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IDA GRAMCKO: Poesía Venezolana

IDA GRAMCKO (Venezuela, 1924-1994) Escritora y periodista. En 1977 recibe el Premio Nacional de Literatura habiendo obtenido antes el Premio “José Rafael Pocaterra” en Poesía (1961), Premio Municipal de Poesía

Gladys Mendía 5 años ago 77
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ida

IDA GRAMCKO (Venezuela, 1924-1994) Escritora y periodista. En 1977 recibe el Premio Nacional de Literatura habiendo obtenido antes el Premio “José Rafael Pocaterra” en Poesía (1961), Premio Municipal de Poesía (1962). El poeta Alfredo Silva Estrada en el prólogo de sus Obras escogidas (1988) señala: “Esta orfebre, esta artesano exuberante, esta arquitecta del lenguaje, esta tejedora agilísima trenza y destrenza, entreteje conceptos, pensamientos, sentencias, definiciones primigenias, imágenes, metáforas, símbolos, integrando discursos insólitamente ritmados, construcciones únicas dentro del panorama de nuestra más alta poesía.” y luego agrega: “La poesía de Ida Gramcko supone, fiel a su fundamentación conceptual, una violencia sobre la realidad, sobre las apariencias: irrupción abrupta, sacudimiento de lo real, ensanchamiento de mundos”.

 

 

 

VOZ

 

Hay alguien que llama desde remotas cimas,

hay una voz profunda que me pide estar cerca.

Los aires se arremansan en corrientes continuas

hasta fundir los ecos en la dormida piedra.

 

El camino es un paso que dio el gigante mundo

con sus botas de angustia, pensativas y negras;

era un viajero entonces, desamparado y rudo,

y con su andar de nave fue duplicando huellas.

 

A veces tengo alas. Los cabellos furtivos

se fugan entre ratos de las furias del viento,

las manos, como arañas, van tejiendo en sus giros

una red infinita de locura y de ensueño.

 

¡Llegaré hasta la cumbre! Tendré todas las flores

azules y mojadas que habitan en las cuevas,

y habrá un concierto claro de pájaros y voces

en la garganta virgen de la desnuda tierra.

 

Hay alguien que me llama desde remotas cimas

y voy tras su llamado como la humilde sierva:

manos y pies descalzos…entre luces y vidas,

hasta la voz profunda que me pide estar cerca.

 

De Umbral, 1941

 

 

ATIENDA AQUEL QUE DIJO
hallar dicha y sosiego
en un sueño beatífico y tranquilo;
atienda a lo que digo y lo que creo.
¿Sabes, nocturno amigo,
a qué cosa en verdad llamamos sueño?
Atiende, hermano mío,
sin pena y sin recelo,
yo, que he soñado, yo, que no he dormido,
te pregunto sin voz desde mi lecho:
¿crees que el sueño protege del abismo,
rescata del asalto y del incendio?
Yo, soñadora inmóvil, no he creído
en mi rostro apacible cuando duermo.
Lucho soñando, sórdida, conmigo,
con un pájaro extraño, con el viento,
con un agudo y afilado pico
que me horada las sienes y el cerebro
y dejo sangre en el cojín y heridos
flotan ardiendo, aullando, mis cabellos.
Soñador y sonámbulo es lo mismo.
Se va entre nieblas, huérfano.
¿Quién hiló las almohadas? ¿El olvido?
La mano movediza del recuerdo
con un sombrío ovillo
y tejió la crisálida del lienzo
con una larga víbora de lino
que se enrosca en el alma y en el cuerpo.
Atienda aquel que alguna vez me dijo
hallar quietud seráfica en el sueño;
atienda a mi creencia, a mi pregunta,
que es la de todo soñador despierto.
Creo en mi corazón, su llama oculta
bajo las sábanas, ardiendo.
Creo en mi sangre muda
corriendo como un río del infierno.
¿Cree alguien en la calma de las tumbas,
en la paz de los muertos?
Quieren creer… ¡No lo han creído nunca!
Descansa en paz, sólo es un gran deseo.
Descansa en paz, pero la paz no escucha;
descansa en paz, pero el descanso es ciego.
La muerte, insomne, mira hacia la lucha
y el sueño es el más íntimo desvelo.

De Poemas, 1952

 

 

ARRÁNCAME LAS ÁRIDAS RAICES,
déjame suspendida en el espacio,
entre los vientos firmes.
Allí se está como en un gran regazo
maternal y sin límites.
Déjame con los pájaros,
indagan lo invisible.
¡Ah, más allá del cielo se alza un árbol
que sus alas indómitas persiguen!
No lo han visto jamás y, sin embargo,
creen sentir su rumor en los confines.
Rumor de hojas distantes… Pero ¿acaso
no lo vieron, gigante, en el origen
primero de la vida, y en sus cantos
no es la voz de la ausencia lo que aflige?
Deja que suba a lo alto
y que mi canto vibre.
Canto la ausencia de algo,
de una estrella enterrada en nubes grises.
La sombra azul del árbol
se dilata y me ciñe.
Déjame con los pájaros.
Soy una flor delimitada y triste.
Arráncame los pétalos y el tallo
y la fragancia, y líbrame.

 

De Poemas, 1952