
En su libro “Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe”, Octavio Paz dice que “encontraron una fe de bautismo en la parroquia de Chimalhuacán, a cuya jurisdicción pertenecía Nepantla. En ella se asienta que el 2 de diciembre de 1648 fue bautizada una niña “Inés, hija de la iglesia…” y que es casi seguro que se trataba de Sor Juana Inés de la Cruz. Hace tres siglos y cuarenta años que nacía la poeta de los célebres sonetos. Un conocido autor decía que el genio se debía a una mayor intensidad y de esta última no podemos dudar en lo que se refiere a Sor Juana.
Escribía:
“Especular las desdichas
y examinar los presagios
sólo sirve de que el mal
crezca con anticiparlo”
Lo que es muy cierto y es síntoma de vida intensa interior. Hoy en día se ha puesto de moda aquello de “preparar” a la persona para una muerte cercana. “No sufrimos mucho porque estábamos preparados” se oye decir a menudo, dándonos cuenta de que se emplea lo racional como un mero mecanismo de defensa ante el mal. Pero ¿quién, siendo sensible y no dando prioridad en su vida a lo racional, puede eliminar súbitamente su sensibilidad y emplear mecanismos que no le son afines y que le resultan limitados? Todos sabemos que la razón no sirve para aquietar al poeta ni al creador en general porque su existencia se ha entregado de lleno a lo sensible, a lo imaginativo, a la intuición. Dentro de este horizonte, el transcurrir diario vital le resulta mucho más llevadero al reflexivo porque recibe las buenas o las malas nuevas dentro de un molde establecido y estrecho, un molde racional. Habría que decir a los empecinados racionalistas que la sensibilidad no necesita de la intervención racional cuando se trata de preparación de nuevas buenas o malas. Porque ella se ha encargado, ante una situación, de intensificar lo negativo o lo positivo, de sensibilizar, de imaginar. La única ventaja o una de las pocas ventajas de lo sensitivo es que, al experimentar días claros, aumenta o se acrecienta la alegría y se imaginan palabras, encuentros, momentos de encantamiento que una mentalidad, encallada en lo ilimitado, no puede disfrutar. De ahí los versos de Sor Juana: el mal crece con anticiparlo pero la felicidad también. Las dos caras de una misma moneda.
Como aún es reciente la celebración del día de la Mujer, recordemos que Sor Juana fue rebelde en su época y ya se inquietaba por la creatividad femenina. Nos dice Octavio Paz que en palabras de Dorothy Schons , es “la primer feminista de América” y continúa diciendo: “pide la educación universal para las mujeres, impartida por ancianas letradas en las casas o en instituciones creadas con este fin”.
Su misma intensidad le hacía ver los problemas tanto divinos como humanos.
“¿Ves de tu candor que apura
al alba el primer albor?
Pues tanto el riego es mayor
cuanto es mayor la hermosura”
Podemos ver despejadamente la capacidad para reír o sufrir pero que ello no signifique queja. No hay nada más abrumador que el sensible quejoso. Sor Juana Inés de la Cruz, en esta fecha, es ejemplo de embeleso interno y sobriedad, de sentir lo alegre como si fuera inesperado, de ahí su sobresalto y de imaginar sobre la dureza, sobre el dolor, con sentir no razonable sino extremo.
*El Universal. 27 de abril de 1988. 4.1
Sobre Ida Gramcko:
Ida Gramcko (Puerto Cabello, 1924 – Caracas, 1994). Poeta, ensayista y dramaturga venezolana. Licenciada en Filosofía por la Universidad Central de Venezuela. Fue Profesora de Literatura en la misma UCV y en el Instituto Pedagógico de Caracas. También se desempeñó como profesora de Filosofía en el Centro de Arte Gráfico. Con tan solo 19 años, se convierte en la primera reportera de periodismo policial y cronista en el diario El Nacional. Es autora de los libros de poesía: Umbral (1942), Cámara de cristal (1943), Contra el desnudo corazón del cielo (1944), La vara mágica (1948), Poemas (1952), Poemas de una psicótica (1964), Lo máximo murmura (1965), Sol y soledades (1966), Este canto rodado (1967), Salmos (1968), Los estetas, los mendigos, los héroes (1970), Sonetos del origen (1972), Quehaceres conocimientos y compañías (1973), Salto Angel (1985), Cantos a Perséfone (1988), Treno (1993) y Obras escogidas (1988). También publicó los libros de narrativa Juan sin miedo (1954) y la autobiografía Tonta de capirote (1972). Publicó los libros de teatro María Lionza (1956), La Rubiera (1956), La dama y el oso (1959) y Teatro (1961), y los ensayos El jinete de la brisa (1967), Preciso y continuo (1967), Magia y amor del pueblo (1970), Mitos simbólicos (1973), Poética (1983), Historia y fabulación en “Mi delirio sobre el Chimborazo” (1988) y el libro híbrido 0 grados norte franco (1969). Obtuvo los siguientes reconocimientos: Premio de la Asociación Cultural Interamericana (1942), Premio de Teatro del Ateneo de Caracas (1958), Premio de Prosa “José Rafael Pocaterra” (1961), Premio Municipal de Poesía (1962), Premio de Poesía de la Universidad del Zulia (1964) y el Premio Nacional de Literatura (1977). Recientemente, en 2024, LP5 Editora ha publicado su poesía reunida en tres tomos, su autobiografía Tonta de capirote, Poética, 0 grados norte franco.