
FABRICIO ESTRADA (Sabana Grande, Honduras 1974 ) Miembro Fundador del Colectivo de Poetas Paíspoesible, Teg. (2004-2008); Miembro Fundador de Artistas en Resistencia, Teg. (2009-2011), Primer Lugar del Premio Nacional de Poesía de Los Confines, Honduras 2017. Sus libros: Sextos de Lluvia, 1998, Poemas contra el miedo, 2001, Solares, 2004, Imposible un ángel (antología) 2005, Poemas de Onda Corta, 2009, Blancas Piranhas, 2011, Sur del mediodía, 2013 (México -Costa Rica), Houdini vuelve a casa, 2015, Blake muere en París a causa de un paparazzo (antología personal) 2018 (Puerto Rico). 33 Revoluciones para Rodríguez, 2018.
Alfabeto para Esteban
Tú has nacido en un sitio verdadero,
lejos del mar…
(Antonio José Rivas)
Me has despertado para que vea el río,
pero hoy
lejos del mar y su espejismo
tendré que enseñarte la palabra Honduras:
Fonema de sal
y campo de escafandras,
pirotecnia de los tristes
yegua en celo que nadie monta.
Explosión de la resina
que aprieta y avanza
en el fuego y chasquido de sus ramas,
asfixia
vena bajo tierra
que la aguja del sol
nunca encuentra ni alcanza.
Honda puñalada
rumor de la herida
en su pequeña hecatombe
de infección y hormigas
trepanando, socavando
en la más pura palabra de insomnio.
Me despertaste para ver el río
con sus peces y desoves ,
el sinuoso dragado del tiempo
y las aves en su estrecho cielo,
pero hoy
sin la idea de un mar que nadie espera
aprendí , a enseñarte, la palabra Honduras.
Poemas en onda corta, 2009
Del cómo un ejercicio de respiración nos lleva a Spinoza
“Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte sino de la vida” (B.S.)
Y no vendrás a decirme
que la vida termina
con un tordo que llega y se estrella
en la claridad de los muros,
que el tiempo es imán perfecto
para destinos inefables
y que el latido de dos amantes
nunca nos traerá el eco
de lo que alguna vez fue verdad
o simplemente el atisbo medroso
de flores eternas.
Nunca me será necesaria La Enciclopedia
para aceptar la simpleza
de un pájaro derribado por mis piedras
o un amor
que arranqué de cuajo
para empalarlo
ante el romántico sol de un crepúsculo.
No es suficiente lo que veo y soy
para entender el accidente
que hizo de la estrella
una mala metáfora de lo infinito;
respiro y hablo,
advierto y predigo,
y aun así nada es suficiente:
los planos se despliegan
y en ellos nadie explica
dónde se borran las líneas
o dónde comienza el filo
de este papel imaginario
que me tocó en suerte vivir.
Houdini vuelve a casa, 2015
Cuando solo te creía el viento eras el pájaro de la tarde,
el tordo que volaba entre las piedras
y que sabía hacer su nido en la mano del hondero.
Luego fuiste la confianza del agua y viajaste
hasta el palacio de arena deslumbrante,
hasta la cama donde ardía una fragua desnuda,
hasta el mismo corazón de los calcinados.
Pez de cuaresmas olvidadas,
rezabas y tus dedos quemaban tu frente,
tuviste la confianza del agua y la dejaste escapar
cuerpo de agua
pulmones de agua
miradas que corrían por todas las aguas…
Pero hubo remolinos de polvo
y la tierra también tuvo su presencia. Hablaste con ella
mientras los mozos paleaban la tierra traída por los muertos
los terrones que llenaban la boca de niñas bellas
los adobes angulares del verano.
Escarbaban los mozos sin propósito
y en su danza circular abrían pozos malacates,
se hundían
en la danza del vacío.
Bajaste a respirar con ellos el aire enrarecido
solo para encontrarte dormido en la humedad de la arcilla,
en el blando camino de los gusanos
donde las raíces pactan en silencio una nueva conjura contra el sol,
profunda e irremediable.
Cuando solo te creía el viento
a nadie más contaste tus secretos.
Sur del mediodía, 2013