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CAROLINA DÁVILA: POESÍA ACTUAL DE COLOMBIA

  CAROLINA DÁVILA (Bogotá, Colombia 1982) Es escritora y abogada feminista, magíster en Derechos Humanos y Democratización y aspirante a mfa en Escritura Creativa. Ha sido editora de Rio Grande

Gladys Mendía 5 años ago 86
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CAROLINA DÁVILA (Bogotá, Colombia 1982) Es escritora y abogada feminista, magíster en Derechos Humanos y Democratización y aspirante a mfa en Escritura Creativa. Ha sido editora de Rio Grande Review y del Fanzine La Trenza. En el año 2010, ganó el Premio Nacional de Literatura del Ministerio de Cultura con el libro Como las Catedrales publicado por la Universidad Nacional de Colombia (Bogotá, 2011); Fundarte (Caracas, 2014). Poemas suyos hacen parte de las antologías Postal del oleaje: poetas nacidos en los 80: Colombia-México (Monterrey: Universidad Autónoma de Nuevo León; Bogotá: Editorial Con las Uñas, 2013), The Other Tiger: Recent Poetry from Latin America (Wales: Seren Books, 2016), entre otras. Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, el italiano, el portugués y el árabe.

 

Del libro Imagen (in) completa (Universidad Externado de Colombia, 2018)

 

 

[EL CUERPO, ESA METÁFORA]

Con la tragedia viene la escisión el cuerpo que se fragmenta
el cuerpo que se descompone

ni nuestras sombras al final de la tarde son más largas
y perdurables que nosotros

 

 

SORTEAR ESTA MÍNIMA OTREDAD
no estar solas nunca más
conteniendo el silencio

 

 

AFUERA ALGUIEN LEVANTA EL ASFALTO
y un buque silba anunciando otra partida
Así es como acaba el mundo
con el silbido constante de un barco que abandona el puerto
con el sonido monótono de la retroexcavadora

Esos son los gemidos de estos días

Alguien va a morir alguien prepara sus últimas palabras
y se lee en los periódicos que otro acontecimiento
–teóricamente de gran importancia– es inminente
Un estallido              tal vez             una esperada alocución

Alguien piensa en la tragedia y el color del asfalto tiñe la
memoria   Alguien lleva dos minutos sin parpadear
Teme que al cerrar los ojos colapse el mundo             Eso no
importa        ni significa que sea el final              aunque lo
sea

No se detiene la convulsión que traen las máquinas
y nada impide el temblor del agua
junto a una orilla
que se va quedando sola

 

 

EL 31 DE MAYO DE 2013
hacía un calor de los mil demonios en Nueva York
y el cúmulo de cajas y maletas resultaba confuso
ante el intempestivo cambio de planes

En Estocolmo las cosas no ocurrían de otro modo
la distancia lo era

sólo en apariencia

como el verano

Esa tarde
una gota de sudor resbala por la espalda de la mujer
que sale a buscar cinta y bolsas negras
para retener lo que aún no encuentra su lugar

En un hotel
la otra vive en la paranoia
de la noche que no llega
con los ojos abiertos hacia un cielo
que prolonga el crepúsculo o el amanecer
mientras recuerda que a miles de kilómetros
no hay hogar para las cosas que la esperan

Tardarán dos años en descubrir
la duración de las cosas sujetas a mudanza

No hay hartazgo, vacío o certidumbre
que el tiempo no aminore

 

 

LA PANTALLA RECUERDA QUE ESTAMOS DEL OTRO LADO
es el muro que detiene

la rabia desatada
la falta de sincronía
que las imágenes congeladas constatan
(pero no hay pruebas de la emoción ni el desconcierto)

La vida ocurre sin nosotros
que quietos                 –como la imagen–
de la parálisis
culpamos a la mala conexión o al karma

Con los ojos fijos en la pantalla
puestos de frente              somos cuadros pequeños de colores
en los que ya no estamos                   en los que apenas somos
pura subjetividad contenida