En efecto, la naturaleza de los astros
es una esencia eterna, lo que mueve es eterno
y anterior a lo que es movido, y lo que es anterior
a una esencia es necesariamente una esencia.
Aristóteles, Metafísica, XII, 8, 1073b
Los hermanos astro
Un ánsar presta su lira de cuello
Allí vienen sus hijos, nacidos sin dimensión
Se habla de cuatro pómulos, luego
duales se fusionan por ser pintura
A ella le sobresalen hasta el vacío, no retornan
por ser siervos del jamás.
Son simples como el espacio
Dignan de una espalda monárquica
El otro es liebre y representa la luz de plata
¡De esta unión he dividido mi alma!
Como un vórtice parecido al imán
los admiro de puntitas sobre las amarillas catedrales
Ah, leyenda de violines que arrepentidos hoy son planeta
Ella respira como defensa, y su estirpe saluda al prepararse para caer;
mi merecida memoria ha resistido
Él tiene espalda de muralla, se abrigan todos los alados que
la atmosfera son
Andante, andante
Que no cesen los orificios de su flauta nariz
Ella sostiene a quien sostiene el cielo
Son hermanos: antebrazos, miren, está la gloria
Liviano soprano, precioso, qué bajo ahora están sus pasos
Costumbres del héroe y el baronet
Son semejantes a un palacio de telas que respiran comprendiendo
Originé, por supuesto, corcel blanco y cachorro tigre.
Estas son las profecías de la conciencia
Así, bebido he de su lejanía virgen
Así he celebrado funerales en el candelabro
Desde allí me he colgado para hacer maromas
Polvo de nenúfar, sí, he regresado al camino
Son lo que oí para siempre
Él es la comarca
Son mi espíritu llamado astro.

MARÍA JOSÉ DE NÓBREGA SOSA (Mérida, Venezuela 1997). Estudiante del cuarto semestre de Letras mención Lenguas y Literaturas Clásicas en la Universidad de los Andes. Ganadora del XX Concurso Nacional de Poesía Joven Lydda Franco Farías.
Es el himno absoluto de quien posee la claridad en llamas.