí Cuarto azul. Una novela corta, completamente distinta, ambientada en Europa del Este, cuya protagonista es una mujer que lo pierde todo, que se ve arrastrada por el amor incestuoso y termina por aferrarse a lo místico para no morir. Aunque ambas novelas son muy diferentes, puedes encontrar en ellas mis obsesiones: el amor no correspondido, la religión, el deseo, la pérdida y los hoteles. Que luego continúan en los cuentos/cuartos de La señora Varsovia.

GM Estás publicando tu primer volumen de cuentos titulado La señora Varsovia.

¿Cómo surge este libro? Y ¿Cómo fue el proceso de escritura de los cuentos?

RA El proceso de escritura de este libro es más parecido al de mis poemarios que al de mis novelas. Cuando yo comienzo una novela, no la dejo hasta terminarla. En cambio, la brevedad del poema y del cuento, me permite entrar y salir de esos mundos más fácilmente. La señora Varsovia compila textos que, en su mayoría, escribí por invitaciones para participar en antologías. Es posible que no los hubiera escrito si no me los hubieran pedido, porque el cuento no es un género que se me imponga. No lo busco, ni me busca a mí. A diferencia de la novela y la poesía, que siempre están encima, fastidiándome la oreja. Lo que más me interesa de este libro es que es la primera vez que trabajo lo homoerótico en la narrativa. El libro comienza en un bar de lesbianas de Caracas y termina con una pareja gay en un motel de Texas.

GM La portada es un dibujo de tu padre, un gran arquitecto y artista. Háblanos de esto.

RA Mi relación con el arte es tan cercana como con la literatura. Para mí es importante mantener un diálogo contante entre ambos mundos. Justo ahora estoy cursando mi PhD en Escritura Creativa paralelo a una maestría en Historia del Arte en la Universidad de Houston. El retrato que está en la portada lo dibujó mi papá en los años 90. Es una cara que llevo viendo desde hace décadas y que siempre me pareció muy intrigante. Hay algo en la mirada de esa mujer que siento que también tienen las mujeres de mis cuentos. Además, mi papá es un contador de cuentos innato. Estoy segura de que si no fuera artista, sería un gran escritor. Tener su obra en la portada es una forma de acompañarnos en ese borde donde el arte y la escritura son lo mismo.

GM Sabemos que la difusión de la literatura venezolana está un poco atascada por varias razones. En el caso de las narradoras venezolanas, ¿qué has reflexionado al respecto?

RA Es un tema muy complejo, que no ha sido suficientemente analizado. El principal problema es que en Venezuela se sobrevive, entonces cualquier tema que no sea comida, agua, electricidad, migración o seguridad, lamentablemente está al final de la lista de prioridades. En Venezuela parece casi banal hablar de problemáticas importantísimas como el feminicidio, la homofobia, el racismo y la misoginia, por ejemplo. Somos una sociedad que sigue regida por el patriarcado y esto no es distinto dentro del mundo literario. Más bien, nuestro pequeño mundo literario también refleja las mismas dinámicas en las que las narradoras y poetas están fuera del canon, fuera de la tradición literaria que se enseña en colegios y universidades, fuera incluso de las ventas en las librerías, fuera de los premios y los jurados. Por cada tantos hombres, quizá se incorpore a una mujer, quizá. A ver, sé que esto no es un problema nacional sino universal. Todavía hay que hacer “antologías de poetas mujeres”, “talleres de escritoras mujeres”, “premios para mujeres”, para tratar de abrir algún tipo de espacio, a los codazos, para recordar nuestra existencia. El peor síntoma es que se toma esto como “lo normal”. Sigue siendo la norma la aparición de antologías que solo incorporan a escritores hombres o editoriales que solo publican a hombres. Sigue siendo la norma que un artículo de periódico que supuestamente quiere documentar e informar solo mencione a narradores hombres. Sigue siendo la norma que cuando entrevistan a un escritor solo menciona a otros escritores hombres como sus grandes influencias. En Venezuela, pareciera que por cada treinta años, alguna escritora resalta. Pero detrás de ella, hay tantas narradoras y poetas de una fuerza, un trabajo único con el lenguaje, una sensibilidad radical que ni siquiera he encontrado en el exterior. Nuestras poetas son un lujo y ni siquiera les hemos prestado atención como país, no las hemos apoyado, no las hemos investigado. La crisis nos ha vuelto una población desganada, cansada, deprimida, insatisfecha, decepcionada, que apenas tiene energía para sobrevivir. Igual no todo está perdido. Sí hay académicos, dentro y fuera del país, que siguen dedicando su tiempo a leer y escribir sobre esto. Es un porcentaje muy bajo, pero creo que mi generación tiene más consciencia que la anterior. Vivo en Houston, entonces estoy más al tanto de lo que están haciendo mis contemporáneos en Estados Unidos, en relación con otros países, y sé que en varios departamentos universitarios están escribiendo de Venezuela desde la literatura, desde la filosofía y la historia, desde el arte. Pienso, por ejemplo, en Irina Troconis en Cornell, Oriette D´Angelo en Iowa, Adalber Salas Hernández en NYU, Alejandro Arturo Martínez y Javier Guerrero en Princeton, Elvira Blanco en Columbia y Ricardo Abend van Dalen en Temple, por mencionar algunos. También hay de otras generaciones, como Nadia Saavedra en Worcester y Miguel Gomes en la Universidad de Connecticut.

https://lp5.cl/?p=2117
En este enlace encontrarás La señora Varsovia en PDF descargable