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Cinco poemas de Jeconias Mocumbe

Jeconias Mocumbe nació como Edilson Sostino Mocumbe, en la provincia de Gaza. Es co-mentor y secretario general del “Projeto Tindzila” y coordinador editorial de Massinhane Edições (Inhambane). Es ganador del I Premio de Poesía Lusófona Floriano Martins 2024 con su libro Os dedos da agonia publicado por LP5 Editora. Mocumbe ha publicado los libros de poesía: Calvário e a Cruz (2021), Intervalos de demência (2022) y não faça nada até a madrugada sussurrar ou surrar à porta (2022). Además, es coautor de Espiritualidade Poética (2019), Strip-tease (2023) y O lado sujo da metáfora, 2024, con Gala-Gala Edições.

Gladys Mendía 2 años ago 168
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Jeconias Mocumbe nació como Edilson Sostino Mocumbe, en la provincia de Gaza. Es licenciado en Ciencias Policiales por la Academia de Ciencias Policiales (ACIPOL). Es co-mentor y secretario general del “Projeto Tindzila” y coordinador editorial de Massinhane Edições, un sello editorial con sede en Inhambane, donde reside. Es ganador del I Premio de Poesía Lusófona Floriano Martins 2024 con su libro Os dedos da agonia publicado por LP5 Editora. Mocumbe ha publicado los libros de poesía: Calvário e a Cruz (2021), Intervalos de demência (2022) y não faça nada até a madrugada sussurrar ou surrar à porta (2022). Además, es coautor de Espiritualidade Poética (2019), Strip-tease (2023) y O lado sujo da metáfora, 2024, con Gala-Gala Edições.

Traducción del portugués al castellano de Gladys Mendía

INDULGENCIA

resuenan teteras en el inminente regreso de las ciudades
erguidos, atrapamos la mirada ganchuda de las rocas
el holocausto replica el himno de las aguas de los poetas en estampida
y se reescribe el fulminante abrazo de la despedida en el hospicio
la falta que nos hace el cuerpo
el metal de las lágrimas que hastían
el quebranto.

ORLA ÁUREA

¿acaso el eco de las crujientes hojas secas
puede aliviarme de la claustrofobia ante los pájaros
y del síndrome de Estocolmo cuando me capturan en las noches?
lo que sé es que, cuando llega la madrugada, a mitad,
solo tengo miedo de todo, miedo de que alguien me salude
y descubra que ando vivo y rígido por los tablones.
tengo miedo de la luz y mucho más miedo cuando se apaga
sangro como si me despojara del luto en los arrastres del inodoro
pero es solo por una noche; en la próxima, la que viene, creo que llegará la calma,
la lluvia suave, los pájaros vestidos de velo blanco, y luego, nuevos miedos.

(De O lado sujo da metáfora, 2024, Gala-Gala Edições)

.todo sobre cruces

A los Ucranianos


¿qué mano nos tocará después del asombro?
el silencio de una sola piedra fosilizada en el caos
el relleno de miradas tristes que encarnan el derrumbe
entonces no me pidas que sonría bajo este sol gris
deja las palabras en el suelo para que nadie las queme
enciérralas, pues nadie conoce la furia y los vientos del mañana.

.debajo de este suelo movedizo


A Ayra


duerme, hija mía, señuelo de este insomnio gris
y descansa mis ojos en los tuyos
para que nunca te sientas sola
para que la lluvia entre en el dormitorio
el sótano por donde el pájaro cae
y donde se adorna dulce el foso de los balaustres.
sonríe, mi niña, y cura la cólera de este mundo
hace días que tu madre no se suelta de los lavabos
o yo me ato al llanto de ella o al tuyo
así es como ocurre la noche aquí en casa.
¿qué más decirte tras el parto? —hija,
¿que más tarde habrá unicornios pasando por la calle Uruguay?
¿que naciste de un padre policía
y de una madre marcada por la orfandad paterna?
duerme, hija, este suelo anda en declive
guarda tus ojos en los umbrales de tu corazón
como si no conocieran el caos de los míos
como si mañana pudiéramos reunir a toda la familia
como ocurre en Chacane, para protegerte bajo la luna llena.
y si después, detrás de todo eso, la puerta se abre
y espanta todo lo que hay fuera, el murmullo de otra gente
de padres e hijos desnutridos y asesinados: —duerme, hija
la fosa es más profunda cuando lloras
y nadie sueña como yo soñé
la pesadilla de tus pies descalzos.

.no hagas nada hasta que la madrugada susurre o golpee la puerta


A todos los pueblos sufridos

todo sabe a desgracia: los espejos nunca fueron un lugar secreto sino de incesto
todo es triste: no hagas nada hasta que la madrugada susurre o golpee la puerta
un día te tienes como el diablo tiene a Dios
el día abisma la claridad de la noche, planea en los labios de una criatura semi-muerta,
este niño que duerme en el sarcófago y, despierto, la espera se le retrasa
a otro mes, invierno o verano, cuando el interruptor se apague.
sueñas como quien dormita envuelto en nuestros males en el muelle
bajo la crin fría que revuelve la isla, el tiempo, el lugar de la demora,
la espera nos desaloja del hogar donde la memoria zombi bajo la chimenea
a la luz de la noche
como si alguien nos llamara al final del día por error para consolarnos la añoranza
y recordarnos la familia más distante del lamento de las hélices en el techo de la casa.
en esta trama donde cualquiera es un bloque de concreto que jamás se desmorona,
el poeta, el niño, la madre, la viuda, el soldado que muere abrazando al pecho
la carta vacía sumergida desnuda en distancias distintas, en catarsis
y nos queda la euforia y compasión de todos los pobres de este mundo
la ausencia que se tiene tras el combate
nos queda el estallido de la última bala en el pecho
nos queda el déjà vu
el insomnio con que se esculpe el horizonte después de que la voz se pierde en el vacío
y pulsas el botón de encendido, y allí la emisora que nos recuerda la muerte
la TV, el periódico, las campañas políticas, el hambre, la miseria
y la abundancia de los diputados de la asamblea.
la flauta rasga el hilo de las memorias en los intersticios de la amargura cuando suena
el frío arraigado en los ojos espumea, salpica, nos asombra otra vez
la evocación de las cruces que llegan con nuestros nombres grabados en las lápidas
el miedo póstumo de la tropa
del alistamiento para una nueva misión después de 10 días mal descansados
y se nos adelanta el adiós de las esposas y madres destripadas
cuando riñen en la mesa los nombres indescifrables
y aun así, junto a ellas, caemos al suelo con las rodillas dobladas con fe
como si la liebre que se suicida en el pote de sal nos habitara
con manos débiles, clamándonos: dadnos pan altísimo
y, en ese instante, se secan las bocas de nuestros hijos en el evocativo silencio de las piedras
acto de benevolencia, para que no se oiga la voz que nos absuelve.
nos duele que nos llamen Padre en esta guerra fría y epidemias
cruzamos las manos, un gesto recatado para nosotros que nos desgastamos
como el invierno de abril que se nos abre para un nuevo domicilio
probablemente, cansados estemos de amar a quien tanto nos odia.
intentemos: la herida duele, lo sabemos, vigilemos en Dios y en palabra
al fin, roguemos al Diablo
al ángel
a cualquiera que nos dé el pan de la vida
intentemos: quién sabe después, el cerrojo se destrabe.

(De não faça nada até a madrugada sussurrar ou surrar à porta, 2022, Massinhane Edições)