
JULIO CÉSAR GALÁN (Cáceres, España 1978). Doctor en Ciencias de la Educación. Ha sido lector de español en la Universidad de Argel, profesor en la Universidad de las Islas Baleares y actualmente lo es en la Universidad de Extremadura.
Autor de los siguientes poemarios: Tres veces luz (La Garúa, 2007), Márgenes (Premio de poesía “Villa de Cox”, Editorial Pre-textos, 2012), Inclinación al envés (ERE/Editorial Pre-textos, 2014), El primer día (Isla de Sitolá, 2016) y Testigos de la utopía (Diputación de Cáceres/ Editorial Pre-textos, 2017). Además, ha publicado como heterónimo los siguientes libros de poemas: Gajo de sol (Abezetario, 2009), La llanura (Premio de poesía “Vicente García de la Huerta”, I.E.S. Suárez de Figueroa, 2016) y Para comenzar todo de nuevo (Ay del Seis, 2017) de Luis Yarza; ¿Baile de cerezas o polen germinando? (Ediciones Idea, 2010) de Pablo Gaudet; e Introducción a la locura de las mariposas (Tigres de papel, 2015) de Jimena Alba.
Como ensayista cabe destacar: Limados. La ruptura textual en la última poesía española (Amargord, 2016) de Óscar de la Torre; Ensayos fronterizos. Entre el poema y la heteronimia (RIL Editores/Universidad de Extremadura, 2017) en coautoría con Óscar de la Torre y Jimena Alba; y El último manifiesto de Jimena Alba (de próxima publicación).
Entre sus textos teatrales podemos citar los siguientes: Eureka (Ediciones del Unicornio, 2014) y La edad del paraíso (ERE, 2016).

Foto por Gladys Mendía
Sobre el nivel del mar
Ansío toda luz porque un día fijé el mundo
con mi dedo índice,
y amo el correr de los ríos
porque de algunos peces
aprendí hondura.
Fueron mis ojos quienes miraron
por primera vez
que en la caída de los astros
se escondían
un niño y una rueda.
Siempre me hice invisible
cuando los hombres pusieron sus manos
sobre mi fingida presencia,
y cuando tuve un brazo
que parecía un ala,
las flores que brotaban
en los tejados me otorgaron
las dádivas de un vientre,
esta es la única verdad
que he conocido.
A dos mil pies el nivel del mar la marcha de los pasos deja de orbitar, el frío aumenta toda lucidez, y la respiración es lenta como la vida en las montañas y en las ermitas; el corazón renuncia a cualquier renuncia y la única doctrina es la fecundidad.
Nuestro propósito es crecer cuando creamos
y amar a cuanto no desgarre,
alimentarnos de nosotros mismos y no golpearnos
en soledad
y que cada vez que el mundo sea la primavera
nos despojemos de cuanto fuimos y seremos,
formando
la columna que une nubes, espacios y semillas.
El truco no es difícil ni complejo, solo se necesitan
algunas dosis de serenidad, concentración y sencillez.
A seis mil pies sobre el nivel del mar-y subiendo-los ojos van perdiendo su nostalgia y para no cegarnos tengo que demostrar mi destreza en las diferentes artes de la distancia. Y para que no se dilaten las venas, el oxígeno tiene que ser lo más escaso posible.
Se aligeran,
se aligeran las manos, los pies, el pecho,
los lastres se reducen:
las personas que un día
me nombraron hacen el mismo
ruido que las hormigas.
Sigo el rastro de los cometas,
de las galaxias que comienzan
cuando un huevo se rompe,
de esa gracia tan tuya de armonizar
mis extremos.
Solo me he dado opción
a mudarme en un hoy,
en un hoy que renace, confirma y desprecia.
Poco importa la muerte ahora.
Poco importan las palabras ahora.
Poco importa que el mar haya expulsado a quien
movía su repetición.
Los restos de la fiesta quedan aún en mi boca, aún
me ofrecen mucho juego, aún
brillan como miel secreta.
A diez mil pies sobre el nivel del mar solo quedan los labios, el nacimiento de unas risas entre las sábanas y las luces que como gotas de rocío resbalan sobre este mármol[1].
Tarde anfibia
no habíamos visto tanta luz
y aún no era verano
los granitos de sal
se ampliaban en pirámides
que se salían de color
y daban alba lumbre desde el blanco
tarde anfibia de brillo y más espuma
por mirar esas aristas de sal
juntamos alba
su lumbre desde el blanco
tarde anfibia de brillo
y más espuma
por mirarlas con ojos de jilguero
conocimos la calma y el amor
milagro vertical
lo llamaban aquellos hombres
de rostros trasatlánticos
y caballos de mar en velas
***
ya bajo por la rambla de esta isla
bajo entre ramos de flores para enamorados y cíclicas
coronas para muertos
bajo casi rozándome por las baldosas como un buen
patinador entrado en luz
como agarrados por el sol y por esta llovizna de verano
que despeja hospitales
recordando que en julio
te salen flores de albahaca en los dedos
***
la marea nos lleva al ahora
y multiplica la blancura
en beso y esperanza
quiero verte debajo de este cielo
que nos sujeta y nos asombra
como cuando te conocí
casi niña y nos dábamos al aire
la marea nos lleva al ahora
y quiero que permanezcamos
en silencio extendidos por el sol
como si hubiera
conocido siempre el paraíso
Oropéndola breve
Este es el día. El día medular, abierto, justo.
El primer día de su patria.
Lo descubre durante el sueño de pupilas sin datos.
El sueño se ha filtrado
azul y oceánico,
la bondad del olvido
se resguardó en el bosque.
Se desata de las muñecas,
se alarga en su parábola.
Este es el día. El día amante-júbilo-susurro.
El primer día de su patria.
Traza su baile sobre su arenal, asciendes por los frutos, llego hasta su recogimiento. El día inicio-círculo-árbol.
El día que no dejará su origen, sus luces aman siempre un sí: el rostro es una huida de abejas metafísicas. Nada deja su miedo:
nada resulta ausencia:
nada supone nada
Este es el día. Los hombres
dan oídos a la lejanía:
devoran sus usuras,
beben sus horizontes.
Cuando puso los pies en las nubes notó que no miraba con curiosidad como si fuera sombra de minutos, como si no se hubiese recortado de su cuerpo al abrirse la luz: oropéndola breve que le enuncias.
Y al llegar al espejo su imagen es realmente suya
y los objetos se despojan
de ese brillo absorbente y trágico.
Este es el día. El pasillo perdió su condición de abismo,
de sendero para llegar
a un silencio de pétalos astrales,
a las aguas que arrastran dudas//
Este es el día en que escucha parir a las madres,
en que los niños nacen en el poema
(canciones y horizontes)[2],
el día en que se siente la salida de todos los enfermos y de todos los presos; en que se bautizan de nuevo las cosas y los seres:
desaprender no fue tan fácil.
Desaprender la rosa y los rayos durante noches, preguntarse de nuevo qué es esto, qué es aquello, quién es quién.
Empezar…
empezar…Este es el día.
No es un día más en la tierra,
las manos difuminan tanto
su forma que borran
sus perfiles: †
la claridad es siempre
una presencia,
ha dejado de ser
una abstracción,
ya puedo acariciarla.
Qué gozo no sentirse mentido
ni engañado
cuando sabe que todo
es mentira y engaño;
cuando la dicha se reduce
tan solo al intercambio
de unas cuantas
palabras consigo mismo.
[1] El lector puede encontrarse en dos poemas de esta selección con los siguientes símbolos: espacio dejado en blanco por el autor; † palabra ilegible; // pasaje dudoso; ᛝ lectura conjeturada. A partir de los mismo, el lector puede rellenar el hueco.
[2] En este punto prosigue la versión CR con un texto denominado “contrapoema”: “/lugares sin forma del recuerdo/relojes con la marea en su tictac,/el antes y el después que no pueden /reflejarse en el (F)R-ÍO:/hdhdywywwjk//.De nuestra juventud solo quedaron las canciones.”.