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SOBRE PROVISORIO. POR DANIEL ARELLA

EL BALBUCEO QUE SE RESISTE A DESAPARECER La rutina del crimen en las páginas de los sucesos, las crónicas,los divorcios, la mirada húmeda de un perro enfermo,el temblor de un

Gladys Mendía 3 años ago 40
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EL BALBUCEO QUE SE RESISTE A DESAPARECER

La rutina del crimen en las páginas de los sucesos, las crónicas,
los divorcios, la mirada húmeda de un perro enfermo,
el temblor de un pájaro enjaulado que presiente el colapso de su
dueño, la misma viejita vestida de luto insultando al frutero.
Luis Enrique Belmonte

En la obra completa del poeta venezolano, Luis Enrique Belmonte, el desencanto de la mirada sobre las superficies de las cosas emancipa el absurdo del mundo a una probabilidad disparatada de otorgarle significado, pero es en ese intento falaz cuando la lejanía del lenguaje va cociendo las horas desnudas de la decadencia, la diáspora y la vejez con sórdida precisión, con un ingenio desmesurado de asociaciones impensables.

En su libro premiado, Inútil registro (1999), el conteo absurdo de las cosas derruidas mecidas en un esplendor de íntima miseria, signa la condición humana desde esa dilatada decrepitud del tiempo, materia elemental de sus propios poemas, que recuerdan a un Francis Ponge corroído por una desesperanza bufónica. En el prólogo al libro del abanderado de la poesía objetual, Francis Ponge, traducido del francés por el poeta venezolano Alfredo Silva Estrada, De parte de las cosas, de cuyo esclarecedor prólogo nos dice:

Desolidarizándose del surrealismo, movimiento al cual se halló fugazmente adherida. Francis Ponge nos propone, a comienzo de la década del 30, una vuelta al orden, a la simplicidad, un regreso a las cosas: “Considerar todas las cosas, como desconocidas, pasearse o tenderse bajo los árboles o sobre la hierba, y retomar todo desde el comienzo”.[1]

Ante este reto por empezar de nuevo a nombrar, se impone el absurdo desde las aristas de la existencia. Entonces Belmonte fuerza el significado del poema -que se desvanece recreando lo que podríamos denominar una mitología disparatada de la cotidianidad– intensificando un pesimismo reivindicador propio del enunciado, desde la burla y la ironía dislocada, muchas veces pérfida, por momentos de una ternura conmovedora, que termina por crear imágenes súbitas  que se sostienen en la fabulación de un Inútil registro:

El balbuceo de lo que se resiste a desaparecer
La pestaña enredada en un torbellino de polvo
El cúmulo de ocre en la barba de un anciano
El hilo extraviado
La pelusa de traje que no se usó nunca
Y que se encoge poco a poco
Las letras de tu nombre
frotándose entre las patas de un zancudo.

(Cuartos de alquiler (2005), p. 86) 

Alegorías inauditas de un imaginario cotidiano e inédito que desciende al porvenir de una anti-poesía interpelando sus referentes con humor y crueldad. Por ejemplo, en el poemario narrativo, Matadero, la aptitud cruel de la parodia lleva la poesía a la deshumanización. Al intentar nombrar con prosa afilada el exceso de dolor que la realidad desborda, la sintaxis se fecunda de una violencia elocuente que detona en múltiples narraciones entrecortadas hiladas por la fatalidad, la intemperie y el crimen: “viene también el tragafuegos y les escupe el cloroformo para darles ánimo y decirles que sí, que el año que viene ganará el equipo local y que habrá, pobres almas de fermento, en verdad habrá buen vino”.

La calidez desalmada que logra al nombrar la decadencia de lo que es arrebatado por el tiempo, adquiere una ternura que desencadena una fantasía mitológica y arbitraria conectada con la cotidianidad que genera alegorías inauditas de enlaces laberínticos filosóficos en los retratos rítmicos de los objetos. Así nos dice en su poema “Vocación de ausencia”, título que revela la raíz de su poética:

Revisa tus alforjas, aquello que queda
en tu cesto íntimo: bolígrafos  sin tinta, trajes encogidos,
desteñidos temores, un zapato sin su par, la espuma
de un decir rabioso, maldiciente,
y palabras como yerbas arrancadas por la misma mano
que decapitó al tritón de la fuente en el parque.
Pero no es que las cosas tiendan a la fuga
lo que hace su vocación de ausencia
sino lo que verdaderamente cruza el umbral 
en el proscenio de lo visible, jamás de despide,
jamás enarbola para sí su predisposición al tránsito,
como el crujido de la rama en una noche de tormenta,
como la muerte del pájaro en su propio nido.

(Inútil registro (1999) p. 58)

La utilidad frágil de nombrar los objetos, acaeciendo con las superficies desvencijadas de los cuartos de alquiler y las sombras que los rincones murmuran, originando el significado que, al ser percibido decanta ausencia, hastío y una pérfida venganza que termina en sátira y en mueca irrisoria, desenmascarando la realidad que sostiene al mundo.

La pérdida de fe en el mundo apertura un laberinto de entrecruzamientos mitológicos y alegóricos arbitrarios- descabellados que denuncian su absurdo a través de un nihilismo paródico pero resonante y vibrante en una de los lenguajes poéticos más originales de la poesía venezolana moderna. Despidamos esta breve introducción con una parte significativa de uno de los poemas más conmovedores el libro, justamente aquél dedicado a los migrantes, titulado “Dios tenga piedad de los errantes”:

El resquebrajarse de un dolor tieso que se acumula, y suma
los lápices partidos, los cabellos caídos,
el mulo muerto al filo del abismo, la cajita de fósforos
humedeciéndose en la madrugada, el llanto
bajo las almohadas, todo el sucio descifrado
de la ropa zurcida, todo lo que sopla y se inflama
en los minutos que ensanchan la errancia .
Dios tenga piedra de los errantes,
y que el agua  brutal de sus ánforas se torne en vino;
que una musiquilla ascienda  hasta sus labios
haciendo mecer
los eucaliptos de la huida. 

(Inútil registro (1999) p. 49)

Daniel Arella
Mérida, septiembre 2020


[1] Francis Ponge. De parte de las cosas. (Traducción y prólogo. Alfredo Silva Estrada). Monte Ávila Editores. 


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