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La luz aérea de Ida Gramcko: pionera de la ciencia ficción venezolana. Por Daniel Arella

El escritor y crítico literario venezolano Daniel Arella, nos comparte su visión acerca de Ida Gramcko como pionera en la ciencia ficción venezolana.

Gladys Mendía 7 meses ago 143
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La luz aérea de Ida Gramcko: pionera de la ciencia ficción venezolana

Lo difícil no es que el hombre fabrique.
Lo más difícil es que el hombre ame.

Ida Gramcko, El jinete de la brisa

I

Cuando escribí —por primera vez— la historia moderna de la ciencia ficción (CF) venezolana en un texto fundacional que pertenece al colosal libro antológico, Historia de la ciencia ficción latinoamericana (Vervuert Iberonamérica, 2020) dirigido por Silvia Kurlat y Teresa López Pellisa, no incluí a Ida Gramcko y los cuentos finales que pertenecen a su libro híbrido de ensayos y relatos, titulado, El jinete de la brisa (1967), por la razón de que el ejemplar era inconseguible. Sólo lo podías leer incompleto en internet. Sin embargo, eso cambió en el 2025, cuando Gladys Mendía, editora de LP5, realiza la segunda edición de esta obra, devolviéndonos un texto imprescindible para comprender a cabalidad la configuración de la historia oculta de la ciencia ficción venezolana pionera de los años 60 y 70 que desembocará en la antología histórica realizada por Julio Miranda, publicada por Diario Caracas en una edición pulp conocida. Es decir, que Ida Gramcko se sumaría a la tradición del proto sci fi nacional de la década mencionada, que nace con los nombres de Pepe Alemán, Francisco Aniceto Lugo, José Mauricio Odremán, Luis Britto García, Pascual Estrada Aznar, Daviz Alizo, Humberto Mata y Ednodio Quintero.

Gladys Mendía, en su ensayo, “Ida Gramcko: cosmopoética de la alteridad, entre la ópera espacial y la tecnopoética poshumana”, acierta en un punto clave de la narrativa cienciaficcional de la autora que “utiliza los recursos del género como laboratorio ontológico y metafísico”, también como “una epistemología de la metamorfosis”, en donde “el viaje sideral se convierte en espacio de crítica a las lógicas de colonización, y la voz narrativa reterritorializa esa experiencia en clave latinoamericana, desplazando el relato clásico de “razón” conquistadora hacia una “razón de la brisa”: un pensamiento que se deja atravesar tanto por lo telúrico como por lo sideral”. En la última parte del libro de Ida Gramcko, El jinete de la brisa, están contenidos cuatro cuentos que presentan estas temáticas atravesada por un alegórico lirismo narrativo que explora tanto la CF como la fantasía, entre ellos: «Difícil despertar», «El esfuerzo, el deseo», «Una flor benevolente» y «La materia o el fruto», donde se polemiza sobre la esencia del amor genuino como único fundamento viable y posible de la existencia en contraposición a la instrumentalización de la tecnología y los avances de la ciencia. En el relato, «El esfuerzo, el deseo», leemos:

«—¿Sabes? Hay seres tímidos adentro, cohibidos adentro, con un temor a la torpeza, seres muy receptivos que se han acostumbrado a callar, aparentemente muy tranquilos, pero profundamente vulnerables. Y con ellos a ti no te parecería haber logrado un triunfo. En cambio, para mí la victoria constituye en ir adentrándose en sus lares recónditos, en su rica reserva, penetrando esa zona tan sensitiva y silenciosa hasta que, un día, oiga el rumor del cielo ascendiendo a sus labios.

—Eres terriblemente metódica. ¿No captas que la ciencia es inútil? El amor barre con todo instrumental. Con amor podrían curarse pleuresías, anemias, fiebres, llagas. ¿O es que amas los estiletes y las pinzas?

—Desde luego.

—¿Por qué no lo haces? ¿Te hacen falta púas y alicates?

—Desde cierto punto de vista, también son obra del amor. Todo depende de quien los modele. Yo diría que el amor es el influjo y todo lo demás su instrumento. Pero, en general, no ocurre así. Eso es lo triste. Lo difícil no es que el hombre fabrique. Lo más difícil es que el hombre ame».

El personaje de Trílada —la protagonista que articula los cuentos del libro El jinete de la brisa— parece una fusión entre El principito y la Alicia de Lewis Carroll, debido a los enunciados de sus preguntas agudas, aparentemente inocentes, pero de una contundencia dialéctica inesperada que hunden el dedo en la llaga desde su honesta ingenuidad, sacudiendo los argumentos razonables de Parvic, uno de los otros personajes. La biología, el encuentro de distintas especies, la sensibilidad hipertrofiada, el contraste de la sexualidad y los inventos tecnológicos a partir de tramas que conflictúan el amor y su fundamento, son la médula de su propuesta literaria del género no mimético, temas que estuvieron muy en boga después de los 60 en el feminismo sci fi naciente, como por ejemplo, en la obra de la legendaria Octavia E. Butler en Kindred (1979), y Xenogenesis, trilogy (1987-1989). En el relato intitulado, “El esfuerzo, el deseo (breve relato astral), el estudio de la electrónica espacial le permite al personaje de Trílada, el diseño y la construcción del lumináreo, un artefacto de transporte volador que se desplaza a velocidades impensables por los espacios exteriores y siderales. La narración inicia con el descenso del lumináreo a la tierra, cuyas hélices se pliegan como las de un pájaro y al despegar, desparecen de vista. La conversación filosófica entre Trílada y Parvic, marca el ritmo de la historia. Parvic no deja de sorprenderse y burlarse del esfuerzo titánico de Trílada en la construcción de la nave, según él, totalmente innecesaria. Las descripciones del artefacto aéreo conllevan a dilucidaciones filosóficas. La descripción, por parte de Trílada, del lumináreo, ensamble palabra, o palabra-valija —como decía Lewis Carroll— que, en su acepción polisémica del neologismo poético —que también está presente en la obra de Rafael José Muñoz en El círculo de los 3 soles—, pudiera querer decir: luz que permite elevarse por los aires, luz que asciende y penetra los espacios siderales de la psiquis, progresión en los umbrales de los círculos del conocimiento interno. Obsesiones que son parte integral en su poesía, pero que transfiere en El jinete de la brisa a su experimentación con la narración cienciaficcional y de fantasía, sabiendo que una dimensión vital en la poesía de Ida Gramcko es la aproximación vertiginosa por la luz destellante, rabiosa y epifánica, que media entre la iluminación súbita, mística y el abismo en la locura, precio por ver demasiado. La luz es una presencia constante en sus versos, en especial, en uno de sus últimos libros de poesía, como constituye Poemas de una psicópata, en donde habla del resplandor en la sombra de la rama del araguaney, como cercanía infernal de la lucidez y lo patológico. Dicha reflexión poética sobre la luz es cristalizada en la sorprendente nave del lumináreo que le permite a Trílada ascender y atravesar los espacios infinitos, utopía poética, entre todas, la más anhelada.

En el cuento de fantasía, “La materia o el fruto”, continúa con esta reflexión por la luz prístina donde nos dice primero: «El alma de Trílada, con Trílada, descendió por el campo. El alma de Trílada, con Trílada, se dijo: —Sólo mi luz. Es absoluta. Incomparable». (Gramcko: 205-206). Vemos cómo la luz, en sí misma, no sólo es un concepto medular de exploración y búsqueda en estos cuentos de proto sci fi, sino además, su gran preocupación filosófica, tanto en su poesía como en sus ensayos, afán indestructible por ver siempre más allá. Lo notaos tanto en el cuento “El esfuerzo” con la creación del lumináreo, así como en este último mencionado que se llama, “La materia o el fruto (Cuentecillo Jovial)”, donde leemos el siguiente diálogo entre el alma de Trílada y una guayaba:

«—¿Y qué es lo que llamas lo más puro de ti?
—Mi luz.
—¿Cómo es tu luz? ¿Amarilla, rosada, encarnada?
—No tiene color.
—No la comprendo en absoluto. Eres una fruta muy extraña. ¿Por qué
no me explicas? ¿Con qué la puedo yo relacionar?
—No es posible relacionar mi Luz con nada.
—¡Caramba! ¡Qué cosa tan particular! Te aseguro que no me preocupa,
pero me gustaría saber lo que es.
—Haz un esfuerzo… ¿Ves aquella luciérnaga que se enciende en la copa
de tu árbol?”.
—Pues existe una luz tan luminosa, tan límpida, tan lúcida, que no
puede tener relación con ninguna o con otra. Mi luz no es relativa a nada».

(Ida Gramcko: Pág: 208 – 209)

La luz del alma es comparada con la pulpa de una fruta, de la misma forma como la luz de Trílada, en su empeño por crear desde el ingenio humano un artefacto ascensional que atraviesa el espacio con asombrosa facilidad, es una metáfora de la fuerza y esbeltez del alma como nave, sin nada que la detenga, traslúcida, como el amor en sí mismo, desnudo y abierto a las conexiones inimaginables de las dimensiones humanas y metafísicas como fundamento del ser y de la vida. La tecnología se desnuda en posibilidad de rebelión y crítica, así como la fábula se revela con la luz en posibilidad de revelación y comprensión. En la poesía de Gramcko, esta luz escurridiza que quema y asciende es apenas atrapada con el signo terrible del martirio y el rigor del entramado sintáctico y de la imagen, mientras que en la narración de CF se corporeiza lo traslúcido de esas esencias construyendo una moral filosófica dirigida hacia los objetivos claros de su búsqueda mística.

Los diálogos, en los relatos mencionados de Gramcko, tienden a encarnar la esencia de la filosofía platónica, por la circularidad mayeútica de su búsqueda y la contraposición dialéctica de sus interlocutores, cuyos argumentos mantienen una sutil coherencia que defiende, por el lado de Trílada, el ingenio humano, y de parte de Parvic, el ingenio divino. La paciencia, el ahínco, la perseverancia son atributos y virtudes de Trílada, que Parvic rechaza, ya, que según su parecer, sólo requiere desear algo para concretarlo en la realidad, como si gozara del poder de la omnipotencia de la acción y de la voluntad divina. Parvic es un demiurgo o un intento de demiurgo. La CF funciona en el lenguaje literario de Ida Gramcko para cristalizar y materializar, alegóricamente, sus inquietudes filosóficas y místicas, así como exponer sus paradojas morales y contradicciones existenciales que la hicieron hundirse y elevarse sobre el mar de un lenguaje siempre en emergencia, como demuestra tanto su obra poética como teatral.

Sorprende la profundidad de los diálogos, de intensidad filosófica, que recuerda al más alto arte del dramaturgo, la inmanencia de desencadenar una emoción persistente que abre la conciencia hacia nuevos reconocimientos. Ida Gramcko, además de poeta, narradora, cronista, escribió obras de teatro. Esta tenacidad milagrosa para combinar y explorar todos los géneros con el mismo objetivo de la reinvención, es ese río sinestésico fluyendo hacia lo desconocido, como lo demuestra en su poesía a lo largo de varios libros. La musicalidad descalabrada, sinfónica, ontológica, en la poesía de Ida Gramcko está el primer impulso hacia la necesidad de crear palabras completamente nuevas, que construyen otras novedosas realidades, como representan las referencias a distintos inventos ingeniosos en el relato “El esfuerzo, el deseo”, que le son ofrecidos al personaje de Cósima, una viuda de un coleccionista de antigüedades llamado Ulrico que recién acaba de fallecer, para que le sirva de consuelo a su profunda congoja. Sin embargo, Cósima los rechaza de forma constante. Entre los inventos tenemos: “un pañuelo ultra-secante que absorbía, de inmediato, las lágrimas”; “un sillón giratorio, en donde era muy fácil relajarse, pues el mueble tenía, dentro de sus cojines, un relleno de musgo del planeta Lubérniga, el musgo más mullido conocido hasta entonces y que no se quemaba ni mustiaba”. Vemos cómo Cósima rechaza todos los procedimientos tecnológicos que puedan reparar su tristeza, corroborando el pensamiento de Trílada, su lealtad indestructible a lo más humano, el amor, que es, precisamente, lo que intenta destruir la ciencia y la tecnología, y, por otro lado, salvar la poesía de la perdición, la misma función que posee la CF, heredera del mito, como nos diría Pablo Campanna.

II

Por las características propias de los relatos y fábulas que hemos venido estudiando en El jinete de la brisa (LP5, 2025), podemos decir que forman parte de la CF esotérica pionera venezolana a la que corresponde: La máquina de la felicidad (1938) de Jesús Enrique Lossada; los Cuentos extraños (1961) de José Mauricio Odremán, así como la obra narrativa de Jonuel Brigue, acrónimo del ensayista José Manuel Briceño Guerrero, en libros como Doulos Oukón (1965) y Triandáfila (1967), ejemplares que son parte de una tradición antigua de textos iniciáticos que parten de la influencia de Carlos Castaneda, así como en autores como el filósofo y místico George Gurdjieff, en su libro escrito primero en armenio, Relatos del abuelo Belcebú a su nieto, que se sirve de las operaciones secretas del esoterismo iniciático a través de las narraciones de Belcebú a su nieto mientras viajan en una nave espacial. Narración filosófica en el camino del despertar de la conciencia que marca un hito en este tipo de textos que fueron leídos con una atención devota por Ida Gramcko.
La proto CF de Ida Gramcko que todavía no podría llamarse CF completamente, por sus dejos y atisbos de fantasía fabulante y especulativas, así como su estructura dialógica propia del platonismo, se adapta, con mucha propiedad, a lo que el ensayista merideño, Mariano Picón Salas, denominó fantaciencia, para referirse a un género literario específico propio que involucra tanto la anticipación, el humanismo crítico, y esa “voluntad de comprender” que fue parte de la autora y de su pensamiento activo en favor de una construcción íntegra del individuo y de su futuro revelador de la condición humana, tocando temas como la lealtad y la ausencia del amor, su pérdida, la amenaza de su pérdida y la redención de su presencia en un mundo atribulado a causa de su carencia y del vacío que deja los inventos tecnológicos, buscando otros caminos más prístinos para el ser que pueda iluminar las sombras ocultas de un alma que busca la luz, incluso, más allá del incendio.

Daniel Arella (Caracas, 1988). Poeta, ensayista, narrador y editor. Licenciado en Literatura Hispanoamericana y Magister en Filosofía por la Universidad de Los Andes. Ha publicado los poemarios Al fondo de la transparencia (Los Caminos de Altair, Venezuela, 2009); El andrógino ebrio en el Haitón (Nuevos Clásicos, Bolivia, 2017), Anatomía del grito (LP5, Estados Unidos, 2020), El Arcángel (El Taller Blanco Editores, Colombia, 2022, 1era ed; 2025, 2 ed), Mantis Darkonia (Chifurnia, Honduras, 2025). Ganador del Premio Universitario literario de la ULA- DAES en la mención narrativa (2010, 2015). En el 2015, resultó ganador del Premio Latinoamericano de Poesía por Concurso Ciro Mendía (Caldas, Colombia). Editó y prologó la antología, Relatos pioneros de la ciencia ficción latinoamericana (El perro y la rana, Caracas, 2015, 1era ed; 2020, 2ed). En el 2021 quedó seleccionado entre los 10 primeros lugares del Premio Rey David de Poesía Bíblica, España; entre los jurados estaban Hugo Mujica y Antonio Colinas. Mención en el Premio Goethe Institut de Ensayo por la Universidad San Marcos de León, 2020, sobre la obra de Friedrich Hölderlin. Finalista Premio de Poesía Distrital de Bogotá, 2022. Mención en Premio de Ensayo sobre la obra Ida Gramcko, 2022. Finalista en el Concurso de SCI-Relatos, España, Universidad Complutense de Madrid, 2025. Sus poemas, cuentos y ensayos forman parte de numerosas revistas y compilaciones nacionales e internacionales. Imparte talleres de escritura creativa, filosofía y ajedrez. Es miembro del Consejo de Redacción de la revista POESIA de la Universidad de Carabobo.