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SOBRE MAREA. POR RAFAEL CASTILLO ZAPATA

A COSTA DE UNA MAREA Recuerdo, como en un sueño, haber escrito ya una vez sobre las mareas verbales de esta Marea, sobre la carga ebria de palabras que se

Gladys Mendía 4 años ago 66
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A COSTA DE UNA MAREA

Recuerdo, como en un sueño, haber escrito ya una vez sobre las mareas verbales de esta Marea, sobre la carga ebria de palabras que se derramaba en las playas de otras páginas, parecidas a éstas donde escribo ahora, con el bajo continuo de la memoria perdida de aquello que escribí una vez, y no releo, para escribir esta vez, otra vez, ya con olvido, lo que ahora escribo sobre ese mismo libro, que ya leí, pues, una vez. Y escribo, no reescribo. Escribo como por primera vez.

Siempre se escribe la primera vez, me digo, así hayamos escrito ya una vez sobre lo mismo. Siempre que escribimos es una primera vez. Escribir es siempre inaugural. Escribir es siempre inicio, no repaso. Diferencia, no insistencia. Epifanía, acaso.

Hoy vuelvo, pues, a la Marea, y no hay retorno. Lo leo ignorante y por eso lo descubro, no lo cubro de cenizas, resplandece puro ante mí con toda la turbulencia cruda, ruda, de sus aguas.

Marea es un libro de amor, que así se dice. Pero más que un libro de amor, digamos, mejor, es un libro de amante; el libro de un amante, para ser más precisos. El libro de un amante que se llena la boca con la palabra marea, marea, marea, y la repite hasta el cansancio, con una ternura que sabe a rabia, con un empecinamiento que hace pensar en insomnio, en adicción, en adhesión celosa. Pues quizás no sea más que una pasión arrebatada lo que aquí clama y reclama en la vehemencia verbal que lo caracteriza. Porque este amante se desnuda y anuda sus imágenes en una retahíla de frases que son un mantra: sus poemas tienen la estructura de una letanía, más desesperada que devota; la forma de una plegaria, más desafiante que agradecida. Hay algo de guerra de guerrillas en el paisaje de estas batallas de amor desplegadas como campañas justicieras. Hay un impulso feraz, feroz de construir, sí, una elegía: elogio, adoración, alabanza del cuerpo venerado, celebrado en un altar ritual de sacrificios. Y no es ni un tango ni un bolero la Marea. Hay en él, más bien, un teatro radical de la crueldad, y, también, un tribunal: un tribunal donde el amante, más allá del cuerpo que goza y martiriza, abomina de la historia y sus infamias. Porque Marea es un rap sagaz, un rap, si se puede decir así, particularmente sublevado ysubversivo. Es como una especie de Unión libre que se escribiera ahora, afectada por los peores desmanes de esta época nuestra, más apocalíptica, más desencantada, menos crédula. Por eso la Marea de Varguillas, cargada de una intemperancia forajida, azorada por una potente carga política, no puede ser, simplemente surrealista. Sus imágenes fluyen poderosas como en el río vertiginoso del poema de Breton, pero la cadencia de sus versos tienen más bien el tono de un airado vendaval que resulta bretoniano, pero de otra manera: porque sale a la calle a disparar indiscriminadamente sobre la multitud para iniciar de nuevo una revuelta. Una revuelta que no puede ser más que una revuelta en el amor.  

Rafael Castillo Zapata
 Agosto de 2020