
Jessica Sequeira es poeta, novelista y traductora literaria. Sus libros incluyen Taal, Chacal dorado, Una ostra furiosa, Rombo y óvalo, Otros paraísos, Jazz de los afectos y Una luminosa historia de la palmera. Ha traducido más de treinta libros de autores latinoamericanos, entre ellos Augusto Monterroso, Daniel Guebel, Winétt de Rokha, Teresa Wilms Montt y Gabriela Mistral. Tiene un doctorado en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Cambridge, donde estudió la influencia de India en la poética de escritores latinoamericanos, y actualmente es investigadora postdoctoral Fondecyt en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Como parte del grupo musical Lux Violeta crea canciones con letras de poesía, y ritmos latinoamericanos y asiáticos. Vive en Santiago de Chile.
El mar
Llevo en mí los cuerpos transparentes del plancton,
miles de organismos suspendidos en corrientes frías
que me atraviesan en una circulación
ausente de centro, que no termina en piel
Los desplazo por el Pacífico,
que tampoco conserva forma fija,
y que levanta su masa alterada,
luego se repliega sin dejar de contener lo vivo
En mí habitan sardinas, anchovetas,
merluzas, calamares, atunes,
formas que sólo duran mientras el agua las sostiene
Los conduzco hacia la orilla sin decisión,
donde la continuidad se interrumpe
en redes que cierran, aves que descienden,
gargantas que absorben
Lo que pasa en la orilla
también tiene su efecto dentro de mí
Los que comen plancton devuelven sus restos al suelo,
y el suelo responde con sustancias,
empleadas para otros usos,
al conflicto, la técnica
Guano, salitre, pólvora,
formas distintas de un mismo residuo en circulación
Mis aguas frías también sostienen transformaciones,
sus corrientes profundas cambiando materia en materia,
todo llevado a devenir otra cosa,
pero sin dirección final,
sin el cálculo que organiza el daño
Yo no continúo así por voluntad
Yo continúo porque no hay quietud en mí
El río
Arrastro sedimentos
en el torrente de mi calma
Lo vivido, lo impulsado,
busca en mí
Impulso y conjetura
me llevan a la certeza
—o a su ilusión—
y salto veloz
con mis peces
goteando brillantes,
por un momento
rozando las estrellas
Soy pez madre
de todos los peces dentro mío
Con las piedras
llevo mucho tiempo aquí
Lo que hoy se come,
mañana es sagrado
Lo que hoy es placer,
se vuelve tabú
Inventan narrativas,
nombran actos,
ordenan con música
para hablar
de mis tránsitos
Llevo ramas, barro, metales
Mis escombros insisten
La verdad
es un destello de luz
en el remolino,
lo cual no significa
que no esté ahí