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ROME HERNÁNDEZ MORGAN: POESÍA ACTUAL MEXICANA-ESTADOUNIDENSE

Rome Hernández Morgan es una poeta queer mexicana-estadounidense de Texas. Actualmente es estudiante de doctorado en la Universidad de Cincinnati, donde es beneficiaria de la beca Provost. Ella obtuvo el

Gladys Mendía 2 años ago 56
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Rome Hernández Morgan es una poeta queer mexicana-estadounidense de Texas. Actualmente es estudiante de doctorado en la Universidad de Cincinnati, donde es beneficiaria de la beca Provost. Ella obtuvo el título de Maestría en Escritura Creativa de la Universidad de Arkansas. Sus poemas han sido publicados en Blackbird, The Journal, New Ohio Review, entre otras revistas.

Traducción del inglés al castellano de Ivana Aponte.

Utilities

My mother watered beds of bright
impatiens at dusk. My father

worked luxury remodels, brought home
visions of high ceilings with crown molding.

On weekends, he installed French doors,
widened closets, hauled away scraps

to the drone of the air compressor—
each punch of his nail gun a hard blink,

a dropped heart. My mother deadheaded
day lilies, closed her bedroom door.

My father went to rehab, returned, went
to rehab, returned. I went to a birthday party,

my mother picked me up, we didn’t return.
His mother says by the time she drove to get him,

the city had shut off the electricity, the gas,
the water. Still, he refused to leave—

sat breathing in the dark over burnt foil
and broken glass. I wonder if the neighbors

ever saw him, driven out for a moment
by thirst, drink from their garden hose,

a squat shadow by the rose bush,
water cool on his blistered lips.

Servicios

Mi madre regaba macizos de radiantes
impacientes al atardecer. Mi padre

labraba remodelados de lujo, llevaba a casa
visiones de cielorrasos con molduras de corona.

Los fines de semana él instalaba puertas
francesas, closets amplios, llevaba restos

al zumbido del compresor de aire; cada
golpe de su pistola de clavos era un fuerte

parpadeo, un corazón decaído. Mi madre podó
los lirios, cerró la puerta de su habitación.

Mi padre se rehabilitaba, regresaba, se
rehabilitaba, regresaba. Fui a una fiesta de

cumpleaños, mi madre me recogió, no
regresamos. Mi abuela dice que

cuando fue a recogerlo, la ciudad había cortado
la electricidad, el gas y el agua. Aun así, él

se rehusó a irse; respiraba sentado en la
oscuridad sobre aluminio quemado y vidrios

rotos. Me pregunto si los vecinos alguna vez lo
vieron, enloquecido por la sed, bebiendo de la

manguera del jardín, una sombra agachada en
el rosal, agua fresca en sus labios ampollados.

Lose Weight, Feel Great

As my father grew wild-eyed
and sallow, my mother turned
to dieting the way some people
might turn to religion.

The boxed potatoes, soft, white cream
of wheat my father used to serve
with butter and brown sugar—
she tossed into the trash.

She grew sharp and silent as silverware.
I studied vocabulary cards, ascetic,
unctuous, morose; she kickboxed
her way into a size six, out of her marriage,
into an apartment downtown.

When she went on dates, I’d search
for signs of the woman she used to be
behind her dresser, beneath her bed,
inside her jewelry box.

I found only alphabets of unpaired
earrings, a blurry photo of a lake.
Wedding ring long since pawned for rent.

No más kilos de más

Mientras mi padre se volvía salvaje
y cetrino, mi madre se ponía
a dieta al modo de quienes se
convirtiesen a una religión.

Las cajas de puré de papa, la crema blanca y
suave de harina que mi padre solía servir
con mantequilla y azúcar morena…
ella las tiró a la basura.

Se volvió cortante y silente como cubertería.
Yo estudié tarjetas de vocabulario: ascético,
untuoso, taciturno; ella hizo kickboxing
hasta llegar a la talla seis, fuera de su
matrimonio, en un apartamento del centro.

Cuando ella tuvo citas, yo había buscado
las señales de la mujer que ella solía ser
detrás de su vestidor, debajo de su cama,
dentro de su joyero.

Solo encontré aretes de alfabeto sin par,
una foto borrosa de un lago. Anillo de boda
que hace tiempo fue empeñado para el alquiler.

Bayou Newlyweds

Evenings, we hold hands
and take long walks
through the neighborhood

as the sweet and sickly smells
of the chemical toilet plant
crystallize into greenish glowing stars.

We live a stone’s throw
from the nicest part of town
and we do—throw stones

that is—skipping them
over flooded ditches
on the way to the laundromat.

Our little home is dark,
iron bars cross the windows,
and no matter how I sweep

or mop, swamp mud
holds tight to the linoleum.
When we argue, I plan

fire escape routes. I imagine
kicking out the A/C unit,
rappelling the cinderblock wall.

Sometimes we visit
your mother down the street,
who serves us stuffed flounder

with remoulade sauce.
Fish emerge from the freezer,
their pale faces

surprised to see the uncovered
chicken breast that’s frozen
to the shelf and ever shall be,

world without end. We escape
the unbearable pink heat
of her kitchen to the patio,

watch cockroaches pilot haphazardly
from tree to tree. Your mother
drinks cigarette smoke

and white wine and wants to know
about our sex life. I wince
at the salt-sharpened fish, the ashen fins.

Beneath the rains, highways disappear.
We walk to the edge
of the brimming bayou,

past the rows of trees in acid
purple bloom, sewage swirling
around our rubber boots.

Families with children (world
without end) gather to wonder
how high it might rise.

Recién casados del bayou

De tarde nos tomamos de la mano
y hacemos largas caminatas
por el vecindario

mientras los dulces e insalubres aromas
de la planta de baños químicos
se cristalizan en verdosas estrellas brillantes.

Vivimos a un paso
de la parte más linda del pueblo
y eso hacemos: damos pasos

es decir, saltamos
sobre zanjas anegadas
de camino a la lavandería.

Nuestro pequeño hogar es oscuro,
barrotes de hierro cruzan las ventanas,
y no importa cuánto yo barra

o trapee, el barro pantanoso
se adhiere fuerte al linóleo.
Cuando peleamos, planeo

rutas de escape de incendios. Me imagino
tirando la unidad de aire acondicionado,
haciendo rappel en el muro de hormigón.

A veces visitamos
a tu madre calle abajo,
quien nos sirve lenguado relleno

con salsa remoulade.
Los pescados emergen del congelador,
sus caras pálidas

están sorprendidas de ver la pechuga de pollo
descubierta que está congelada
en el estante y que sea así ahora y siempre,

por los siglos de los siglos.
Nos escapamos del insoportable
calor rosado de la cocina hacia el patio,

vemos cucarachas pilotando al voleo
de árbol en árbol. Tu madre
bebe humo de cigarrillo

y vino blanco y quiere saber
sobre nuestra vida sexual. Me retuerzo
con el pescado pasado a sal, las aletas cenizas.

Bajo las lluvias, las carreteras desaparecen.
Caminamos a la orilla
del bayou desbordado,

tras las hileras de árboles floridos con
púrpura intenso, aguas negras se arremolinan
alrededor de nuestras botas de goma.

Las familias con hijos (por los siglos
de los siglos) se juntan para preguntarse
qué tan alto el agua podría crecer.

And Should We Thank God

Thanksgiving, 2014

We sit slightly stupefied—
paper plates damp with brisket fat
flowering in the trash. The baby

bouncing on her father’s knee
while he tells us. His wife tells us.
The baby sleeping while police took aim

at her father. Not at the white man
he had pinned to the ground,
the one who had finally materialized

after haunting them for weeks,
after shattering their windows twice
and making their chests draw tight,

after scrawling the slur on their car
one night after midnight—
his wife found it the next morning,

the slump of “n” on the driver’s door,
the word ending like a wave
cresting. The damp of morning

on black paint. The sun bleeding
into the sky, a crushed marigold,
our table’s burning centerpiece.

Y deberíamos agradecer a Dios

Día de Acción de Gracias, 2014

Nos sentamos ligeramente aturdidos;
los platos de papel mojados con grasa de costilla
florecen en la basura. La bebé

brinca sobre la rodilla de su padre
mientras él nos cuenta. Su esposa nos cuenta.
La bebé dormía mientras la policía apuntaba

a su padre. No al hombre blanco
que había sido sujetado contra el suelo,
el único que por fin se había materializado

después de asustarlos por semanas,
después de romperles las ventanas dos veces
y hacerles contraer el pecho con fuerza,

después de garabatear el insulto en el auto
una noche tras la medianoche;
su esposa la encontró a la mañana siguiente,

la “n” estampada en la puerta del conductor,
la palabra terminaba como una ola
curvándose. La humedad de la mañana

en la pintura negra. El sol sangrante
en el cielo, una caléndula aplastada,
nuestro centro de mesa ardiente.

Sobre la traductora:

Ivana Aponte (Caracas, 1990). Licenciada en Letras de la Universidad Católica Andrés Bello (en Caracas). Tesista para optar al título de Magíster en Literatura en la Universidad de Chile. Es profesora de Español como Lengua Extranjera. Es autora del poemario Afectos (LP5 Editora, 2022). Varios de sus poemas han sido publicados y leídos en diferentes eventos, revistas, plataformas y antologías de Venezuela, Chile, Puerto Rico y Estados Unidos (en español e inglés). Reside en Santiago de Chile desde el año 2017.