Menu

CONVERSACIÓN CON LUIS MANUEL PIMENTEL

LUIS MANUEL PIMENTEL (Barquisimeto, Lara, 1979). Licenciado en Letras y magister en Literatura Iberoamericana. Ganador de la I Bienal de Literatura Rafael Zárraga (Venezuela, 2011) con el libro Esquina de la

Gladys Mendía 5 años ago 83
Compartir:

LUIS MANUEL PIMENTEL (Barquisimeto, Lara, 1979). Licenciado en Letras y magister en Literatura Iberoamericana. Ganador de la I Bienal de Literatura Rafael Zárraga (Venezuela, 2011) con el libro Esquina de la mesa hechizada. Ha publicado el poemario Figuras cromañonas (2008) y la novela Triángulos alterados (2015). Textos suyos han sido publicados en Doce orugas al viento (2008) y Arquitectura de la palabra (2008), entre otras antologías de poesía, así como en la revista Poesía. Se ha desempeñado como promotor cultural, labor en la que destaca el Festival de Literatura Crepuscularia (Barquisimeto, 2016). Dirige la revista de semiótica El Signo Invisible, de la Federación Latinoamericana de Semiótica. Ha sido docente en diversas universidades en Venezuela con el estudio de la semiótica visual, y actualmente es profesor en la Licenciatura en Cinematografía en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, en México.

Por Gladys Mendía.
Octubre, 2019

GM Luis Manuel, eres escritor y profesor. Somos amigos desde la época de la universidad en Mérida cuando estudiábamos Letras. Actualmente vivimos fuera de nuestro país. Hace dos años saliste con tu esposa e hijos. ¿Qué significa para ti ser un migrante venezolano en México?

LM Uno como migrante empieza a mirarse con una doble alteridad porque debe reinventarse cada día, eso sí, sin perder la fe. Debemos saber que vienen cosas duras desde lo económico hasta lo afectivo. Tener que moverte en espacios con mucho cuidado porque posiblemente haya alguien que está esperando que te equivoques para quitarte del camino. También significa que uno debe adaptarse a los cambios sociales, lenguaje y cultura. Es estar atento a las oportunidades y esquivar las malas vibras. A no confiar de todas las personas por más que digan que te apoyan. A tener que dejar el corazón salvaje y asumir una automática madurez. Sospechar de todo. Tener en cuenta que los tuyos están lejos y que una llamada a la familia es la dosis perfecta para darte valor y recarga energía. Es intentar una y otra vez abrir puertas, tener la mejor de las voluntades para hacer camino. Es convencer al otro con trabajo, reforzar la idea de que somos indispensables para levantar proyectos. Es amor a los que están verdaderamente contigo, conversar del mundo y ver que eres parte del engranaje. Es dolor, oración para que mis padres se mantengan sanos y salvos, es aprender a lidiar con la vida y con muerte desde la distancia. 

GM En medio de la barahunda venezolana, ¿cómo ha continuado tu proceso creativo?

LM Antes de salir de Venezuela, en aquel abril del 2017, cuando la gente tenía toda la euforia de querer derrocar al gobierno, empecé a escribir una novela con los acontecimientos que se daban en La Sucre. La Sucre es la urbanización donde nací en Barquisimeto, allí mi mamá tiene su apartamento desde hace más de 40 años y ha sido nuestro gran nido junto a mis hermanos. En aquel momento, La Sucre se convirtió en un espacio de lucha por la libertad de la ciudad, pero también de Venezuela entera. Los bloques eran un completo desastre. Reinaba el tiroteo, la persecución, el abuso de las fuerzas del orden público. Mirábamos con tristeza profunda la angustia de las madres, las vecinas histéricas, los niños víctimas de los gases lacrimógenos. Durante aquellos días de guerra y muerte nos tocó vivir a mi madre y a mí en varias ocasiones las injurias de la represión.

Nos las vimos tan feas que por un momento pensé que iban a tumbar la puerta del apartamento y nos dispararían a la cabeza a quema ropa. En esa novela que estoy terminando, cuento esa angustia nacional. A veces con una aproximación exacta de la realidad y otras con un poco de ficción.

Cuando salí hacia México en principio sentí que nos veríamos en un año. Pero ya han pasado dos y el regreso cada vez se hace más lejano. Este viaje se convirtió en algo distinto a la ilusión del viajero explorador y turista como lo habría hecho en algunas ocasiones cuando conocí Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina, Brasil, Colombia. Esta salida es para aprender y adaptarse a un México donde la gente y las costumbres no son de uno, por más ciudadano del mundo que digan las consignas.

Todos estos cambios se han visto reflejados en mi literatura de un tiempo para acá, hablemos de cinco años aproximadamente, incluso tengo especialmente con esa temática, la novela que te comenté, un poemario y algunos cuentos, donde no puedo dejar de ser crítico ante la situación que atraviesa Venezuela y su gente; eso me permite, de un modo duro y nostálgico, aproximarme a las realidades que nos atañen.

GM ¿Cómo viviste el éxodo?

LM Es difícil no sentir en cómo se va dilatando el tiempo y lo que era un viaje para probar suerte se va convirtiendo poco a poco en un exilio. Palabra que nunca pensé utilizar para describir esta sensación. Sobre todo cuando te das cuenta que, por más que hablemos el mismo idioma, los pares fraternos están lejos, tan lejos y tan cerca del deterioro social, y eso también duele. Cuando crucé por el puente Simón Bolívar de Cúcuta para ir a Bogotá, fue una sensación de tristeza, impotencia e ilusión. Una mezcla de emociones muy raras, que por un lado creo que siente aquel que a esta hora atraviesa el puente en búsqueda de otra oportunidad digna, porque son bandadas de gente que salen a tratar de cambiar su vida haciendo de aquel movimiento un éxodo.

También veo que todo esto se debe a que el proyecto bolivariano que sembraron hace 20 años, cuando ser joven y no revolucionario era un acto de contradicción, terminó estafándonos. Luego el proyecto se transformó en miseria, corrupción, mentiras,  ansia del poder, espejismo de democracia, imposición del orden, acaboses y caos,  y es un error que no se cura ni con todos los viajes que uno pueda dar por el mundo buscando reinventarse. También sé que hay gente que apoya lo que está pasando, y eso no se discute, porque ellos encuentran dialécticamente una justificación, pero yo no la veo por más intentos que haya hecho. No ha habido una salida inteligente de parte de ninguna fuerza política opositora u oficialista para frenar la cruel realidad. Por eso el éxodo se ha convertido en una solución, casi que con un pensamiento colectivo en oración constante desde cualquier parte del mundo donde estemos: “ojalá podamos volver pronto para recuperar el país”.

Puebla, México/Santiago de Chile, octubre, 2019.