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SOBRE EXTRAÑO VÉRTIGO. POR DANIEL ARELLA

Desbordando noches enteras por la boca El pesimismo se vuelve orgánico en la materia del lenguaje poético de María Gabriela Lovera Montero, restableciendo una poesía pensante que pierde la fuerza

Gladys Mendía 4 años ago 63
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Desbordando noches enteras por la boca

El pesimismo se vuelve orgánico en la materia del lenguaje poético de María Gabriela Lovera Montero, restableciendo una poesía pensante que pierde la fuerza de su comprensión cayendo por el propio peso de su vértigo, blindando el lenguaje por la intemperie. Notamos una conciencia de fracaso en el gesto de su nombrar, criticando el lenguaje en su insuficiencia, transformando el poema en aforismo, balbuceo, lamento, elegíaco parpadeo:

Ágrafa de mí,
que no puedo escribir
lo que mi voz hila y deshila en la orilla,
a la espera de que vuelva
esa niña que fui.

La distancia y lejanía con la infancia gesta un sentimiento culpable que origina la conciencia moderna de la imposibilidad de escribir. Es por ello muy significativo el título del poema “Penélope”, que en este caso se trata de una Pénelope condenada a seguir esperando hasta su muerte, ya que el tiempo no se detiene, y la infancia perdida sólo se recobra, como diría el poeta Rafael Alberti,  a través de la poesía. Pero la poesía de María Gabriela Lovera Montero tiende a una circular asfixia que se retracta de su propia expresión hasta lograr una brevedad contundente que denuncia la existencia en sus costuras.

Yergue un latido tras otro,
lo más alto que puede.

No tiene techo la esperanza.
Es intemperie.

El desfallecimiento desde donde mira la vida es habitada por la espera aciaga de ir perdiendo algo más que el tiempo, ya la humanidad, ya esperanza, pero fijando son sutil precisión el vértigo de la existencia a pesar del peso de su extrañeza. Por momentos su esperanza devora y arde, ensueña:

Si acaso robarle la llama al infinito
y atravesar con ella
el largo túnel de la noche.

En esa desposesión instaurada por la intemperie logra versos de ingeniosa inversión y sintética lucidez. Para nombrar el dolor de una soledad sin fundamento donde el sujeto lírico está sentado en la plaza nos dice: “Desmigo la paciencia y la arrojo a los pájaros”. Extraño vértigo está compuesto de promesas fallidas, olvidos, dejos, rastros, trozos, fragmentos que resisten en su significación para intentar construir un sentido a la existencia que se desvanece en cada poema.

La poesía de María Gabriela Lovera es un combate desmedido, arrojado siempre contra la esperanza y el problema ontológico de nombrar –sobreviviendo- el extraño vértigo que desciende de la vida a la muerte. Terminaré esta breve reseña con uno de los poemas mejor logrados de su libro, “Estrella”:

Mira cómo brillo
cuando cierro los ojos
y me callo toda la luz de la mañana.

Impecable certeza del silencio que se vuelve resplandeciente cuando se encuentran las palabras verdaderas y amanece titilando la esperanza indestructible de la poesía.

Daniel Arella
Mérida, Venezuela 2020


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