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RODRIGO PERALTA: Poesía Actual de Chile

  RODRIGO PERALTA (Santiago de Chile, 1973) Licenciado en educación, actor y Pedagogo de la misma disciplina. Ha participado en diversos proyectos de teatro, cine T.V.  También es poeta, dramaturgo, y editor

Gladys Mendía 5 años ago 94
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RODRIGO PERALTA (Santiago de Chile, 1973) Licenciado en educación, actor y Pedagogo de la misma disciplina. Ha participado en diversos proyectos de teatro, cine T.V.  También es poeta, dramaturgo, y editor literario (Ediciones Filacteria). Colaborador de diferentes compañías de teatro experimental y colectivos multiartísticos desde 1995 (O-culto, T-atropello, Trifulka, Sociedad anónima, Esqueleto).

Director de L.A.C.R.A, laboratorio de investigación artística, teatro y poesía sonora (Patriautmemory, La Memoria de la Calle, Pelet, Transformación, Relatos sonoros).

Ha colaborado en medios escritos y digitales como Revista Absenta, Revista A89 y el diario digital Cine y Literatura haciendo crítica teatral.

Es autor de los libros Hacia la noche de afuera (2003), De-claro por Ventana Abierta (2011).

Actualmente prepara la salida de un par de textos de narrativa y poesía complementando la dirección de Ediciones Filacteria.

 

Selección por Gladys Mendía de De-claro (Editorial Ventana Abierta, 2011).

 

 

DE-CLARO 1

 

Desperté con la sensación de entender
mis latitudes y longitudes veredictas.
El corazón sólido y el alma tratada en un baño de
sangre oculta en la trizadura.
Desperté de-claro, frente a mi intensa biografía, en el
límite colindante entre la calma y la irritación.
Es que no hay tiempo para desarrollar la profundidad
del objeto en tránsito.
La geografía humana es intrincada, matriz
ahuyentadora de razón, re-clama como deshecho.

y la tumba será de los libres…

 

 

 

DE-CLARO 2

 

Apenas me sostengo por la sobredosis de emoción
mis pensamientos cliquean el tiempo para
convertirlo en presente continuo, para no olvidarte, para
no recordarte, tenerte viva, húmeda, latente pulsadora
de ternura, entre mis brazos, lamerte la vida de sosiegos,
esculpirte, dibujar tu sonrisa en la mía
paralizándonos en presente continuo.

 

 

 

DE-CLARO 3

 

Descubro en la verdad la vía del dolor. Es un claro-
oscuro, una melodía sensata, revolucionaria de emoción,
como cierto panfleto de épocas represoras, donde la
esencia de la fortaleza era el telón de fondo para combatir
la adversidad.
No es casual que los hechos se precipiten torrenciales,
bajo los ojos desborda un caudal de dolores. La cura es
un desmayo del cuerpo, un mareo repentino, cuando la
calma decide tomar la siesta.
Luego despertar aferrado a la entrega, sin juicio, duda,
pena, ni llanto. Sólo estar para que la compañera del
futuro te recoja en el campo de batalla.
Somos seres de-claro-oscuro. Claros en la umbra.
Libertarios por naturaleza.
Abismales.

 

 

 

DE-CLARO 4

 

Rezagado de los ochentas: bototos, jeans arremangados,
polera marinera. Pelo corte garzón mas jopo y delgadez
sofisticada. Recorría la ciudad entre el garaje y la nona
jazz. El taller urbano y las acciones de arte sobre la calle
del barrio viejo.
La otra cara de Santiago; el film del cotidiano íntimo, los
Opalas, las micros antes de ser amarillas, la intercomunal,
Cumming con Alameda, las lacrimógenas, los perdigones,
las juventudes agitadas por la Alameda. Una bomba en
Villa Portales, Quinteros, camino al aeropuerto, Bulnes
y el desquicio de los criminales en el poder. Corren los
últimos años de los ochentas. Desesperación.
Aún tiene el mismo taller, a veces pinta, pone música en
clubes, sigue con sus lecturas de Lihn, Lira y los poetas
off saider del siglo XXI. Es el ícono de la resistencia
cultural, ciertamente un rezagado digno y legítimo de
los ochentas. Algo barrigón por el whiskey y la cerveza.
Amigo del librero, del cantinero, del partner hoy
convertido en delincuente de estado, de los cultos e
intelectuales amnésicos, del dealer de la plaza, del
peluquero y del vagabundo de zapatos pulcros y bigote
amarillo por el alquitrán. Hijo legítimo de una generación
impertinente, sabio pasajero de clase incómoda, que
cuando estalla en melancolía busca el pantalón aflautado,
el mismo que vistió para el primer recital punk en Plaza
Brasil.

 

 

 

RECUERDO DE HASTÍO

 

Largo fue el verano.
Lo recuerdo porque el sol ya estaba transformado.
La ciudad era un caldero.
Fue el año de las modificaciones
los cambios radicales
el debilitamiento de las confianzas
los asuntos pendientes
de los dolores de pecho
de la fatiga muscular de un trágico urbano
sin precedentes.

El otoño siempre me descubre
modifica mi estado
cuando las hojas caen en el frío de la tarde
la luz calma.
Los ojos teñidos de magenta
el inusual aroma de la noche
huele a caldo, infancia, pólvora, barricadas
y a la madrugada umbrosa que deshace el espejismo
en la existencia del sueño.

 

 

 

EL CONTRA PICADO

 

Prefiero hablar de putas y bandidos
seres al descubierto de ojos brillantes y manos ajadas.
Prefiero entablar una charla con el verdulero
y la dueña del almacén de mitad de cuadra.
Me gusta cuando el silencio me convence
cuando se vuelve amigo confidente.
Me gusta porque de-clara mi carne
de-rrota la insidia.
Me gusta cuando se presenta curando
palabras en la continuidad del tiempo.

 

 

 

LA CALIENTE

 

Hacía tanto calor que mojaba sus dedos
con el agua que caía de un grifo.
Se pasaba la mano por la cara
las yemas de los dedos por la cara.
Humedecía sus labios resecos
para calmar el calor sofocante de aquella tarde.
Sed, mucha sed
en el barrio todos comentaban
que ella era la caliente
porque se agachaba
sin delicadeza en aquella esquina donde goteaba el grifo.
Solo tenía sed, mucha sed, demasiada sed.

 

 

 

RUIDO

 

El ruido de madrugada cuando recién cierro los ojos.
Alguien estrellado contra un muro, contra un poste
contra la almohada. Contra sí mismo.
Lo oigo nítido.
El ruido.
Ese que revienta cuando el sueño no ejerce su sueño.
La ciudad versa, prosa, narra, dramatiza
a través del sonido
la remota interferencia cliquea mi cabeza
la inunda, la anega
y sólo yo
soy el habitante.
Llevo la piel cansada, los párpados desmayados.
Las líneas de mi mano aparecen de la noche a la mañana
no sé si es tiempo
vida o trayectoria de impostor
un parásito minucioso en la carne del silencio.
Es la hora prudente, un tauma-tropo que hipnotiza.
La medicina cobra su efecto.
Intento mover mis manos, dirigir palabras
ostentar un guiño salvador
contra el gusano que deshidrata el cerebro.
Ruidos: sonidos desesperados, simultáneos.
Ruidos, ruidos, ruidos. La fractura del silencio.
Nuevamente el ruido, aullidos, gemidos, gemidos y
gritos.
El trino difónico de un pájaro herido de ala por distracción
degollado por los cables del alumbrado, ahogado en la
pileta del
parque, reventado en el cemento por un vehículo de
servicio público.
Entonces pienso en la saliva fluorescente
que deja el caracol en su camino.
Pienso en el olor del jardín recién mojado, en los bichos,
en el
desperdicio bajo la tierra, en la tiza extraviada de un
niño, en el dibujo del muro, en la falta de un dedo, en el
ruido
del despojo y luego el olvido.

 

 

 

UVA

 

Me gustan los ojos, la piel, el perfume natural de lo
deseado.
La curiosidad alimenta mi des-pudor. Lividino: el hambre
que provoca la uva en el parrón.
Cuelga el racimo, lo arranco grano por grano.
Un aire hacia dentro roza el labio, genera un sonido
comprimido.
Salud.
El agua en la boca es suavidad, aceite natural que lubrica
la piel de los dedos.
Quien investiga, recorre la fisiología de una mirada
esperando el estallido.
No hay perdón ni culpa, el presente es eterno, cautiva,
no toca, mira, a la primera señal se deja caer en picada.
Un buitre enamorado, un ángel quiere degustar el fruto
prohibido.

 

 

 

EL HOMBRE

 

Lleva el café humeante de varios cuerpos, la ceniza-
cigarro
entre los dedos, la boca vaporosa y el desasosiego de
una vuelta.
Un retorno, el regreso a los males de ayer.
Tiene los codos secos y casposos como los de Jorge
la garganta deshidratada
los ojos vidriosos
el cuerpo tembloroso.
El hombre dialoga con su Patrio y espera.
En la plaza pública, el territorio aguarda cubierto de
nostalgia
y de ciertas psicofonías jadeantes de amor.
A media noche
animales, niños, columpios mecidos por el aire, el mismo
aire que enfría la cara.
El hombre está quieto, a tres cuarto tras la puerta, mira
por la cortina descorrida de un ventanal.
Lo observo auxiliarse en la umbra, al hombre proyectado
en un muro de cualquier ciudad. Un hombre.
En silencio me sonrojo, me aturdo, me diluvio.
La madrugada me atrapa, me impacta, me anega.
Siento miedo, no cobardía, miedo por seres mal paridos,
vestidos de ropaje aparente, la marca oculta bajo la
bendición inquisidora.
Prended fuego a las grandes alamedas
para detener el avance de los pasos negros.