
Foto Por Caleb Fermi
LEONARDO BOIX (Buenos Aires, Argentina 1975) Es periodista, escritor y poeta. Obtuvo un magister de literatura en el Birkbeck College de la Universidad de Londres. Trabaja como corresponsal en el Reino Unido para la Revista Proceso (México) y escribe una columna mensual sobre literatura y poesía latinoamericana en el periódico inglés The Morning Star. En 2015 publicó su primer libro de poemas “Un lugar pro-pio” (Letras del Sur editora), y ese mismo año fue incluido en la antología de poesía joven argentina “Apología 2”. Su segundo poemario “Mar de Noche” (Letras del Sur editora) fue publicado en 2016 y presentado ese mismo año en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Fue jurado y escribió el prólogo de la antología de poesía argentina “Apología 3: Poesía porque sí” (2016), como también fue seleccionado por la editorial Paripe Books para ser parte en 2017 de una antología de cuentos cortos y mi-crorrelatos de autores argentinos.
En inglés, su poesía fue incluida en varias antologías, entre ellas ‘Ten Poets of the New Generation’ (Bloodaxe), ‘Why Poetry’ (Verve Poetry Press) and ‘Contemporary British Poetry’ (Platypus Press) y ‘Un Nuevo Sol: Nueva Poesía Latinx en el Reino Unido’ (Flipped Eye). La poesía de Boix fue publicada en revistas como POETRY, PN Review, Modern Poetry in Translation (MPT), The Poetry Review, Letras Libres, The Manchester Review, The White Review. Desde 1997, Boix reside en Londres y en Deal, Inglaterra.
De Un lugar propio (Letras del Sur Editora, 2015)
El principio. Hubo un origen, un germen, procedencia, el inicio. En el comienzo, la causa, la fuente. De aquí vengo, acá están mis muertos. El país de la lengua materna y de las brújulas imantadas que giran como locas. Cuando nací aun no había comenzado la tragedia. La patria te pone un nombre, te da coordenadas. Germinación básica y hermosa. Mirar al Sur como lugar de toda iniciación. Punto cero. El origen es el motivo o causa moral de una cosa.
Este es el preámbulo de mi historia.
Barco de Inmigrantes
A Diana Bellessi
El barco que me trajo
había perdido el rumbo
y en lugar de detenerse
en cada puerto con faro
como estaba acordado
cuidadosamente
siguió marcha por los océanos
desparejos, hacia la tormenta
pasajeros desolados
primera clase
todos inquietos
preguntaron incómodos
el destino asegurado
la instancia del sueño
desde la cubierta, yo
detenido en el tiempo
miraba las gaviotas
comerse los deshechos
suspendidas del cielo
en la inmensidad sin horizonte
la gente que amagaba
a despegarse del intento
y el viaje siguió por arte de magia
pero nadie se bajó
porque el ritmo lo marcaba
la tripulación estática
hasta mi Tía Gracia nació a bordo
y el abuelo Raúl piloteaba
capitán, eslora, camarotes, ensenada
el bisabuelo Ramón, María la siciliana
venían de Corrales, Zamora, San Mauro
traían la guitarra, bolsos apilados
los inmigrantes del barco que me trajo
no se detuvieron en ninguna parte
vamos todos juntos
como náufragos
por este laberinto de profundidades
Simulación
Por las tardes volvíamos
a tomar el té con galletitas
la televisión, los dibujitos
a mamá el cáncer se le estaba metiendo dentro
y nosotros sin saberlo
con la pantera rosa y los superfantásticos
descalzo
como musgo criptonita
en el castillo de Gargamel
la mochila colgada traía
conejos sin cola, espejos de mentira
el piano se había muerto
los roperos infestados de polillas
calcomanías
y el día que ganó Argentina
papá arreglaba el embriague del auto
mientras el suburbio se quemaba
por el camino al río
detrás de la placita
El infierno de los insectos
En casa jugábamos
con muñecos de madera y la Atari
los suburbios son verdes, el polvo de las verdulerías
crecer junto a las calles
las villas, luces por la noche
Dársena Sur
y el río que no toco
cruzar el puente del Riachuelo
mi mamá nos llevaba a Avellaneda
cada jueves a ver a la abuela en el geriátrico
lleno de gente, a la espera
de su propia muerte
el olor poderoso
a pis, medicamentos, talco rancio
mi abuela era terrorista
ponía bombas debajo de los colectivos
en la época de Perón
la hacía llorar a mamá
anclada en su silla de ruedas, fumaba
cigarrillos de tabaco negro
tosía como una bestia
los chicos jugábamos al tenis en la calle
la red, una línea imaginaria en la vereda
O’Higgins y Magallanes, la casa de la esquina
yo besaba a los chicos en el ático
escondido del mundo afuera
olor a esperma recién formado
hacíamos muñecos de Fin de Año
explosión y fuego
las casitas suburbanas reflejaban luz
después venían las bombitas de febrero
látex en distintos colores
las chicas no querían mojarse
las tardes eternas mirando pájaros
yo me portaba bastante bien de chico
igual torturaba a los insectos
que encontraba en el patio de casa
tenía mucho cuidado en la disección
de los torsos y las antenas
hasta que las partes del conjunto
dejaran de reflejar a los antrópodos.
Los mandados
En el barrio de mi casa
había un vecino torturador
de señoras embarazadas, que usó mucho la picana
en los centros clandestinos
fue médico de la policía
en el Pozo de Banfield
usaba gomina, se cortaba el bigote fino
a Jacobo Timerman
le sostuvo la lengua para que no se ahogara
mientras lo torturaban
cada mañana salía
a hacer muy contento sus mandados
con sus perritos de raza, dálmata, el setter colorado
a buscar el diario, el pan, los cigarrillos
a papá lo invitó incluso a su barco
para navegar por el delta del Tigre
y tomaron mate, peperina
mientras el sol aplastaba los camalotes
con el hijo del torturador
hasta anduvimos en patineta, fumamos Marlboros
venían a nuestros cumpleaños
a soplar las velitas
tenían sillones de pana
y una colección de armas bien ordenadas
que colgaban juntas en la pared de entrada
al torturador finalmente lo encontraron
le dispararon una mañana
20 balazos al cuerpo
querían venganza
por los bebés que había regalado
cuando le apuntaron, el represor usó
como escudo humano
a su esposa
él terminó en silla de ruedas
sin poder decir una palabra
le caía baba de la boca
el ataque ocurrió así como lo cuento
justo en la esquina de mi casa
ahí pintaron la V de la victoria
los agujeros de las balas aún quedan
la calle se llamaba Magallanes, y ahora Madres de Plaza de Mayo
pero yo ya había inmigrado a Inglaterra