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CARLOS LEITON: Poesía Actual de Chile

CARLOS LEITON (Santiago de Chile, 1982) Ha sido antologado en Voces-30, nueva narrativa chilena (Ebooks Patagonia, 2011), y en Verbo latente, antología de poesía social reciente (Helena Ediciones 2017). Ha publicado

Gladys Mendía 6 años ago 61
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CARLOS LEITON (Santiago de Chile, 1982) Ha sido antologado en Voces-30, nueva narrativa chilena (Ebooks Patagonia, 2011), y en Verbo latente, antología de poesía social reciente (Helena Ediciones 2017). Ha publicado los libros Habitación y concierto  (2011), Mortal y Mandril (relatos, 2012) Eczema del árbol (2016) y Pintor de vidrios rotos (2017). En 2013 obtiene el primer lugar en el concurso literario de la revista Grifo, categoría poesía. En 2016 obtiene el primer lugar en el concurso de poesía Oscar Castro con el libro Eczema del árbol, publicado en instancias del concurso.  Recibe la beca de creación literaria del Fondo del Libro en 2017, para un proyecto de novela.

 

de Eczema del árbol (2016)

 

 

mi lengua y su tensión de esquina es una linterna, sin sonidos alhambra masticada, nadie reconoce estas almenas y tan cerca, cerca de la plaza sus semáforos, bocinas,

cal en las palmas, apoyar en las mejillas

lumbre de esquina

trabajar de gratis

tropezar en la lluvia me protejo

todos se entran

pero ninguno de los que en verdad me interesa, todos se quedan aquí, me exigen ticket, silencio

estas mejillas pintadas de alhambra, mímica de rasgos impensados

la garúa me borronea, corroe el maquillaje, los personajes no se dejan estar

la niebla es bien valorada, su respiración

ese mismo polvo de alhambra

en cuota

en medida de arroz

 

 

 

carnaval de sombra el ojo en tinta

me preguntan de dónde el maquillaje

sirven hiedra y manjar de frío, moquillo

multitud en timbre constante, cantante

quedo fuera ya que el camino es mi invitación

voy de la mano

monóculo el ojo más ciego

el que más enfoca

llovizna de penumbra para delinear corrosión en las maquetas de estos monumentos

que como fachadas

el perdido se echa al bolsillo

 

 

 

el motor silba

el odio es un operario que aguarda en una esquina

un guardia sintonizando otro dial

 

 

 

calle caupolicán

la palabra se refugia en la madera, su papel

celulosa respirada en la semilla del plátano

traducida en una palabra adherida al organismo

ahora ese susurro

pata de gato en la marca de cemento

la voz estornuda el sitio

clava barras al camino

mercado eriazo de los calores ajenos

 

 

 

semilla desperdigada en cefalea

las cosas que no sangran quedan con un eco

tras llevar el bolso muy cargado

un tropiezo escamotea las sobras

 

 

 

acanto

acanto

y trazo la A para blanquear

con  exposición de químico y cuarto oscuro

aquí

otros limbos de linterna

 

 

 

aníbal

dice llamarse el azabache de los bordes

las cortezas de los árboles

las puntas de los lápices

 

aníbal

mi mascota de mano con su diamante

la imagen de yo desnudo

orgulloso, plástico

hincado

 

aníbal

el rostro en los charcos

la construcción repuesta de verbena en lo que se refleja

lo que aqueja

y se enfrenta

 

aníbal

retoña el tropiezo y a dos pasos

sin cabeza

 

 

 

la cuesta arriba mi descanso

lo haces bien, te aplauden

 

aníbal me aplaude cuando los otros callan

prender un encendedor

la cabellera

el incendio grande y silencioso queda en su mano

 

me pasa su encendedor

con la promesa de que si incendio ramas lo haga en secreto

no le cuente a nadie

 

(la pantalla de su cámara le ilumina voz en off

el sauce amasa resinas

olor de eczema mis doce años)

 

 

 

el chasquido despierta

agua en el pico de la paloma me moja la cara

la bicicleta planea en niebla

perros azuzan

mordeduras en los bordes de las monedas

 

 

 

amaso

agasajo la A

y arranco declinación de néctar prendida al pavimento

colecciono abrasiones

desanudo cabelleras

 

 

 

sollozo entre ladrillos y quebrazón del barniz en las uñas

inscribe un árbol

raspa cortezas en el rincón donde mean

de rodillas muerte en vilo

te doy hiedra por pestaña

abrazo espejo mudo

corazón con aliento empaña la noche sauce roedor

 

aníbal mi nombre no le teme

 

los sauces se imponen cuando se inclinan

a los hombres los corroen los escombros que se leen y tragan

 

alabastro esquirla genuflexión de brisa

 

desprovisto el incendio me toma su pecho tallado de avisos