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CONVERSACIÓN CON BRENDA MÁRQUEZ

BRENDA MÁRQUEZ (Caracas, 1977) Es licenciada en Letras, magister scientiae en Literatura Iberoamericana de la Universidad de Los Andes (ULA), Venezuela, y especialista en Análisis del Discurso de la Universidad

Gladys Mendía 4 años ago 34
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BRENDA MÁRQUEZ (Caracas, 1977) Es licenciada en Letras, magister scientiae en Literatura Iberoamericana de la Universidad de Los Andes (ULA), Venezuela, y especialista en Análisis del Discurso de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina.
En su destacada trayectoria profesional en el mundo de las Humanidades, Márquez se ha caracterizado por su pasión hacia la creación poética, pero también por la investigación en las áreas de Teoría Literaria y Literatura Comparada, a las que les dedicó varios años como docente.
Con amplia experiencia en el análisis discursivo, se desempeña actualmente como editora y escritora en medios digitales, así como de correctora en medios impresos.

Por Gladys Mendía
Octubre, 2019

GM Brenda, eres escritora, profesora universitaria y periodista. Sigues viviendo en Venezuela. Recientemente has publicado tu libro de poemas Gris Líquido con LP5 Editora en formato PDF para descargar (Sección: Poesía para descargar). Cuéntanos de este proceso del libro. Recuerdo cuando me enviaste los poemas para revisarlos en el 2014.

BM. Gracias por invitarme a contarles sobre este proceso vital y por permitirme hablar acerca de Venezuela, de esta Venezuela del siglo XXI, de por qué nos quedamos aquí y las implicaciones de esa decisión. Empezaré por Gris Líquido, este libro es un viaje, literalmente lo es, vuelvo sobre mis pasos y veo veinte años de encuentros y desencuentros en torno a este sufrido texto, por lo que me inquieta contar en unas líneas un proceso como el de Gris, y seré muy sincera sobre este proceso porque me gustaría que los jóvenes escritores no abandonen sus sueños de publicación, quisiera que esta experiencia que viví (y sigo viviendo) sea un aprendizaje. Debo comenzar por aclarar que Gris Líquido como totalidad es más reciente porque el libro es una compilación, recoge poemas claves de siete poemarios que permanecen inéditos y este es un dato que quizás nadie sabe. Muchos de los poemas que contiene son de una etapa de mi vida convulsa, era muy joven, estudiaba Letras en la Universidad de Los Andes (ULA), estaba llena de sueños, entre esos poder llegar a ser una escritora, una buena escritora, y en ese proceso me acompañaron algunos profesores y poetas, recuerdo a Martha Estrada, a Enrique Plata, Rodolfo Quintero Noguera, a Emad Aboaasi El Nimer, a Amable Fernández, especialmente a Amable porque mantuvo viva la llama escritural en mí, probablemente —y espero no ser egoísta— en ese sentido nadie me apoyó más y creyó tanto en mi escritura. Fue muy difícil y, de hecho, cuando hice la compilación y traté de publicar, comenzaron los desencantos de este mundo. Al final terminé muy cansada y decepcionada, no insistí más y me alejé mucho del medio; y entonces llegó el año 2013, una amiga muy cercana, Lisbel (Lis) Salvatierra, que es la ilustradora de Gris, me propuso desengavetar el libro y revitalizarlo, pero no retocar los poemas, ni quitar ni poner, sino ilustrarlo. La idea era arriesgada, pero era magnífica, eso sí, no teníamos editor ni recursos para financiar algo así. Pero lo hicimos, todo el mérito es de Lis, trabajó codo a codo conmigo; durante un año tuvimos largas jornadas en las que discutíamos la forma, el color. Ella como ilustradora tuvo que meterse bajo mi piel para aprehender sentimientos, sensaciones, deseos; conocerme desde adentro y eso no es fácil. En 2014 Gris Líquido era una realidad, no tenía prólogo y recuerdo que José Antequera me dijo: «¿Y si le dices a Gladys Mendía que escriba el prólogo?». Conocí a Gladys en la universidad por medio de Amable, y dejé de verla cuando se fue del país, eso fue hace tanto tiempo, pero no fue impedimento para hacerle llegar el libro. Desde luego, aceptó y escribió un prólogo muy completo y emotivo, parecía que Gris Líquido tenía gran futuro, pero lamentablemente estaba lejos de eso. Pasaron los años: 2015, 2016, 2017, 2018 y Gris estancado. Gladys ofreció publicarlo en digital, pero empecinadamente yo quería que fuera en físico como lo había soñado una década atrás. Así que de 2015 a 2017 Lis y yo nos embarcamos en la empresa de lograr que el libro fuese publicado. Estuvimos en la Casa de Bello, en El Perro y la Rana, en Monte Ávila Editores y algunas editoriales privadas asentadas en Caracas. No obstante, me quedé con una promesa de William Osuna y la Casa de Bello, que nunca se materializó, sobre ese episodio, una amiga muy cercana me ayudó mucho, pero las cosas no salieron bien, de ese incidente aprendí que las expectativas pueden ser muy malas, fue otra decepción editorial y esa vez sí que Gris quedó enterrado, no quise saber más. De repente, este año (2019) una amiga, Elsa Mora, lo leyó. No hay una razón para eso, solo decidí mostrárselo. Y después de que terminó su lectura me escribió un correo con sus impresiones, que resultó estremecedor. Fue tan determinante su correo que le pedí que escribiera la reseña de la contraportada y aceptó, lo cual para mí es un privilegio. Con esos nuevos aires, con esos apoyos, de nuevo toqué la puerta de LP5 Editora para descubrir que Gladys siempre me estuvo esperando. Ahora Gris Líquido está en línea, ahora es público, se abre paso por sí solo y solo Dios sabe hasta dónde llegará.

GM ¿Qué significó para ti publicar este libro?

BM. En cierta forma ya respondí a ello, pero debo agregar que la publicación de Gris Líquido llega en una hora aciaga para mí como parte de la sociedad venezolana. Es una victoria personal, pero con sabor agridulce. No puedo desdoblarme e ignorar que estoy en Venezuela, que me duele este país, que me duele y me calcina el dolor de la gente que está sufriendo la tiranía que ostenta el poder. Es muy triste, y estoy triste, siento que me han robado la satisfacción de Gris. Gris Líquido es un libro que presenta tres tiempos, y algunas personas le prestan más atención a la tensión erótica y sexual presente en «Erato Desencadenada», pero resulta que gran parte del contenido es crítica social, desarraigo, preocupación por el entorno, solo imagina cómo me siento en este eterno retorno nietzscheano, viviendo dentro de una pesadilla que, en cierta forma, fabulé en Gris Líquido. Sin embargo, Gris Líquido es un afecto que es todo para mí, poder publicarlo es muy grande, pero no puedo disfrutarlo.

GM ¿Cómo es tu relación con la ciudad de Mérida? ¿Cómo es tu día a día en Mérida?

BM. Yo nací en Caracas, pero soy merideña de corazón, y no lo digo porque he vivido en los Andes toda mi vida, sino porque amo esta ciudad. Mérida me ha dado todo. Amo su belleza, su cultura, su universidad (a pesar de…). Amo sus montañas, sus valles, sus ríos, sus lagunas, su historia, todo. Pero en la Venezuela socialista Mérida es una doncella maltratada por «los bárbaros en celo», como dice Díaz Rodríguez en Ídolos Rotos. Mi sentido de pertenencia está extraviado. Mérida está inmersa en la modorra del caos habitual del país. Mi día a día en Mérida es crudo, dos trabajos para medio comer; sin luz, sin gas, sin agua, sin internet, sin seguridad. Uno no sabe cuándo empieza su calamidad y cuándo termina. Mi relación con Mérida ahora es una relación secuestrada.

GM ¿Por qué sigues viviendo allí?

BM. Entre 2016 y 2017 hice grandes esfuerzos para irme. Hice todos los trámites necesarios, apostillé, hice lo que hay que hacer en esos casos, pero no me pude ir, me faltaba dinero. En ese entonces sentía que no soportaba la crisis, el agobio de este sistema. Estaba harta de la crisis social, política y económica, estaba aterrorizada con la represión a las protestas antigubernamentales y la normalidad con que esa situación extrema y disfuncional se desarrollaba. Era terrible porque en carne propia viví esa represión y tuve que ver las atrocidades cometidas contra manifestantes. Sentí que no podía soportar más, pero —como pueden ver— sigo aquí estoicamente, irme ahora no es una opción y mucho menos con la ola xenofóbica contra los venezolanos que estalló en la subregión. Mérida es mi casa, aquí estoy esperando el cambio.

GM ¿Qué sientes viviendo la incertidumbre política y económica nacional?

BM. Siento tristeza, agonía, extravío, desesperación, me declaro presa de la incertidumbre. Me declaro viviendo una vida que no quiero. Hemos perdido la intimidad con nosotros mismos y la relación con el otro. Nuestra salud mental es una hojilla, no socializamos, no hacemos nada que nos brinde sosiego, satisfacción, tranquilidad. En Venezuela tomarse un café con una amiga, salir a tomar un trago es un viaje a la nostalgia lleno de melancolía, porque eso no puede hacerse. Siento que vivo en un estado de renuncia constante y si sales a la calle y les preguntas a las personas te dirán lo mismo, cada uno con sus argumentos, con sus azares, pero el resultado es el mismo: alienación.

GM ¿Cómo afecta esto tu proceso escritural?

BM. Lo afecta demasiado, siento que no puedo escribir ni una línea que no sea forzada por el trabajo. Desde hace años estoy escribiendo una novela. Digamos que está terminada y vuelvo una y otra vez a ella para los acabados y no me sale ni una palabra, ni una idea. El trabajo intelectual de por sí es algo lejano para mí. Es como si me hubiera secado. Sé que es por lo que estamos viviendo, estoy segura. Como que me absorbió este momento histórico oscuro. Sí, me ha afectado demasiado, afectó mi inspiración.

GM ¿Qué mensaje les darías a los lectores de LP5 que viven fuera de Venezuela y preguntan por la situación allá?

BM. Esta es una pregunta difícil, mi respuesta podría resultar sesgada porque mueve fibras importantes, pero es necesaria. Naturalmente esta entrevista va a ser leída por venezolanos y también por lectores de toda Latinoamérica, y para el que no es venezolano es difícil describir la situación país. Mi mensaje no va por la línea intelectual ni literaria, este mensaje que me permito dar es social, por llamarlo de alguna manera. Ustedes que me leen en la región, les digo: eduquen bien a sus hijos, no permitan que la ideología (llámese religión, posiciones político-partidistas, de raza, de sexo, etc.) invada las mentes de las generaciones futuras. La educación es la clave para ser libres del control mental de políticos perversos. Lean, lean mucho para que no sean esclavos de las pasiones, de la ignorancia, de la ignominia. Este es un país donde te controlan con una bolsa de comida que no puede ser rechazada porque hay hambre, ¿cómo llegamos a esto? Por ignorancia; es triste ser un «ciudadano» del miedo. Lo que está pasando en Venezuela es un espejo, mírense en este espejo. Todos hemos alguna vez cuestionado a los mass media por la manipulación del mensaje frente a las masas. Pero reivindico esos medios porque lo que dicen las noticias internacionales sobre Venezuela es verdad y es incluso peor. Mi mensaje es claro: no se engañen ustedes mismos con la utopía, porque por eso se llama «utopía». A mis paisanos migrantes, que escriben en sus propios «cuadernos del destierro», no se dejen arrastrar por el desamparo, ya son muy valientes y sé que pronto volverán a casa.