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IDA GRAMCKO: Poesía Venezolana

IDA GRAMCKO (Venezuela, 1924-1994) Escritora y periodista. En 1977 recibe el Premio Nacional de Literatura habiendo obtenido antes el Premio “José Rafael Pocaterra” en Poesía (1961), Premio Municipal de Poesía

Gladys Mendía 7 años ago 362
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Fotografía por Alfredo Cortina, 1960. Archivo Fotografía Urbana

IDA GRAMCKO (Venezuela, 1924-1994) Escritora y periodista. En 1977 recibe el Premio Nacional de Literatura habiendo obtenido antes el Premio “José Rafael Pocaterra” en Poesía (1961), Premio Municipal de Poesía (1962). El poeta Alfredo Silva Estrada en el prólogo de sus Obras escogidas (1988) señala: “Esta orfebre, esta artesano exuberante, esta arquitecta del lenguaje, esta tejedora agilísima trenza y destrenza, entreteje conceptos, pensamientos, sentencias, definiciones primigenias, imágenes, metáforas, símbolos, integrando discursos insólitamente ritmados, construcciones únicas dentro del panorama de nuestra más alta poesía.” y luego agrega: “La poesía de Ida Gramcko supone, fiel a su fundamentación conceptual, una violencia sobre la realidad, sobre las apariencias: irrupción abrupta, sacudimiento de lo real, ensanchamiento de mundos”.

Ha publicado:

Poesía

(1942). Umbral, Caracas: Asociación Cultural Interamericana, Colección Biblioteca Femenina Venezolana, Vol. 5. / (1943). Cámara de cristal, Caracas: Suma. / (1944). Contra el desnudo corazón del cielo, Caracas: Tip. Garrido / (1948). La vara mágica, México: Orbe. / (1952). Poemas (1947- 1952), México: Atlante. / (1964) y Caracas: Letra Muerta / (2016). Poemas de una psicótica, Caracas: Grafos. / (1965) y Caracas: Editorial Diosa Blanca / (2020). Lo máximo murmura, Maracaibo: LUZ. / (1966). Sol y soledades, Barquisimeto: Nieves. / (1967). Este canto rodado, Caracas: Arte. / (1968). Salmos, Caracas: Voluntad. / (1970). Los estetas, los mendigos, los héroes, Caracas: Tip. Vargas. / (1972). Sonetos del origen, Caracas: Tip. Vargas / (1973). Quehaceres, conocimientos, compañías, Caracas: Concejo Municipal del Distrito Federal. / (1985). Salto Ángel, Caracas: Fundarte. / (1993). Treno, Valencia: Ateneo de Valencia, Colección Cuadernos Cabriales, no 54.

Teatro

(1959). La dama y el oso, México: Editorial Interamericana, Colección Teatro Contemporáneo No 7. / (1961). Teatro, Caracas: Ediciones del Ministerio de Educación, no 76, Biblioteca Popular Venezolana. / (1997). Teatro, Valencia: Ediciones del Gobierno de Carabobo.

Relato

(1956). Juan sin miedo, Caracas, Madrid: Edit. Mediterráneo. / (1967). O grados, Norte franco, Caracas: Publicaciones del Banco Industrial de Venezuela. / (1972). Tonta de capirote. Caracas: Monte Ávila Editores / (1980). Pirulerías, Caracas: Ediciones Amón.

Ensayos y monografías 

(1967). El jinete de la brisa, Caracas: Arte. / (1967). Preciso y continuo, Caracas: Edición del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes (Inciba). / (1970). Magia y amor del pueblo, Caracas: Oficina Central de Información. / (1973). Mitos simbólicos, Caracas: Instituto Universitario Pedagógico, Ediciones del Departamento de Cultura y Publicaciones. / (1980). Mito y realidad, Caracas: Revista Nacional de Cultura, no 243. / (1983). Poética, Caracas: Ediciones del Congreso de la República. / (1985). La mujer en la obra de Gallegos, Los Teques: Ediciones del Gobierno del Estado Mirando, Serie Visión de Rómulo Gallegos, no 10. / (1987). Historia y fabulación en “Mi delirio sobre el Chimborazo”, Caracas: Contraloría General de la República, Colección Medio Siglo, Serie Letra Viva.

VOZ

Hay alguien que llama desde remotas cimas,

hay una voz profunda que me pide estar cerca.

Los aires se arremansan en corrientes continuas

hasta fundir los ecos en la dormida piedra.

El camino es un paso que dio el gigante mundo

con sus botas de angustia, pensativas y negras;

era un viajero entonces, desamparado y rudo,

y con su andar de nave fue duplicando huellas.

A veces tengo alas. Los cabellos furtivos

se fugan entre ratos de las furias del viento,

las manos, como arañas, van tejiendo en sus giros

una red infinita de locura y de ensueño.

¡Llegaré hasta la cumbre! Tendré todas las flores

azules y mojadas que habitan en las cuevas,

y habrá un concierto claro de pájaros y voces

en la garganta virgen de la desnuda tierra.

Hay alguien que me llama desde remotas cimas

y voy tras su llamado como la humilde sierva:

manos y pies descalzos…entre luces y vidas,

hasta la voz profunda que me pide estar cerca.

De Umbral, 1941

ATIENDA AQUEL QUE DIJO
hallar dicha y sosiego
en un sueño beatífico y tranquilo;
atienda a lo que digo y lo que creo.
¿Sabes, nocturno amigo,
a qué cosa en verdad llamamos sueño?
Atiende, hermano mío,
sin pena y sin recelo,
yo, que he soñado, yo, que no he dormido,
te pregunto sin voz desde mi lecho:
¿crees que el sueño protege del abismo,
rescata del asalto y del incendio?
Yo, soñadora inmóvil, no he creído
en mi rostro apacible cuando duermo.
Lucho soñando, sórdida, conmigo,
con un pájaro extraño, con el viento,
con un agudo y afilado pico
que me horada las sienes y el cerebro
y dejo sangre en el cojín y heridos
flotan ardiendo, aullando, mis cabellos.
Soñador y sonámbulo es lo mismo.
Se va entre nieblas, huérfano.
¿Quién hiló las almohadas? ¿El olvido?
La mano movediza del recuerdo
con un sombrío ovillo
y tejió la crisálida del lienzo
con una larga víbora de lino
que se enrosca en el alma y en el cuerpo.
Atienda aquel que alguna vez me dijo
hallar quietud seráfica en el sueño;
atienda a mi creencia, a mi pregunta,
que es la de todo soñador despierto.
Creo en mi corazón, su llama oculta
bajo las sábanas, ardiendo.
Creo en mi sangre muda
corriendo como un río del infierno.
¿Cree alguien en la calma de las tumbas,
en la paz de los muertos?
Quieren creer… ¡No lo han creído nunca!
Descansa en paz, sólo es un gran deseo.
Descansa en paz, pero la paz no escucha;
descansa en paz, pero el descanso es ciego.
La muerte, insomne, mira hacia la lucha
y el sueño es el más íntimo desvelo.

De Poemas, 1952

 

 

ARRÁNCAME LAS ÁRIDAS RAICES,
déjame suspendida en el espacio,
entre los vientos firmes.
Allí se está como en un gran regazo
maternal y sin límites.
Déjame con los pájaros,
indagan lo invisible.
¡Ah, más allá del cielo se alza un árbol
que sus alas indómitas persiguen!
No lo han visto jamás y, sin embargo,
creen sentir su rumor en los confines.
Rumor de hojas distantes… Pero ¿acaso
no lo vieron, gigante, en el origen
primero de la vida, y en sus cantos
no es la voz de la ausencia lo que aflige?
Deja que suba a lo alto
y que mi canto vibre.
Canto la ausencia de algo,
de una estrella enterrada en nubes grises.
La sombra azul del árbol
se dilata y me ciñe.
Déjame con los pájaros.
Soy una flor delimitada y triste.
Arráncame los pétalos y el tallo
y la fragancia, y líbrame.

De Poemas, 1952

Conocimiento

El conocimiento es muy amplio. La violeta se encierra entre
las hojas no sólo por friolenta y ojerosa. Es suave,
muy sensible al tacto pero también es retraída. Si volase,
tendría algo de terciopelo envolviendo una menuda amatista.

La araña más pequeña teje redes de plata y generalmente
lo hace en los rincones. Lo bello, aunque no dé voces,
no pasa nunca inadvertido.

Las gotas de rocío no hacen ruido. Y fulguran.

A una libélula debe parecerle muy rara una montaña.

Pues cuando se cruzan los espacios, ¿es necesaria tanta
piedra? Dos alas nada más se precisan. Un ángel,
–por lo menos el que yo conozco– sólo habla bruscamente
cuando se halla triste, pero si no lo está, la transparencia
y la ternura cantan en sus palabras. Y, para mí, en sus pupilas.

Mas volviendo al alpiste que ya hicimos. Las joyas deben
parecerle una copia suya, pero ineficaz e inservible. ¿Acaso el
alpiste no es un oro pero un oro discreto y fecundo?

A un cosmonauta, volando en los espacios, debe parecerle
que el mundo es sólo una fruta amarilla.

Porque no somos grandes sino en la medida en que
aprendemos a callar a tiempo, a tejer estrellas en la oscuridad,
a dar agua brillante sin decirlo, a comprender que el mundo
es pasajero, a volar sin escándalo ni estrépito, a brillar
sin ostentación, pues una sonrisa dulce y diáfana es más fuerte
que todas las orquestas del mundo y una voz de perdón
es más bella que muchos libros que se han escrito.

Así se ha comprendido que Dios no se ofrece en la comida
apetitosa ni en el anillo opulento. A menudo, nadie
se percata de él. Dios tiene una discreción de paso sobre
alfombra. Llega, de puntillas, para no romper el ensueño
que hizo posible su llegada. Es, muchas veces, imperceptible.

Conocimiento

Cada puñado de arroz que nos pertenece, otro no lo disfruta.

Cada fruta que muerdes, otra boca no la saborea.

Pero cada poema que se escribe, otro –que está cercano
a mí– lo está esperando con amor pues escribe
muy pocas palabras todavía.

Hay que enviárselo, antes que el puñado de arroz o la
fruta al hambriento.

Un poeta sediento, un poeta tímido, es una criatura
extraordinaria que necesita profundidad y protección.

Es como el pastor que no encuentra la oveja y la llama o como
el ave, en el nido, esperando un lento, muy lento amanecer.

Compañía

Esta es la palabra perfecta.

Estos son los libros que creaste o las páginas de los libros
que has de crear.

Esto es lo que fluye de mí. Estos son mis remansos, mis ríos.

Pero piensa en los ríos subterráneos. Piensa que no siempre
es sencillo fluir.

Piensa en el poeta callado. Y dile que en su silencio
también se escucha un ruiseñor.

De Quehaceres, conocimientos, compañías (1973).