CRISTINA GÁLVEZ MARTOS (Caracas, Venezuela, 1987). Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela. En 2013 ganó el Concurso para Autores Inéditos de Monte Ávila Editores en la categoría de poesía con su obra Psicopompa. Su poemario Bicorne obtuvo una mención en el VI Concurso Nacional de Poesía. Se ha desempañado como tallerista de escritura creativa, apreciación poética y redacción. Ha participado en diversas antologías poéticas, editadas en Reino Unido, Puerto Rico, Italia, Argentina y Venezuela. Actualmente colabora con portales culturales como Liberoamérica y Clave de Libros. Desde 2015 reside en Montevideo, donde realizó un diplomado en Gestión Cultural. Recientemente, obtuvo el segundo lugar en el Concurso de Narrativa de la Asociación Uruguaya de Escritores, con su cuento “El niño del agua”; así como el primer lugar en el premio de poesía Saúl Ibargoyen, organizado por Casa de los Escritores del Uruguay.
Selección por Gladys Mendía
Travesía
Descubriré una huella de pie grande en la arena
una estrella desprendida y un colibrí dormido,
aprenderé una nueva álgebra
algo que no conocía encenderá mi lámpara.
Y te guardaré con ternura, papá, en la cálida habitación de mi pecho
y destrancaré ese río contenido y amargo.
Escribiré en jeroglíficos el nombre de mi hermano
caído en su avioneta una madrugada de agosto.
Mi hermano que no encontraron en el mar
que no volví a encontrar, más allá de esa voz desgarrada que me anunció su muerte.
Ese día maldije y conjuré un sol negro
y me abrió una raja, el ala de ese ángel de metal
que los habitantes de La Guaira vieron surcar el cielo como un fuego fatuo.
Leeré Juan Salvador Gaviota para recordarlo a él
— Capitán Nelson Bejarano, grande como sus sueños—
porque Richard Bach también era piloto
y Juan Salvador amaba volar
aunque la muerte fuese un riesgo inherente a la libertad.
Encontraré vivos los huesos de mi madre
toda ojos, la encontraré viva y sonriente
después del sufrimiento.
Hallaré de nuevo mis objetos
mi viejo olor, los duendes de la biblioteca
el espejo y la ropa colgada
mi propia forma escurrida,
como una piel de vieja serpiente.
Recordaré los poemas de mi infancia
palabra tras palabra, aprenderé nuevos poemas
elevaré cada sílaba como brillantes gránulos,
la canción de la luna será roja e inocente.
Miraré a quien besó la piedra del hambre
nunca habrá estado la calle más sucia
ni nosotros más simples y valientes.
A Ítaca se llega cuando el deseo es demasiado grande
Aunque Ítaca esté en llamas, aunque Ítaca esté ya medio muerta.
Animal que sueña
Afuera, la calle está sola, las aceras brillan, húmedas,
reflejan pequeños soles de la noche.
Hace frío.
Un grupo de mendigos levantó un campamento en la esquina,
con sacos de dormir, cartones, cobijas.
Hace rato bebían, fumaban, hablaban
a los gritos, lunáticos, señalando el cielo.
Ahora posiblemente duerman.
La gata gris se estira y encoge, en medio
de su sueño. Tensa las patitas enguantadas de blanco,
el vientre redondo, también blanco, se eleva y desciende.
Contemplo su inocencia en la esquina de la cama,
una sensación cálida. Al menos ella tiene resguardo.
Mis propios sueños me asedian desde el techo
de la habitación. Descenderán cuando cierre los ojos.
Qué traerán hoy: escenarios psicodélicos, fuegos encendidos,
la visión callada de mi padre, a mi costado.
Animales de poder que me acompañen en la travesía
angustiante, por esa playa nocturna —la arena blanquísima,
el agua encendida de turquesa —.
Cuando despierte, los iré perdiendo: un jirón de
sueño quedará entre las sábanas; al entrar al baño y
lavar mi cara, se irán las imágenes junto al agua.
Iré dejando fragmentos en la cocina, entre las tazas,
vasos, las galletas del desayuno.
El café inyectará mi sangre para hacer frente al día,
y el último sueño será una pelusa caída en una esquina.
El mundo vibra al tempo de nuestra sombra,
una composición colectiva,
saco de luz que se expande y retrae,
animal que sueña.
Hay notas tristes, notas serenas como gotas de ámbar,
notas alegres como hojas de hierba;
notas oscuras, clavando sus raíces en el cemento.
El sueño es nuestra amalgama, el líquido amniótico
de mendigos, niños y madres, obreros y empresarios
animales árboles.
Late su gran corazón,
una misma máquina infinita.
Cabeza de diamante
Bajé a la rosa de mi corazón y allí había una serpiente negra.
Ella contó la historia antes de mi nacimiento
y me mostró algo que he llevado siempre
Llamémosle Cruz Miedo o Fantasma.
La serpiente negra cabeza-de-diamante me preguntó por mi poder:
¿Qué has hecho con él y dónde lo guardaste?
Fue cuando supe que nada he entendido del Amor.
Miramos algunas imágenes: yo era una niña en una casa vacía,
siempre pensaron en mí como un recipiente donde verter
y no como un cántaro que ya venía lleno.
Muchos consejos y pocas preguntas.
Entonces, yo pensé que las partes de mí misma estaban afuera
que yo debía identificarlas y juntarlas
como Isis juntó las partes de Osiris derramadas.
¿Qué hay de todo esto que pueda ser mío?
Así fue como perdí un sentido parecido al olfato.
Cada quien tiene una forma particular de herir y ser herido
he ahí nuestro acertijo.
¿Cómo se hace eso de encontrar un espejo y aparearte con él?
No me dejaron siquiera inventarlo o descubrirlo.
Suerte que el corazón tiene una puerta para las resurrecciones
debo estar ahí como en una cabaña de calor
avivando el fuego.
La serpiente me da preguntas que son respuestas
cuidadosa, aprendo este gesto que nadie me ha prestado.
La ciudad
Soy una alondra en ti
un ave en la totalidad de tu cuenca.
Una libélula que circula en órbita, adentro del cristal.
Todo es vidriera, todo mirar hacia afuera/
Los colores magníficos parpadean/
reflejos de cielo y edificios /
bombonerías, panaderías, librerías /
multitud de objetos que también me miran.
Soy una niña extasiada que pasa las páginas
/ cada rincón es interminable /
tengo lupa y espejo y muchos instrumentos
para tanta minucia bajo el sol.
Soy un bicho que vuela y que tal vez
morirá rápido
tal vez
este mismo día.
Pero la ciudad es hermosa
es hermosa
Por eso
me han puesto tantos ojos.
Mononoke
Afuera hay gente que quiere devorarme.
Desean llegar a territorio prohibido
mas erran el camino
deambulan en círculo, aturdidos
buscando un ancestro
pero su propia imagen como vulgar monumento
tirano, escondido en lo profundo del valle
todo lo deforma.
Yo pondré una cerca
precintaré el bosque
no alcanzarán el manantial blanco
ni el arco poluto de la cierva,
del sutil almizcle quedará la estela
quedará el mapa en la corteza del tronco
el vasto y noble reino del caracol callado.
No pueden conocer un idioma inaudible
No sabrán mi nombre si soy Impronunciable.
Moléculas de rabia, caóticas miserias
ojos y lenguas que miran y prueban
dicen muchas cosas a la vez
sus manos no se dan abasto
sus bocas no se dan abasto.
Están hambrientos y desean.
No pueden mirar por el ojo
mi unidad, mi desnudez gigante.
Todo lo sagrado está protegido.
cerraremos el bosque con una llave
imposible de encontrar.
