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MILAGROS SEFAIR: Narrativa Actual de Argentina

  MILAGROS SEFAIR (Buenos  Aires, Argentina) – Estudia  UBA Letras.   Títulos publicados en Argentina Palabras al Natural- 2010-Ed. 5ta G. Un Ser Un universo 2011-Ed. RAS- Bordeando Abismos 2012-Ed.

Gladys Mendía 6 años ago 14
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MILAGROS SEFAIR (Buenos  Aires, Argentina) – Estudia  UBA Letras.   Títulos publicados en Argentina Palabras al Natural– 2010-Ed. 5ta G. Un Ser Un universo 2011-Ed. RAS- Bordeando Abismos 2012-Ed. RAS. La evidencia del Caos 2014- Ed RAS. Los expropiados” novela histórica, Auspiciada por la Municipalidad de Tigre y declarada de interés Municipal- Ras 2015.  “La Línea que divide”, novela sobre narcotráfico en Latinoamérica Ed. RAS 2016 “Sonata para un planeta errante”  Cuentos y Ensayos sobre literatura.  RAS 2018. Títulos publicados en otros países: En antologías Como verdes Guitarras y en  revistas Tortuga Ecuestre y Los Poetas del Asfalto– Lima Perú. 2010-2011 y 2013. Y ahora qué (novela)  Editorial Cartonera- Ecuador, Garantía sin Códigos 2da edición en  Los Poetas del 5, 2013 Venezuela.

 

 

 La maquinaria de poder EFE

Los ojos de Zambo son chispeantes agujeros, son centro de atracción de un rostro alegre, teñido de oscuro brillo aceitado. Moteada cabellera ovillosa dibujando un turbulento mar de locos remolinos. Sonríe desde un marco carnoso exponiendo blancura dental impecable. No hay música en el exterior que lo rodea, pero él lo mismo baila porque la escucha dentro, aunque no esté sonando en ningún sitio. No más que en su pensamiento abstraído en otras latitudes. Sus movimientos rítmicos se vuelven graciosos ante un mundo que no lo entiende. Su sexo indefinido imanta tanto a hombre como a mujer. Se acerca a cuerpos imaginarios, se repele entre cuerpos imaginarios. Contornea irregular su cintura con impulso eléctrico que le es inevitable. Ataque neuronal producido por el exceso de crack. Y una humedad lo recorre salada desde el orificio de sus fosas hasta el de los labios entreabiertos. No canta, no habla y si lo hace no se le entiende pues su idioma proviene de lo infrahumano.

Los barrotes lo limitan, no lo suficiente. La droga sí lo hace,  solo cuando las horas bajan y el silencio se vuelve un taladro en las sienes. Entonces  cae en letargo y ya no es más que un manojo de huesos olvidados en el camastro de su celda. Bendita luna la que vendrá en rescate, bendito narcótico que llegue desde la oscuridad montado en luz, falanges anónimas, mano abierta a la entrega y a la recepción de un billete de dólar falso que a esta altura de su vida nunca falta.

Ya comienza el ritual a un ritmo de martillos que suena desde un pasado de  ancestros esclavos. Los preparativos de un elixir que lo devuelve a la vida más allá de la sentencia inapelable. De todos modos se está solo, dice. Excluido por negro. Excluido por adicto, por condenado a matar a un niño que ya estaba muerto. ¡Qué crueldad! ¡¿Quién puede asesinar a un niño?! El brillo de los ojos se le aguajean en mares. Vienen a su mente el niño muerto y Ella. Ella siempre ella…

Todo lo que asesinó fue un pan sobre la mesa, tembloroso al confesarle que la amó siempre. Desde pequeño. Y el cuchillo solo era para repartir la hogaza entre los discípulos del hambre. Ahora ya está.  Ya no la recuerda pues ella no vendrá a calmar su sed. Pa´ nostalgias no ha lugar, se dice y se empila una dosis al comenzar la jornada.

Salto eléctrico y caída al suelo donde yace la bendita maquina impresora de billetes, debajo de la cama. Con sigilo corre la tapa y la libera. Tan insignificante, diminuta en apariencia. Brillante intencionalidad como la dentadura que descubre su risa. Sencillo sistema de dos rodillos, placas de u$s 10 incorporadas,  una para el verso y otro para el reverso.  Un pequeño cilindro contiene y dosifica la tinta. El artefacto no cuenta con más de 15 cm de ancho por 10 de alto. No pesa más de 400 gramos. Carcajada se  le escapa porque sí. No hay de qué reír pero el mundo le causa gracia más que indignación. Le divierte su puesto de presidiario falsificador. Se siente maestro, artista anónimo, parte del corrupto sistema que como hombre negro lo excluye pero desde su encierro carcelario el color de su piel se ha vuelto invisible. Benditos muros los de su suite de lujo. Un lecho, cubierta de sol y lluvia, amigos que no son amigos pero da igual, si afuera es lo mismo o peor cuando la intemperie destroza la carne y a las 4 hay que salir de la barriada para llegar a tiempo a la Rufino Torrico del centro de Lima. El mismísimo infierno de mil ruidos de rodillos repitiéndose, de mil olores de tinta y papeles y frituras y orines y ¡Negro! ¡Anda Negro!¡ Rápido huevón! Ia Ia… Y al final del día igual el estómago cruje por el eterno  insuficiente.

¡ Ta´que es lo mesmo! Mejor se está allí donde hoy está. En el Penal de Lurigancho, limitado entre barrotes, delimitado entre una dosis y la otra.

La máquina falsificadora se ha encendido al tiempo que la lámpara. En tres horas vendrán los guardias a buscar la producción del día y puede que lo azoten si no está lista. No teme al garrote policíaco pues ha aprendido a añorar  su sensual caricia que al menos no deja de ser una caricia humana. Si le dan palo se reirá y les dirá lisuras.

Pero esta vez es distinto, porque ahí adentro alguien dijo que al niño muerto se lo plantao pa´meterlo dentro a laborar  la imprenta. Se viera cómo se le han agrandado los ojotes oscuros cuando escuchó el cuento. ¿De dónde salió el niño muerto encontrado entre los desperdicios frente a su puerta? Lo mismo da. Ver un chaparrito  muerto en la barrida es parte del paisaje. Cada día muere alguno que no pagó la merca que le dieron a vender.

Y bueno… el ya está acá,  igual trabaja porque la inercia y el speed lo impulsan al rítmico movimiento eléctrico. Se apronta a acomodar los utensilios sobre la cama cual un ritual inevitable que lo excita.  Su mundo de papel y guillotina que en instantes se volverán música nueva para sus oídos. Excusas audibles para el golpeteo de un cuerpo que clama movimiento.

Y ya suben las horas con la luna y las falanges se agitan acomodando pilas de papel moneda recién impreso. El olor a tinta  al principio lo embriagaba pero ya no lo siente. Si le traen el ayudante de los viernes de seguro éste se quejará de jaqueca. Pero no es viernes, ni lunes, ni sábado… Ni sabe qué día es.  Solo los guardias programan sus relojes y ajustan el calendario. Y el hormiguero humano de allá afuera se apronta para las oficinas. Y también los de arriba, los del norte a donde llega la entrega. Primero a México y luego derechito a Texas, donde los distribuidores distribuyen como es debido y necesario que así sea.  Y su mente viaja mas allá de los barrotes mientras sus dedos se movilizan ininterrumpidos. Pues la luna sube, las horas bajan, el tiempo se agota. La muerte se avecina. La carne se arruga y es bueno que crezca la pila de dolarillos prolijamente dispuestos para su pronto empaque. En instantes terminará el trabajo.

Rejas de repetición infinita, interminables como el tiempo que no transcurre. Porfiadamente paralelas, enfiladas en guardia forman una unidad indestructible. Allí  donde  se encierran tanto cuerpos como ideologías contaminantes. Desde donde se dice  no sale ni entra nada ni nadie sin un oficio pero no es así. Drogas entran. Moneda extranjera sale y se queda; drogas vs. Traseros peludos; drogas vs. Sangre.

En la quietud de las horas cree estar muerto, pero en verdad está vivo. Cree estar vivo pero tal vez esté muerto. Al final por algo a las cárceles se le dice tumba… Así que por ahí debe andar el diablo y el fuego.

Fuego, fuego purificador para este hombre que ha sido un hombre bueno y que no ha tenido mayor pecado que nacer con la piel más oscura que el resto. Que no ha tenido más pecado que saber  trabajar La Máquina del poder que genera poder. Y que ha crecido sin entender por qué eso es malo para unos e insignificante para otros.

Fuego, fuego para éste infierno escaso de llamas, donde lo han sepultado inocente. Donde le han expropiado el amor de Ella. Siempre Ella De los ojos mismos le salta una chispa, que cae al papel que tiene la cara de un lejano jefe de máquinas. Uno de pelo blanco rizado y cara angulosa que preside la línea de billetes. ¿Y será, ese el diablo?, dice. Y surge, otra chispa de sus ojos.

Fuego chispa fuego, chispa y fuego. Se enciende la pila de billetes, se enciende el colchón, los barrotes, y arde el zambo como una flama.

Arde Purificado.