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MARTÍN BAREA MATTOS: POESÍA ACTUAL DE URUGUAY

MARTÍN BAREA (Montevideo, Uruguay 1978). Poeta y músico. Ha publicado Fuga de ida y vuelta (La gotera, 2000); Dos mil novecientos noventa y cinco (Artefato, 2002); Los ojos escritos (Premio

Gladys Mendía 4 años ago 44
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MARTÍN BAREA (Montevideo, Uruguay 1978). Poeta y músico. Ha publicado Fuga de ida y vuelta (La gotera, 2000); Dos mil novecientos noventa y cinco (Artefato, 2002); Los ojos escritos (Premio 43 Feria de Libros y grabados, 2003); Por hora por día por mes (Estuario, 2008). Sus discos: Por hora por día por mes_ Parking poético (Ed. de autor, 2007); Grey tres hits ( Ed. de autor, 2010 ); Odisea en el parking planetario (Feel de agua, 2011 ).

Selección por Gladys Mendía del libro Made in China (2016, Estuario Editora)

China

Era una noche pequeña como una piedra en el recuerdo
del sueño.
Era piedra pequeña durmiendo en el puño de la noche.
La noche tenía dos manos:
en una a Carlos Baúl del Aire que dormía como una piedra pequeña
y en la otra al despertar vacío:
la mano abierta ya sin piedra.
Así dejó ir Baúl del Aire su máquina de escribir poemas.
Por una ventana abierta en manos ajenas.
Fue la brisa del sol nocturno y confiar en el cielo vecino,
más un litro de vino pensado en su cintura
que lo dejaron puteando y revolviendo
cajones testigos sin ladrón sin su piedra.
La puta madre. Debo tener respaldo en disquete,
en papel, en pendraiv,
en una cuenta de la Red Residual.

Nada.
Nada como una piedra. Nada.
Como una idea.
Y a llorar al cuartito.
Como una piedra pequeña.

Siéntese, Baúl del Aire

Gracias, señor.
Deje su cabeza por aquí.
Muy amable de su parte, señor.

Baúl del Aire, tengo entendido que ha estado usted
escribiendo poemas.
Poemas sobre justicia e igualdad. También sobre el
derecho al gozo y a la “super-vivencia”.

Baúl del Aire…
Sí, señor.
¿Cree usted que algún día existirá justicia total y
razonable en el mundo?
No, señor. Aunque en realidad alcanzaría con un solo
día de esos. Sólo con un día, señor.

Por qué escribe entonces esa mierda. ¿Es que no le
alcanza la oferta?, ¿no se siente bien?
Estuve sintiéndome raro últimamente, señor.
Casi como si me estuviera volviendo cuerdo y no a cuerda.

¿Bebe usted mucho, Baúl del Aire?
Como gota que cae sobre la laguna de su propio
nombre, señor.

Usted está evadiendo la realidad.
No, yo estoy flotando como usted. ¿No ve que los
féretros son canoas?

Escribió Carlos Baúl en
el Cuaderno de quejas del MC

El amor es arte de altanería,
no bajen el pico.
Recomiendo dejar a los niños con las cigüeñas
para que lleguen a mejor vientre.
¡Allá vuelven las naves migratorias
pariendo fuselajes en las armas del árbol que ha
encargado
dios y hamburguesas!
Y así, sangrando sobre el pan con sésamo
se escurren en un táper de piedra
y chillan recién nacidos como una grosería.
Carne sobre carne sobre carne,
encías de la carne.
Provocan timbres equivocados
como un recién nacido cae equivocado
como una bocina de hamburguesa en el tránsito.
Como cuando dicen, Señor
Y la puta bomba de tu hamburguesa amputa
Al niño Jesús en el tránsito.

Susurro de la piel abismal del mar

El mar descansaba digiriendo ya su ingesta.
Animal echado
al vaivén del respirar.
Tendido en su pelaje,
flotan enfermos hombres
que han sobrevivido.
Están con piernas desaparecidas en aguas,
aferrados a la trama del hálito:
al susurro de esa piel
abismal de mar:
Aquí no hay roca sino agua.
Agua y nada de agua.
Y la marea es el camino.
La marea como una mancha desde allá arriba,
desde satélites.

Que serán chatarra, marea y nada de agua.
Si hubiera agua en el agua no moriríamos de sed.
Y sin embargo
moriremos de nada de agua en el agua.
Porque no hay vaso ni grifo en la marea.
Y no me puedo poner de pie,
a pensar por qué flotamos en la maraña.
Somos pesca plástica en vísceras de gaviota:
gaviota parca, gaviota calavera, gaviota muerta de hambre.

Nosotros,
fabricantes de alimento.
Veo los ojos del pingüino que arde como una madera negra
mientras salta torpe como un mensaje que nunca llega:
veo los ojos del pingüino rodeados por el fuego
que salta sobre la madera para rodear al vidrio del mensaje
que nunca llegará.

La marea arrastra el teclado muerto en falanges de textos
amputados.
Porque aquí no se puede estar ni sentado ni parado:
siquiera hay silencio en la marea.
Sino una hamaca insolada, ultravioleta y cándida como
la esperanza.
Todos pelean por gritar tierra a la vista.
Pelean, y algunos sobresalen entre perros y ratas.
Y se abrazan a un huevo.