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ARIEL ROMERO HERNÁNDEZ: POESÍA ACTUAL DE PANAMÁ

Ariel Romero Hernández (La Chorrera, Panamá, 1985). Desde hace años escribe poesía, con su obra poética Los faroles sostienen la noche, gana el concurso Gustavo Batista Cedeño 2015. En el

Gladys Mendía 4 años ago 50
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Ariel Romero Hernández (La Chorrera, Panamá, 1985). Desde hace años escribe poesía, con su obra poética Los faroles sostienen la noche, gana el concurso Gustavo Batista Cedeño 2015. En el 2016 gana el segundo lugar en los premios del Instituto Panameño de Estudios Laborales con su libro Los hombres de tierra, y en ese mismo año gana el segundo lugar en el Concurso Nacional de Poesía León A. Soto con su libro Niñez de aire entre la piedra. Sus poemas han sido publicados en la Revista Literaria La Maga de la Universidad Tecnológica de Panamá y en blogs literarios.

1.

La Muerte es una repetición de lo constante.

Lo constante es el infinito,

y el infinito es la madrugada que se extiende

como una espada de hielo entre los edificios.

La Ciudad es funesta  porque tu nombre se ha ido.

Ni siquiera el silencio se atreve a posar sus alas en su seno.

Tu nombre se ha escapado hacia las montañas longevas.

Ahí  las luciérnagas erigen sus lamentaciones

con la noche taciturna, con el río mudo y toman la forma de la montaña 

como la señal de auxilio de un país triste que el cielo va engullendo.

Los muertos saloman entre los bejucos.

En esta noche se está ciego

y de alguna forma los sonidos tropicales son el idioma 

del amor perdido entre el rastrojo.

Está tu rostro con el signo de una palabra explosiva.

Los merachos lloran sobre las aguas donde tu espíritu se hunde.

Las luciérnagas susurran el secreto angelical que crece en la montaña.

Los hombres del otro lado del río están tan vivos como tu muerte

y la lluvia perdida no regresará para acariciar sus sombras presidiarias.

Estás en la inmensidad,  ya ni la penumbra resiste tu silencio.

Todo ha acabado:

Los caminos de tierra te dan la palmada definitiva,

el río es mudo,

la montaña es un haz de luz que las luciérnagas profesan,

los hombres perdidos levantan tu hogar de madera y cruzan el río del nunca jamás,

los duendes inclinan la cabeza,

la montaña emite el último lamento,

Dios calla y a veces sonríe;

los hombres cruzan el río con tu hogar a espaldas,

con la certeza mortuoria de que el río los condeno a la lejanía.

2.                          

                                                                           Yo soy como el fracaso total del mundo…
Pablo de Rokha

Soy el  demonio que arrojaron del cielo,

el que siembra flores en las alcantarillas,

aquel que se posa bajo los faroles de la ciudad lastimada por la lluvia.

Fantasmas de la noche cuyo credo

es un crucifijo de líquenes venenosos echan suerte por mi alma.

Camino por veredas pedregosas tratando de sacar los gusanos

que se precipitan en mis ojos.

Mi cabeza explota como si fuera el último atardecer de la tierra;

los pájaros que levitan en los tendidos eléctricos recitan tu nombre como un obituario.

Soy el demonio que arrojaron del cielo

hacia tu orbe de aguas negras,

la magnificencia del dolor impoluto.

Perezco           resucito 

me destruyo    me redimen 

y vuelvo con las manos cortadas.

Le grito a Él tu nombre,

le dibujo tus ojos en forma de grafiti en las azoteas de los edificios.

¡No me escucha!

Entonces me olvido de la calamidad,

del eco de los árboles

que abruma a los cielos;

olvido la eternidad con su lenguaje de huesos secos

descifrando códices en mi pecho.

Es fácil olvidarse de la eternidad

cuando no percibo tu sombra en las cantinas pulcras de la divinidad humana.

Fui arrojado del cielo con la última luz

que parpadeaba en el centro de mis manos.

Aún levito en el farol seco

donde me encontraste herido por mis fuegos.

Soy demonio    asesino    

fugitivo           mal consejero

enemigo de las muchedumbres.

Fui arrojado del cielo para encontrarte.

 (Silencio de Dios mirando con mala cara)

Poemas cortos.

1.

Cuando la vida nació, nació despidiéndose, escribiendo finales entre las edades.

2.

La noche es el estado eterno de lo imposible, la creación de los mundos que jamás vimos.

3.

Ya te veo,

la ciudad se incendia.

Hay una sombra blanca que te toma del cuello

y  te arrastra entre las eternidades.

4.

Llueve,

es una recurrencia de lo insólito.

Hay un frío que hace explotar nubes,

destruye un silencio que se vuelve polvo

y que desaparece en arboles sin nido.

Sólo  son una constelación de cosas apagadas.

5.

Los faroles sostienen la noche.

Una ligera llovizna camina como un  hombre cantando décimas desgarradoras.