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Seis poemas de Antonio Di Bianco

Antonio Di Bianco, Italiano, psicologo. Habla cuatro idiomas y escribe desde los 16 años. Empezó a escribir en el 2011 y nunca ha parado, escribe: poemas, artículos periodísticos, letras de canciones y ocasionalmente cuentos. Sin embargo, también ha logrado publicar en: Venezuela, Italia, Colombia, México, Argentina, Chile, Perú, EE.UU, Malta, Brasil, República de San Marino, Rumanìa y España. Escribe en: italiano, español, portugués, inglés y rumano.

Su primer libro «Que sean ojos nuevos», una colección de poemas valientes, se publicó en diciembre de 2023 y alcanzó el primer lugar en México e Italia en Amazon.

Gladys Mendía 11 meses ago 87
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Antonio Di Bianco, Italiano, psicologo. Habla cuatro idiomas y escribe desde los 16 años. Empezó a escribir en el 2011 y nunca ha parado, escribe: poemas, artículos periodísticos, letras de canciones y ocasionalmente cuentos. Sin embargo, también ha logrado publicar en: Venezuela, Italia, Colombia, México, Argentina, Chile, Perú, EE.UU, Malta, Brasil, República de San Marino, Rumanìa y España. Escribe en: italiano, español, portugués, inglés y rumano.

Su primer libro «Que sean ojos nuevos», una colección de poemas valientes, se publicó en diciembre de 2023 y alcanzó el primer lugar en México e Italia en Amazon.

La Jaula

En el espejo,
ya no me veo.
Una oscuridad que no pasa,
una prisión de carne,
que camina sin pedir perdón.
Cada día es como un vestido que no sé que llevo.
El hambre me tapa la boca.
Una voz que no sé escuchar,
un desierto que no se puede llenar
porque es un vacío de instantes,
que trago y rechazo
como si tuviera un mapa que no quiero descifrar.
La comida se hace estrella fugaz en la garganta.
Imagen fragmentada
en mil partes,
en mil verdades que no quiero.
Sigo buscándome,
entre las olas de este mar,
no hay orilla, no hay amor.
Carne y aliento,
un río que no sé cómo detener.
Soy un rompecabezas roto,
pensante y torcido.
Donde cada paso pesa demasiado,
gritos de ayuda rozados,
de un vacío que se hace voz.
Que no sé desafiar
y me arranca,
como el hilo de un tejido demasiado estrecho
para ser reparado.
Y sigo corriendo,
en un círculo que no deja de apretar,
entre un cuerpo que crece y una mente que implora ser libre.
Soy solo alguien que intenta
mantenerse en pie
sin quebrarse,
sin huir más
de un cuerpo que no sé aceptar,
de un aliento que ya no sé respirar.
Y, sin embargo, en algún rincón escondido,
todavía estoy aquí.

Caza de brujas

Han tejido la red,
pero no para los monstruos.
Culpas que no tengo,
en el horror que se evapora,
marcado,
pero sin pecado.
Miro sus ojos oscuros,
y disuelvo los pensamientos.
Aúllan, palabras al viento,
porque sus tinieblas
son frágiles.
Incapaces de ver
quién soy en realidad.
Persiguen las sombras
de sus mentes aplastadas.
Me llamaron distinto.
Afilaban palabras y espadas,
mientras yo me iba,
caminé entre el humo de sus mentiras.
Tomé los pedazos de mí
que intentaban esconder,
mientras sus manos trataban de atrapar
lo que no pueden comprender.
Excavaron fosas llenas de palabras vacías,
pensaban enterrarme en su mediocridad,
pero esa lápida no lleva mi nombre.
Soy el reflejo distorsionado
de sus miedos.
Ellos se hunden,
pero yo sigo a flote.
Soy la bruja que no pueden quemar,
soy un fuego que no pueden apagar.
Demasiado grande para sus manos mínimas.
A pesar del odio,
estoy aquí,
más alto,
más feroz,
más libre.
Ellos huyen,
pero yo soy la llama,
que no deja de arder.

El Aburrimiento

El tiempo se desliza como arena entre los dedos,
y yo me quedo,
vacío, mirando cómo desaparece.
Un juego de sombras sobre la piel,
donde cada pensamiento parece un eco
que rebota entre las paredes del corazón.
No es el silencio lo que da miedo,
sino su abismo,
el vacío que toma el rostro
de mil rostros jamás vistos.
El alma flota, suspendida,
entre las ganas de huir y la ausencia de un lugar adonde ir.
Y, sin embargo, el aburrimiento canta,
una melodía que sabe a dolor y esperanza,
un aliento que se quiebra
entre las líneas del corazón,
como un hilo tenso
entre dos mundos que nunca se encuentran.
Cada emoción es un huracán que nace
y muere antes de rozarme,
cada alegría, una hoja caída
de las manos de quien ya no sabe qué hacer.
La mente danza sobre un hilo sutil,
entre el todo y la nada, siempre suspendida,
y yo, perdido en este vértigo,
ya no sé si vivir o solo ser.
Y mientras tanto, el aburrimiento continúa,
es un fuego que no quema,
un silencio que no es paz.
Es como un río que fluye lento,
sin llegar nunca al final,
solo el ruido,
la presencia de lo que nunca es
lo que parece.

El arte de evolucionar

Las sombras se disuelven si me alejo.
Como un paso atrás,
silencioso,
en los espacios vacíos entre las manos,
desaparezco.
Así como una semilla en la tierra.
Como la hierba que crece después de la lluvia.
Suspendidas entre las hojas, que el viento retiene,
palabras jamás dichas.
Susurros de una noche fría.
Donde la luna brilla con el corazón en el cielo.
Solo fuego que se apaga dulcemente.
Un reflejo de luz entre las brasas.
En mis senderos,
la tierra acoge el peso de cada paso.
Soy la lluvia que cae.
Estoy en el río que me lleva,
soy el agua que fluye,
hacia un mar que aún no conozco.
Donde el amor reposa,
aprender a ser parte del mundo,
como una llama que danza,
una gota en el gran océano.
O el viento que sopla fuerte.
Me alejaré otra vez,
ojalá pudiera reír toda la vida contigo.
Un ciclo infinito de alegría y serenidad,
eso es lo que quisiera,
pero el amor no basta,
una vida no basta.
Entonces me perderé de nuevo,
lejos de ti.

Ellos saben

Ellos saben, dicen, cómo estoy hecho.
Hablan como si me hubieran inventado.
Dos versos leídos de reojo,
y ya me empaquetan con la cinta de su juicio.
Saben mi pasado, y mi presente,
y sin duda también mi futuro, mis sueños escondidos.
Saben de dónde vengo,
adónde voy. Se jactan de comprender,
pero no escuchan.
Necesitan etiquetas, no verdades.
Descifran mis silencios,
cortan mis frases
con tijeras de convicción.
Las pegan en sus páginas de miedos,
para ellos un poema es una confesión,
una línea torcida es una culpa,
una metáfora es una etiqueta
para cosérmela encima sin preguntar.
Les basta contarse a sí mismos quién creen que soy.
Me leen sin verme,
me citan sin comprenderme.
Y aplauden convencidos
las palabras que nunca he dicho.
Ellos saben lo que llevo dentro,
para quién escribo, por qué tiemblo.
Pero nadie me ha preguntado
qué significa mi silencio.
Nadie ha preguntado
si tengo miedo o si es solo cansancio.
Yo no soy su espejo,
no soy la trama que esperaban.
Ellos saben,
pero solo lo que les conviene.
Me han dibujado
con la tinta de otros,
soy la voz que se escapa,
la línea que no encaja.
Siguen hablando,
mientras yo me reescribo a mí mismo.
Yo sé quién soy.
Y eso, los asusta.

Te he buscado

Te he buscado, cuánto te he buscado,
en las noches vivas de Sevilla,
en la magia de San Francisco,
en los colores de Ámsterdam,
en las calles de Londres.
Te he buscado volviendo a casa,
y te he buscado yéndome.
He cambiado de forma y de idioma,
para encontrarte donde no creía que estuvieses.
He rezado por encontrarte,
me he perdido por las cosas del mundo,
para que te pudieses cruzar conmigo.
Pero tú no estabas.
Estaba agradecido por tu ausencia y me marché.
Cada día,
cada noche,
cada amanecer,
cada pensamiento es para ti,
estoy listo,
para amarte.
Corres