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SOBRE NINGUNLADO. POR JOSÉ GABRIEL CABRERA ALVA

Desde el no lugar Patricia Colchado. Ningunlado. Lima: Hipatia ediciones, setiembre de 2021. ¿Cómo designar a la guerra? ¿O es lo insimbolizable? ¿Aquello indecible desde donde intentamos decir? ¿Todas las

Gladys Mendía 2 años ago 47
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Desde el no lugar

Patricia Colchado. Ningunlado.

Lima: Hipatia ediciones, setiembre de 2021.

¿Cómo designar a la guerra? ¿O es lo insimbolizable? ¿Aquello indecible desde donde intentamos decir? ¿Todas las palabras son apátridas desde la destrucción? Desde el desplazamiento generado por la guerra, desde el desarraigo y la desterritorialización, el poemario Ningunlado de Patricia Colchado nos muestra los ojos de la muerte, su lengua afilada de sangre pulverizando todas las palabras y reconstruyéndolas a través de la polifonía.

Una sola voz no basta para describirnos ese agujero tanático que se yergue como una trampa del lenguaje, pareciera decirnos al oído Ningunlado.

Desde sus primeros libros de poesía, Patricia Colchado había mostrado un sutil y depurado lirismo, sin embargo, creemos que es con Ningunlado con el que alcanza su madurez poética.

Si bien ya desde los poemarios Las pieles del edén (2007) y Ciudad ajena (2015) el yo poético de Patricia Colchado incidía en el desarraigo, en el libro que nos ocupa, el desarraigo se manifiesta con una fuerza mayor, casi visceral, sin dejar de lado el refrenamiento y la sutileza. Además, como ya se ha dicho, esto se potencia con el brillante uso de la polifonía.

Personajes que han nacido en medio de la guerra, o se encuentran desterrados a causa de ella, deambulan como fantasmas en un territorio que pareciera una suerte de purgatorio. Los personajes están fracturados, escindidos entre el lugar al que han huido y el recuerdo de la patria perdida por la eclosión de la muerte.

Los actores de la guerra degradan a las víctimas de la guerra. En ese sentido, se da una animalización en el ser humano. El ser humano se vuelve una bestia que destruye al otro al que no reconoce como semejante, sino como un ser inferior con el cual no hay que guardar el más mínimo respeto. Ni los niños ni las niñas están a salvo de ella. Habitan el mismo abismo construido/destruido por la mano de otros seres humanos que se transforman en verdugos. No hay justificación para la guerra, pareciera sugerirnos este poemario, debemos huir de ella aunque lo que encontremos sea un territorio imposible de habitar, que no es nuestro, pero que requerimos para guarecernos de la muerte.

Aunque las marcas de la guerra sean difíciles de borrar, escribir sobre esas marcas sería acaso una manera de redimirlas. Quebrar la pulsión tanática a partir de la palabra. Pues la palabra es también liberación del foso de la muerte y la violencia. Aunque escapemos hacia Ningunlado, es decir al espacio que no existe, como lo sugiere la palabra Ningunlado junta, que es una palabra imposible, una palabra inexistente, pero que crea el lenguaje poético para asumir esa condición apátrida del lenguaje que impera en este poemario.

            Existe, sin duda, una intertextualidad con el epígrafe de Mascha Kaléko que está en el poemario y que sirve, en cierta medida, de pórtico. Dice: “Los bosques han desaparecido, / las casas han sido quemadas. / No he encontrado a nadie. / Nadie me ha reconocido. / Y cuando el extraño pájaro cantó, / eché a correr. / Adondequiera que viajo, / llego siempre a Ningunlado.” Fijémonos en los últimos versos de esta cita: “Adondequiera que viajo, / llego siempre a Ningunlado.” Es decir, la única manera de llegar del desterrado es llegar a un lugar imposible.

            Veamos, ahora, ciertas marcas que este poemario presenta. La animalización a la que hemos aludido se da, por ejemplo, en los siguientes versos: “las imágenes de esta maldita guerra / me persiguen / cual hienas desbocadas”. Esto está en el poema “El río fluye”, (23). También en el poema “Mar enfurecido” (37) encontramos esta animalización. Se dice, refiriéndose a los actores de la guerra “¡Miserables gallinazos hambrientos de poder!” En el poema “Rezos y ayunos” se dice: “La muerte es (…) una bestia que devora, / que engulle, que traga; / que aniquila toda luz, toda sombra”. (19). La animalización, la bestialización mencionada, resulta clara en el poema “Tumulto”. Se dice: “Los aviones volaban como aves carroñeras” y, versos después, “Lobos (todos iguales), / lanzaban aullidos / cada vez más aterradores. / Nos era familiar reconocer sus hocicos, / sus formas deshumanizadas / acechando en la densidad de la noche. / Ni siquiera el llanto de un recién nacido / podía enternecerlos” (41). Lo único que queda es huir. Se huye de esa bestialización que puede circunscribirse a un elemento, puede ser en este caso una “garra”. El yo poético del poema “Morabaraba” (45) dice al final: “Empiezo un viaje que me aparta / de esa garra letal llamada odio”.

            La muerte, a su vez, está presente, por ejemplo, en los siguientes versos del mismo poema señalado: “Solo la muerte es quien te acompaña / en esta miseria, / en este camino espinoso.” (45). En ciertas ocasiones la muerte no deja hablar, es decir, anula la posibilidad de significado. Cito: “La muerte es ceniza / es mudez escalofriante”. “Rezos y ayunos” (19). La mirada, en este contexto de muerte, es transformadora. En el poema “Cordón umbilical” se dice: “Somos de arcilla, adquirimos una nueva forma / según la mirada del otro”. (31). En este poema también se señala: “Todavía me tienta la muerte, / me tiende a diario sus manos” (31). La madre, en este contexto de desolación y exterminio, está atada a la vida únicamente por su hijo. Cito: “Mas este niño es mi cordón umbilical / que me ata a la vida” (31). La relación muerte/vida tensiona este libro. Ni siquiera los niños se salvan de este contexto pulverizado por la muerte. En el poema “Tribulación” se dice: “Lloré / Lloré a ese pequeño ser / que quiso escapar / primero de los disparos, luego de la muerte.” (21) La atmósfera enrarecida por la guerra se manifiesta en los poemas. En el poema “Sueños ígneos”, por ejemplo, se dice: “Vivíamos bajo un cielo siniestro, venenoso, / de nubes cargadas de pánico” (29). El lenguaje mismo se eriza en medio del destierro. Se señala en el poema “Desamparo”: “Por las noches canto en mi idioma / y solo un niño que no es mío, / pero que se hizo mío / al atravesar juntos un mar / y cientos de balas, / me entiende. / Entiende este desamparo que carcome.” (15).

            El último poema “Un árbol dentro de mí”, acaso el poema cumbre de este libro, recoge el intenso y refrenado lenguaje por el que, desde la polifonía, había discurrido Ningunlado. Resulta significativo como se configura en este poema el destierro, la banca que acoge al yo poético de este poema es el único lugar que palpa y se transforma en matria. La patria es mujer. Matria. Árbol que, cito: “tuvo que abandonar sus raíces a la fuerza”. (49). El lugar que acoge es un no lugar en tanto no es un lugar pleno, sino que se articula a partir del vacío, el vacío de la patria perdida, abandonada por la guerra, pero de la cual no pueden abandonarte los recuerdos.

            El destierro se convierte así en ningún lado, en el lugar imposible desde el que no parece posible nombrar, pero a su vez es el lugar donde se articula la poesía, esa otra manera de nombrar. Sin duda, este espléndido poemario gira como en una danza infinita que une a todos los desterrados de la tierra.

            Las múltiples voces nos muestran que destierro y poesía no son espejismos, sino espejos donde el ser humano encuentra a partir del ningún lado, su lugar en el mundo.  

                                   José Gabriel Cabrera Alva


José Gabriel Cabrera Alva

(Lima, Perú, 1971)

Estudio Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue director de la revista de literatura Ajos & Zafiros. Ha publicado los poemarios El libro de los lugares vacíos (1999), Canciones antiguas (2004), Ombligo de ángel (2007) y Del mal amor (apuntes de la era de la violencia) (2016). 

Patricia Colchado

(Chimbote, Perú, 1981)

Ha publicado los poemarios Blumen (2005), Las pieles del edén (2007), Ciudad ajena (2015) y Ningunlado (2021), así como de la nouvelle La danza del narciso (2011).