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VALERIA ZURANO: NARRATIVA ACTUAL ARGENTINA

Valeria Zurano: poeta, escritora, profesora de literatura, magíster en escritura creativa. Ha editado los siguientes libros: La vía circular, La vida privada de los trenes, La belleza del resentimiento. Conjuro

Gladys Mendía 5 años ago 51
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Valeria Zurano: poeta, escritora, profesora de literatura, magíster en escritura creativa. Ha editado los siguientes libros: La vía circular, La vida privada de los trenes, La belleza del resentimiento. Conjuro para detener el temblorOperación Claridad. El libro de las hormigas. El Gran Capitán-Crónica de un viaje al LitoralLas Damas Juegan Ajedrez. Barco en Llamas.

Obtuvo las siguientes distinciones: Primer Premio de Poesía de la Municipalidad de Córdoba año 2017. Primer Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes 2010. Tercer Premio de Cuento en el Concurso Nacional Leopoldo Marechal 2010. Primer Premio en el Concurso Internacional de Cuento Breve Babel 2009, Córdoba. Primer Premio de Poesía Concurso Nacional Leopoldo Marechal 2008. Integra antologías nacionales e internacionales, algunas de ellas son “Voces con vida”, I Concurso de Cuento Breve, Salón del libro Hispanoamericano Ciudad de México. “Tránsito de fuego”, Jóvenes Poetas Latinoamericanos 1972-1990, por la Casa Nacional de Letras Andrés Bello, Caracas 2009, Venezuela.

Selección por Gladys Mendía del libro La vía circular (2019)

Un auto propio

  

Les dije suavemente que bebieran vino
y que tuvieran una habitación propia.

Virginia Woolf en “Un cuarto propio”

Mis excursiones se extienden por territorios descampados y neblinosos, llevo cosas que le dan al viaje un aire de expedición. Nací y crecí en una “zona de salvajes” que, hasta hoy, sufre la Campaña al Desierto. Este es otro desierto, el del conurbano. Para manejar por esta selva de cemento, llevo un desodorante de ambiente que atenúa el humo de la cabina (las distancias son largas y fumar acompaña las rectas), un WD-40 que se consume en la tirantez del cable del embriague, una navaja mariposa hallada en los mobiliarios de una panchería, la guía Filcar del 97, los guantes con los que en 1970 mi abuelo cruzó la Ruta del Desierto a bordo de una citroneta.

No hay viaje en que no lleve una foto de Dorothy Levitt junto al espejo retrovisor, ni que deje de recordar su filosofía del manejo, toda una cosmogonía sobre un mundo oculto. Su libro La mujer y el automóvil, un manual amigable para todas las mujeres que compiten en automovilismo o desean hacerlo es el contrapunto teórico al machista: andá a lavar los platos. La inglesa se afirma al volante y aconseja a las mujeres automovilistas llevar un espejo para mirar hacia atrás –con esto inventaba el espejo retrovisor que por ese entonces no existía en ningún auto- móvil– y para quienes viajan solas, un revólver.

En 1903 Dorothy se divertía infringiendo los límites de velocidad, fue una competidora incansable, escritora de automovilismo deportivo, activista de los derechos de la mujer, marcó un récord de velocidad y fue nombrada por la prensa sensacionalista “la chica más rápida del mundo”. En una foto de 1909 vemos a Dorothy que prepara el carburador de su auto con un mameluco de mecánico diseñado por ella misma.

Dorothy extendía el concepto de un cuarto propio de la escritora Virginia Woolf a la necesidad de que las mujeres además de tener un espacio que les perteneciera, tuvieran independencia económica para escribir, para vivir y, ¿por qué no?, un auto propio. La veloz y tímida Dorothy anota en su diario: “…quizá haya placer en tomar whisky con amigos y parientes… pero el verdadero placer intenso solo se alcanza cuando se conduce el automóvil propio”.

Siempre me negué a manejar autos ajenos. La responsabilidad, y ese entendimiento que debe haber entre el motor y el cuerpo, el cuerpo y el espíritu. Las expediciones comenzaron con mi primer coche, un Fiat 600 modelo 77 color naranja, original, naftero, con volante de madera y motor reciclado. Ese era mi cuarto propio, biblioteca ambulante y sala de lectura que en invierno se calefaccionaba con el calor del motor. Ahí la extravagante Dorothy fue recorriendo las extensas rutas rodeadas de campos verdes de la provincia de Buenos Aires: fines de semana en Areco, Chascomus, Zárate, Las Flores, Marcos Paz, Tandil, Olavarría, Balcarce. El fitito era un minúsculo monoambiente, una ratonera donde coincidían historias como los consejos de Dorothy con el luminoso ensayo de Virginia Woolf, tener un espacio para escribir, para leer, para soñar: el auto y los libros, dos espacios reservados al repetido mundo masculino.

Fue así como el Fiat pasó a ser el cuarto propio de un auto propio, se transformó en el lugar ideal para la reflexión del manejo, el recitado de un poema, la música acompañando las imágenes, las palabras fluyendo en la conciencia, escribir con el pensamiento, el gesto detenido de la mano sobre los cambios, el andar en todo sentido, esa escucha atenta al sonido de los motores: el motor del pensamiento y del lenguaje.

Siempre preferí el esfuerzo de conseguir un auto propio, un cuarto propio, para ser consecuente con mis auténticos motores: la libertad, la creatividad, la aventura, la pasión. Elegí escuchar mi motor antes que aceptar dócilmente los destinos estipulados para una mujer (casarse, tener hijos, ocuparse de los quehaceres domésticos). En mis expediciones jamás voy sola, llevo talismanes-objetos, presencias-ausencias, palabras-silencios, recorro las rutas verdes del conurbano hasta el desierto de la pampa en un paisaje que no me es ajeno. Llevo conmigo un espacio que es propio, físico y abstracto, que va más allá del auto, de la habitación y del paisaje.

valeria narrativa