Menu

Editorial (Año 22 N° 1) Literatura venezolana

Quiero comenzar diciendo que hablar de literatura venezolana hoy implica hablar de una literatura atravesada por el desplazamiento, la memoria y la resistencia poética. No se puede decir que es una literatura homogénea ni cerrada sobre sí misma, es más bien un territorio plural, fragmentado, en permanente diálogo con otras lenguas, otras geografías y otras tradiciones.

Gladys Mendía 7 meses ago 79
Compartir:

Quiero comenzar diciendo que hablar de literatura venezolana hoy implica hablar de una literatura atravesada por el desplazamiento, la memoria y la resistencia poética. No se puede decir que es una literatura homogénea ni cerrada sobre sí misma, es más bien un territorio plural, fragmentado, en permanente diálogo con otras lenguas, otras geografías y otras tradiciones.


La literatura venezolana —especialmente la poesía— ha sido históricamente una literatura de pensamiento. Una literatura que no se conforma con decir, una voz que se interroga a sí misma: por el lenguaje, por el cuerpo, por la historia, por la identidad. Desde las vanguardias hasta las escrituras contemporáneas, hay una constante: la necesidad de pensar la experiencia desde el lenguaje, incluso —o sobre todo— en contextos de crisis.


En las últimas décadas, esa tradición se ha visto profundamente transformada por el exilio, la migración y la precariedad ocasionada por una situación compleja también para aquellxs que no tuvieron la opción de salir del país. Muchxs escritorxs venezolanxs escriben hoy desde otros lugares del mundo, otras lenguas, otros sistemas culturales. Esto, al contrario de empobrecer o disminuir la literatura, ha generado escrituras híbridas, desplazadas, que ya no responden a una idea fija de nación, sino a una experiencia del mundo en tránsito. Ars poéticas que, contra todo pronóstico, se han enriquecido y potenciado. Aquello que ha sido sufrimiento para el cuerpo y la mente, ha significado una invaluable expresión creativa, que desde ya es digna de estudios y análisis críticos para dar cuenta del sentir de una época.


El trabajo que desempeño como escritora, editora y traductora nace precisamente de esa conciencia de otredad. Escribo poesía, pero también ensayo crítico, reseñas; traduzco, edito, creo audiovisuales, organizo encuentros, premios de poesía, diálogos. Para mí, la literatura es también el cuidado de la memoria, la creación de puentes, la puesta en relación de voces.


Desde LP5 Editora he trabajado intensamente en la recuperación, edición crítica y difusión de autorxs venezolanxs, especialmente de escritoras que durante mucho tiempo fueron leídas de manera fragmentaria o marginal. Uno de los ejes centrales de mi trabajo ha sido la obra de Ida Gramcko (1924-1994), una de las grandes pensadoras y poetas venezolanas del siglo XX, cuya escritura dialoga con la filosofía, el psicoanálisis, el mito, el arte y la historia. Pocos saben que fue una de las primeras mujeres periodistas del país. Editar su obra completa ha sido para mí una forma de reescribir la genealogía de nuestra literatura.


Pero también me interesa profundamente la poesía contemporánea venezolana, escrita tanto dentro como fuera del país. He trabajado con poetas de distintas generaciones, con escrituras muy diversas, muchas de ellas atravesadas por la experiencia migrante, por la neurodiversidad, por el cuerpo como archivo de la historia. En ese sentido, pienso la literatura venezolana actual como una literatura relacional, en el sentido que le da Édouard Glissant: una literatura que se construye en el encuentro, en la traducción, en la opacidad, en la diferencia.


Mi propia escritura poética se sitúa en ese cruce. Escribo desde la experiencia del desplazamiento, desde una escucha atenta del cuerpo, del deseo, del tiempo. Me interesa una poesía que no se aferre a ideas, que piense desde la impermanencia, que dialogue con otras tradiciones y ramas del saber —la poesía latinoamericana, la poesía brasileña, la literatura africana actual, la filosofía oriental, la neurociencia, el pensamiento crítico contemporáneo— sin miedo a perder su singularidad.


Para cerrar, quisiera decir que pensar la literatura desde Venezuela, desde el hemisferio sur del continente, es también pensar desde una posición ética. Es resistir a la homogeneización, a la crueldad del sistema económico y político, al mercado como única medida de valor. Es sostener la escritura como un espacio de pensamiento, de cuidado y de transformación.


Escribir, editar, traducir y difundir la literatura venezolana hoy es una forma de seguir preguntándonos quiénes somos, cómo habitamos el mundo y qué lenguaje necesitamos para decirlo.


Gladys Mendía
São Paulo, enero 2026.