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CRISTINA GUTIÉRREZ LEAL (Coro, Venezuela, 1988).

CRISTINA GUTIÉRREZ LEAL (Coro, Venezuela, 1988). Ha publicado el poemario Estatua de Sal, que obtuvo el Premio XX Bienal de Literatura José Antonio Ramos Sucre (2015) y la plaquette La primera huida

Gladys Mendía 6 años ago 38
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CRISTINA GUTIÉRREZ LEAL (Coro, Venezuela, 1988). Ha publicado el poemario Estatua de Sal, que obtuvo el Premio XX Bienal de Literatura José Antonio Ramos Sucre (2015) y la plaquette La primera huida es única (Los Poetas del Cinco Editora, Colección de Poesía Naciente Venezolana Anhedonia, Santiago de Chile 2018). Su poema “Sé del mar reventando contra un muro”, ganó el II Concurso Nacional de Poesía Rafael Cadenas (2017). En la actualidad realiza estudios doctorales en la Universidad Federal de Río de Janeiro.

Selección por Gladys Mendía.

 

*

Es hora de acumular ciertas certezas, me digo.

Es que uno abandona la cama

intenta caminar escamoteando el hundimiento

entonces en el pecho se crece ese maldito ardor.

Para envejecer quietos necesitamos certezas.

Me digo esto sobre todo los días

en que la tragedia asoma su cola y nos deja doblados,

torcidos.

Anhelo enterarme cómo somos escogidos para sufrir

quiero saber

si ese animal que provoca desgracias se despierta

se bate un poco, estira los brazos

y sus lagañas matutinas caen al azar.

Es necesario tener la certeza, me digo

que la tragedia no toca de a una por persona

como el amor.

Que bien podemos tener todas las plagas una tras otra,

sin opción a quejas, a berrinches, a póstumos dramas

existenciales.

Nos enseñaron a dudar, a sospechar, a pregunta

Sí.

pero esta súplica que extiendo hoy,

(Léase bien: súplica)

es para ofrecer todo cuando tengo

para que alguno venga

a regalarme la certeza

de que cuando las nuevas tragedias pasen

ya no vendrán más

que estaremos absueltos.

Quiero decir que ofrezco mis viajes todos

a cambio de que alguien venga cansado de tanto

correr entre uno y otro destrozo

y me diga

que ha pasado una rayita encima de nuestros

nombres

que no me queda un amigo

un ser amado

pendiente por recibir los coletazos de la desgracia.

Que todos han sido ya marcados.

Que fue suficiente.

 

 

Sin puñal

Quise escribir con toda la rabia del mundo

buscaba la imagen que sostuviera mi enojo

Desperté madrugada tras madrugada

intentando crear nuevas palabras

a falta de una que describiese

el exacto sonido de mis muelas rotas de tanto

apretar la mandíbula

Creía inefable

mi fruncir de ceño

mi cuerpo giroscopio

Perdona, me dije

no sin antes nombrar el odio con todos sus pesares

con todas sus vertientes

yéndome por todas sus ramas.

Recuerdo cómo quería escribir cortando

hiriendo con mi lesión

quería escribir con un puñal

y llenar de pus y sangre techo paredes espejos

Pero olvidé

mi rabia

y mi puñal

Me quedó este olvido calmo,

sosegado

demasiado cansado.

 

 

El primer suicidio es único.

Siempre te preguntan si fue un accidente

o un firme propósito de morir.

Miyó Vestrini

 

La primera huida es única

siempre te preguntan cuándo vuelves

teniendo en cuenta la distancia repetida

algunos toman para sí lejanías más hondas

silencios y aporías

Cuando la huida se vuelve tótem

costumbre de los tristes

muy pocas son las preguntas ya

no importa cuándo vuelves

allá aquí acullá

opacidad si vuelves

La primera huida es única

luego absolutamente todo sucumbe al espejismo

de lo lejos

y todo es añoranza mimimi

todo es saudade blablablá.

Queda el hartazgo

la mueca de aquellos que asumen olvido

cuando dicen

despedida

infranqueables lenguajes del adiós

la fuerza más minusválida del abrazo.

La primera huida es única.

 

 

*

Sé del mar reventando contra un muro

cómo me asusta cuando levanta demasiado su oleaje

cuando enfría sus aguas y es imposible.

Sé de gente buena acodada en puentes

contemplo sus miradas cristalinas y la mía se envidria

me siguen enfermando mis ojos litorales

mis costas.

He visto desde un balcón

un río que divide tres países

abrí ya muchas veces mi puerta para saludar

desconocidos

ya estiré una nueva lengua

ya me senté lo más al norte posible

ya estuve en la última calle de un país

ya fui todo lo insular que pude

ya he puesto toda mi fe en un viaje

ya he querido volver y abrazar

corro tras un nuevo paisaje que se alborote en mis ojos

vivo huyendo de este lugar que soy

pero el desarraigo no me cura

no me cura.