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JAIME HUENÚN VILLA: POESÍA MAPUCHE-HUILICHE ACTUAL

Jaime Huenún Villa (Valdivia, 1967) Escritor mapuche-huiliche. Premio Pablo Neruda 2005. Ha dirigido la revista de literatura y arte Pewma (El Sueño; 1993-2000) y Almapu y realizado talleres de expresión

Gladys Mendía 2 años ago 180
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Jaime Huenún Villa (Valdivia, 1967) Escritor mapuche-huiliche. Premio Pablo Neruda 2005. Ha dirigido la revista de literatura y arte Pewma (El Sueño; 1993-2000) y Almapu y realizado talleres de expresión poética en Temuco. Profesor de poesía indígena latinoamericana en la Universidad Diego Portales. Ha publicado: Ceremonias, Universidad de Santiago de Chile, 1999; descargable desde Memoria Chilena; Puerto Trakl, LOM, 2001; Reducciones, crónica en prosa y en verso sobre sus orígenes en el sur de Chile; LOM, 2012; Fanon city meu, Das Kapital, 2014; La calle Mandelstam y otros territorios apócrifos, Fondo de Cultura Económica, 2017; Ceremonia de los nombres / Kawiñtun Üyelüwün Mew, 42 poemas; Pehuén, 2021.
Huenún es autor de dos antologías de poesía mapuche: 20 poetas mapuches contemporáneos (LOM, Santiago, 2003) y La memoria iluminada. Poesía mapuche contemporánea (Maremoto España, 2007). Ha compilado también un volumen de cuentos El pozo negro y otros relatos mapuches (Pewma, 2001), así como Los cantos ocultos (LOM, 2008) —producto del encuentro de poetas y escritores indígenas latinoamericanos que organizó entre el 24 y el 28 de octubre de 2007 y que reunió a 11 poetas indígenas de América Latina y 17 poetas mapuches y aymará de Chile— y Lof sitiado. Homenaje poético al pueblo mapuche de Chile (LOM, 2011). Ha participado en diversos festivales de escritores y sus poemas han sido traducidos a varios idiomas.
Sobre su identidad, ha dicho: “La verdad es que no puedo sentirme sino mitad huilliche, mitad huinca, porque mi madre no es indígena. Sin embargo, desde los diecinueve años estoy descifrando mi pasado, buscando las raíces. Claro que antes de todo, soy poeta”.

Selección de Gladys Mendía


LIBRO

Sólo puedo leer tu cara, huenún jaime luis,
sietemesino feo, sólo
puedo leer tu mitad hijo,
tu mitad hueso y calavera encarnada,
tu débil número negativo
hecho de cuarteada eternidad y carne.
Sólo puedo leer tu mitad
padre, hermano, aquel
que diariamente sale a conseguir
una mísera ración de estrellas, exiguo alimento
de palabras que no saben todavía ni
siquiera balbucear.
Sólo puedo leerte al lado de Otro,
sólo junto a los conjuntos rotos de tu madre,
sólo solitario pero nunca solo,
mal ladrón de la blancura de las Páginas.
Sólo puedo leerte juntando las letras
de tu vuelo de mosca reventado
al pie de un poema de Tu Fu.
Sólo puedo leer tu raíz falsa, huenún
jaime luis, hombre
o duende porfiado o malo de la cabeza,
sólo puedo leer la mitad
del aire que te hace viejo,
la otra mitad la ganas
con el sudor de tus ojos
y aquello
no tiene explicación en mi alfabeto.

CEREMONIA DE AMOR

Los árboles anoche amáronse indios: mañío e ulmo, pellín
e hualle, tineo e lingue nudo a nudo amáronse
amantísimos, peumos
bronceáronse cortezas, coigües mucho
besáronse raíces e barbas e renuevos, hasta el amor despertar
de las aves ya arrulladas
por las plumas de sus propios
mesmos amores trinantes.
Mesmamente los mugrones huincas
entierráronse amantes, e las aguas
cholas abrieron sus vertientes alumbrando, a sorbos
nombrándose, a solas e diciéndose: aguas buenas, aguas
lindas, ay pero violadas somos aguas Rahue,
plorosas Pilmaiquén, floridas e parteras e aún felices
las arroyos que atraviesan como liebres
los montes e los cerros.
E torcazos el mesmo amor pronto ayuntáronse
los Inallao manantiales
verdes, las Huaiquipán bravías
mieles, los Llanquilef veloces
ojos, las Relequeo pechos
zorzales, las Huilitraro quillay
pelos tordos, los Paillamanque
raulíes nuevos.
Huilliche amor, anoche amaron más
a plena chola arboladura, a granado
cielo indio perpetuo
amáronse, amontañados
como aguas potras e como anchimallén encendidos, al alba
aloroso amáronse,
endulzándose el germen lo mesmo
que vasijas repletas de muday.

FOGÓN

Menos que el silencio pesa el fuego, papay, tu
gruesa sombra que arde
entre leños mojados;
menos que el silencio a la noche
y al sueño,
la luz que se desprende
de pájaros y ríos.
“Hermano sea el fuego”, habla, alumbra
tu boca,
la historia de praderas y montañas
caídas,
la guerra entre dioses, serpientes
de plata,
el paso de los hombres
a relámpago y sangre.
Escuchas el galope de las generaciones,
los nombres enterrados
con cántaros y frutos,
la lágrima, el clamor de lentas caravanas
escapando a los montes de la muerte y la vida.
Escuchas el zarpazo del puma
al venado,
el salto de la trucha en los ríos
azules;
escuchas el canto de aves adivinas
ocultas tras helechos
y chilcos florecidos.
Respiras ahora el polvo de los nguillatunes,
la machi degollando el carnero
elegido;
respiras ahora el humo ante el rehue, la hoguera
donde arden los huesos del largo sacrificio.
“Hermano sea el fuego”, dices retornando,
el sol ancho del día
reúna a los hermanos;
hermano sea el fuego, papay, la memoria
que abraza en silencio la sombra
y la luz.

*Papay es el nombre afectuoso que se da a las ancianas.

CISNES DE RAUQUEMÓ

Buscábamos hierbas medicinales en la pampa
(limpiaplata y poleo, yerbabuena y llantén).
El sol era violeta, se escarchaban los pastos.
Bajaba el Rahue oscuro, ya sin lumbre de peces.
Oímos mugir vacas perdidas en la Vega,
y el ruido de un tractor camino a Cancha Larga.
Llegamos hasta el río y pedimos balseo,
un bote se acercó silencioso a nosotros.
Nos hablaron bajito y nos dieron garrotes,
y unos tragos de pisco para aguantar el frío.
Nadamos muy ligero para no acalambrarnos.
La neblina cerraba la vista de la orilla.
En medio del junquillo dos cuerpos de agua dulce,
blancos como dos lunas en la noche del agua,
doblaron sus dos cuellos de limpia plata rotos,
esquivando sin fuerza los golpes y el torrente.
Cada uno tomó un ave de la cola o las patas,
y remontó hacia el bote oculto entre los árboles.
Los hombres encendieron sus linternas de caza
y arrojaron en sacos las presas malheridas.
Nos marchamos borrachos, emplumados de muerte,
cantando unas rancheras y orinando en el viento.
En mitad de la pampa nos quedamos dormidos,
cubriéndonos de escarcha, de hierba y maleficios.

PURRÚN

Yo la miro
danza
canelo florecido lleva en sus manos
danza
sus pequeños pies llenos de tierra
danza
flores del ulmo y miel en su cabello
danza
ríe y danza
bebe su muday
Yo la miro
yo no danzo
y el polvo que levanta el baile
me oculta
ante sus ojos

*Purrún: baile colectivo usado en el “nguillatún” y otros ceremoniales.

HERMANA

Aquellos ojos del color del color,
a una altura gris, miran
copihues, hilos de agua.
¿Es por el viento de esta hora su silencio o
son abejas borrachas
trayendo miel y sangre
al panal de sus sienes?
Porque el agua es hermosa,
y el cielo es hermoso
y ambos son buenos amigos -dice.
Porque la luz es mi alma en la estrella,
y mis pechos son fuentes de luz.
Porque callados sabemos lo que somos:
el águila y el cisne,
el venado y el puma,
montañas, manantial y viento,
sementeras de la eternidad.
Los versos en cursiva pertenecen al poeta Pablo de Rokha.

MARERA

Detén el mar, hermana oh,
detén el mar entre tus piernas.
Detén el sol, hermana ya,
detén el sol fijo en tus ojos.
El sol y el mar harán rulamas
que sacaremos de la roca.
Y jaibas grandes y rojizas,
y lunfo y luche y cochayuyo.
No mires mal, hermana no,
no mires mal hacia la Isla.
Huenteao habla en cada ola,
y con sus nubes tapa el sol.
Báilale bueno un cielito,
tócale banjo y mandolina.
Se reirá el Viejo en la Piedra,
y hará que el sol vuelva a salir.

*Los viejos Huilliches de la provincia de Osorno aún realizan el viaje
ritual y alimenticio hasta las playas de Pucatrihue. Allí, después de
hacer rogativas a Huenteao, se convierten en mareros, pescadores y
recolectores de orilla que trabajan el mar para vivir.

CEREMONIA DE LA MUERTE

UNO
(Forrahue)

“…alzaban sus manos
ensangrentadas al cielo…”
(Diario “El Progreso” de Osorno
21 de octubre de 1912)

No hablábamos chileno, mi paisano,
castellano que lo dicen.
Copihue sí, blanco y rojo,
flor de michay,
chilco nuevo.
No sabíamos de Virgen ni de Cristo, padrecito,
ni del Dios en las Alturas.
Jugábamos tirándonos estiércol de caballo en los potreros;
robábamos panales a los ulmos y a los moscos,
y pinatras a los hualles de la pampa;
mirábamos desnudas bañarse a las hermanas
con manojos de quillay en el arroyo.
Malo era.
Sí.
Por eso vino envidia y litigio y carabina;
por eso se volvieron lobos los venados y los peces.
Malo era, paisanito, malo era.
Comíamos caliente el crudo corazón de un cordero
en el lepún;
rezábamos huilliche al ramo de laurel
junto a la machi;
matábamos con fuego al que mete huecuve
contra el cuerpo y contra el alma.
¡Brujo diablo, anda vete! decíamos escupiendo,
y el bosque más espeso
escondía a la lechuza.
Malo era, malo era.
No sabía vivir el natural antes amigo, no
sabía.
Las mujeres se preñaban en lo oscuro y en lo claro,
y los hijos se criaban a la buena
de los bosques y los ríos.
Así era, mamita, así fue:
las estrellas dejaron de alumbrarnos
la sangre de repente,
y tuvimos que ocultarnos como zorros
en montañas y barrancos.

DOS
(Misión de la Costa)

El traía un cargamento de abarrote en la montura,
y una calfinita de aguardiente en el morral.
“Grítenme montes y valles,
háblenme piedras del campo”, cantaba
ya borracho,
con los ojos todavía encandilados
por las luces y los bares
de la calle República.
Las estrellas se caían a pedazos esa noche, paisanito,
meteoros que les dicen los del pueblo,
pero el mar las detenía entre sus rocas
y pudimos dormir sin sobresaltos.
Buenas noches, nos dijimos, buenas noches.
Un chonchón rozó la ruca. Fue de encanto.
Mi abuelita hizo una cruz en la ceniza,
y quemó un par de trintraros que me andaban
en la nuca y en la frente.
Desperté bajo unos notros florecidos,
con los labios amargados
por el vino y la intemperie.
Mi caballo descansaba junto a un álamo;
escuchó antes que yo a la trutruca
y soltó un relincho fuerte
corcoveando.
Ahí mismo lo corrí y le di alcance,
y lo monté y lo galopé hasta el rancherío.
Le gritamos ¡párate, Juan, arráncate!,
pero el venía del pueblo
y traía el cuerpo malo.
“Grítenme montes y valles,
háblenme piedras del campo”, cantaba
de costado en la cuneta.
Rematado dicen que fue,
aunque ya había muerto
mucho antes que dejara de cantar
esa ranchera.

CINCO
(Punotro)

Pero nada se oculta en este cielo, hija, nada
y el difunto corazón, podrido y todo,
no olvida bajo tierra:
Francisco Acum, recuérdate – lloraba-,
limpiaplata le llevo a tus heridas.

Anjela Rauque es una loica encinta
que da luz entre peumos y tineos.
Ya pues, Marinao, no llores muerto,
y vamos a nadar al río Contaco.
María Santos es buena tejedora,
sus mantas valen oro cuando rompe el agua.
Candelaria Colil, huelen tus pechos
a poleo quemado y a chilco con rocío
Carolina Guimay aporca, alza porotos
como lanzas florecidas hacia el cielo.
Carmen Llaitul, escarba, coge berros
y el estero se llena de salmones.
Antonio Nilián hierve, endulza chicha
con la miel y con los pétalos del ulmo.
Tránsito Quintul tiene visiones
donde arden las hojas del latúe.
Candelaria Panguinao busca nalcas
y varillas de voqui en las quebradas.
Juan Acum sangra, moja juncos
que se doblan sobre el agua del Maicolpi.
(Todos sangran, son sus sangres las que caen
al oleaje de la tarde en Pucatrihue.
Todos sueñan en el monte y la llanura,
y en un hilo del alma de sus hijos).

DIBUJO DE MONTE
(Cunco Chico)


Pelehue nombran este lugar. Desde el cerro Mariaguín contemplo los volcanes: el Llaima, con su corona de humo y una icatriz en la nieve; el Villarrica, mariposa blanca entre las hojas de maqui: el Lonquimay, y su cumbre pulida por el cielo del atardecer. “El sol se va al mar”, dice la machi, mientras echa en un saco los remedios de monte.

*


………. “Este, melahuén, tiene flor bonita, parece menta. Este otro, afülkón. Este, mülul, zarzaparrilla llaman en huinca. Este de aquí, filulahuén, remedio de la culebra. Este, palosanto, canchelahuén en mapuche. Este, palqui, quita la fiebre. Este, hacachu, pastomaíz. Florece. Bonito. Y este, canelo, nehuenlahuén, remedio de la fuerza”.

*


………. La machi Isabel Fariñe Caniuqueo y su joven ayudante Abraham Montero Huentemil, limpian las hierbas tomadas en el cerro. Las apartan y las envuelven con hojas de diarios y con retazos de plástico. Luego amarran los paquetes y los cuelgan frente al fogón.

*


……… La ruka, ya a fines del invierno, mantiene a raya vientos, aguaceros y heladas. El nütram, la balbuceante conversación, espanta los espectros del espíritu. “Mi corazón te conoce, hermana, / mi corazón te conoce: / tú eres la que teje / mi corazón en el telar”, dice un canto que oí, efímero y monótono, en Playa La Mina, a orillas del río Quepe. Y es así: bajo las extrañas sombras de nuestros cuerpos proyectadas por el fuego y por la lámpara, nos miramos y nos reconocemos. Afuera los treiles graznan volando la bulliciosa danza del apareo. Adentro escucho verter las palabras, el mapudungún que se desliza por entre mallines y pedregales. No entiendo, pero sí, en los ojos, en el fuego, en esa rama de sombra que de golpe cae a la boca de la machi Isabel.

*


………. La luz de la lámpara a parafina ha atraído un gran zancudo. Una de las hijas de la machi lo toma y lo arroja a las brasas, escupiendo.

*


………. Salgo de la ruka. Noche cerrada. Sin embargo, es posible distinguir la silueta de los peuma bajo el cielo nublado.

*


………. Gris es la mañana. Vuelan los urcos sobre el quilantal. Anuncian el salto de la culebra de agua.

*


………. Remigio Hueche canta. Dicen que está loco, que cuando le viene la locura desvaría durante un mes o dos. Ahora está sano. Un poco borracho, eso sí, pero canta. Es el único que todavía canta el “ül” en Cunco Chico.

“Mi caballo es blanco
y yo soy el viento que lo monta.
Mi caballo es blanco
y corre poderoso bajo el cielo azul.
Nadie podría quitarme este caballo.
Nadie podría quitarme este caballo.
Firme llevo yo las riendas
Firme llevo yo las riendas.
Sólo tú, linda hermanita,
podrías hacerme bajar.
Sólo tú, linda torcaza,
me podrías derribar.
Mi caballo es blanco
y yo soy el viento que lo monta.
Mi caballo es blanco
y corre poderoso bajo el cielo azul.
En mi caballo te llevaré,
a otra tierra te llevaré.
Te alegrarás después, hermanita.
Sí, te alegrarás”

*Mallín: terreno húmedo, pantanoso, cercano a los ríos y los arroyos.
Peuma: el sueño que no es pesadilla y que alumbra los días por venir. El peuma se relata en la mañana como un acto de purificación. Así, el peuma que presente presagios dañinos, perderá su poder; por el contrario, aquel que contenga símbolos y anuncios de bienestar, se cumplirá.
Ül: el canto o poema cantado, improvisado en celebraciones comunitarias, situaciones amorosas o como homenaje a parientes, amigos o vecinos.