
Alain Atouba es un escritor e investigador de origen camerunés que se licenció en la
Universidad de Yaundé I (Camerún) y se doctoró en la Universidad de Salamanca con
una tesis titulada Representaciones de la cultura negra en la poesía dominicana. Es
miembro del grupo poético “Sábados Poéticos Nueva Barraca”, que organiza recitales de
poesía en espacios públicos de Madrid. En la actualidad, se dedica a investigar la
literatura dominicana y africana escrita en gallego, español y francés. Sus trabajos han
aparecido en varias revistas y libros colectivos. Ha sido incluido en la antología El
nombre del sol. Antología de poetas africanos (2021). Es autor del poemario Fuego
lento (2022). Su último ensayo, “La famille africaine contemporaine en crise: étude
sociopoétique de Reste avec moi (2019) d’Ayobami Adebayo”, se publicó en 2026.
¡He aquí el bosque!
Un solo canto, el canto del camino
hasta la llegada al lugar de los encuentros.
De la semilla del paisaje nace este diario de la errancia:
Aquí la flor, allá la espina;
espejismos del alba, las gotas de rocío
son perlas depositadas en el estuche del follaje.
¡He aquí el bosque!
Es el mundo del misterio verde,
de la sangre y de la clorofila.
Discurso augural del canto de las flores,
el agua quieta, con sus cánticos líquidos,
sigue el lecho del río como tatuajes en la piel;
¡He aquí el bosque!
La caligrafía de un camino risueño
lleva hacia los susurros del umbral acogedor
de una casa campo adentro en la orilla africana,
las piedras encantadas bordean los testimonios vegetales
que se extienden hasta la colina de los helechos.
¡He aquí el bosque!
Las ranas embajadoras de la lluvia,
el colibrí con cola de pavo real,
el baobab bajo cuyas raíces
duermen los ancianos,
guardianes de los secretos,
están esperando al sol que viene
con su sombrero de combate puesto
para el renacimiento de África.
La reina de la sabana
En la sabana dorada donde danza el sol,
avanza la jirafa, una maravilla sin igual.
Su largo cuello casi roza las nubes
y su infinita elegancia embellece el paisaje.
De pie, en silencio, atenta y orgullosa,
vigila día y noche la vasta tierra.
Con su delicada lengua, arranca con cuidado
las hojas de acacia que sacian su hambre.
Poderosas como el viento, sus largas piernas
la llevan velozmente a través de los campos.
Majestuosa reina de las llanuras africanas,
recorre libremente la inmensidad de la sabana.
Sin embargo, hoy en día su hábitat se está reduciendo
y su sombra escasea donde antes abundaba.
Preservemos este tesoro, esta maravilla de la naturaleza,
para que su noble majestad perdure para siempre.