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JOAN NAVARRO: Poesía Actual del País Valenciano

Joan Navarro, Oliva, País Valenciano, España, 1951. Profesor de Filosofía. Autor de los libros de poesía Grills esmolen ganivets a trenc de por (1974), L’ou de la gallina fosca (1975),

Gladys Mendía 6 años ago 37
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Joan Navarro, Oliva, País Valenciano, España, 1951. Profesor de Filosofía. Autor de los libros de poesía Grills esmolen ganivets a trenc de por (1974), L’ou de la gallina fosca (1975), Bardissa de foc (1981), La paüra dels crancs (1986), Tria personal: 1973-1987 (1992), Magrana (2004), Sauvage! (2007), edición francesa de A. Salvador y A. Gato, Atlas (Correspondència 2005-2007) (2008) con el pintor Pere Salinas y traducción al español de Lola Andrés, premio de la Generalitat Valenciana al mejor  libro editado durante el año 2008, A deslloc (2010), Grafies·Incisions (2010) con el pintor Pere Salinas y del texto narrativo Drumcondra (1991). Traductor de Amado mio de Pier Paolo Pasolini (1986), Esfera. Una antologia de Orides Fontela (2010), y, con Octavi Monsonís, de Ossos de sípia, de Eugenio Montale (1988). Ha traducido al español a la poeta brasileña Elisa Andrade Buzzo, Noticias de ninguna parte (México, 2009) y Canción retráctil (México, 2010). Es editor de la revista digital sèrieAlfa. art i literatura.

 

Traducción al español de Lola Andrés

Del libro Magrana (Granada)

 

Almacén de estrellas y otros poemas

 

VEN

 

días diamantinos

 RÉGIS BONVICINO

 

Ven y veremos las luciérnagas a los pies de los cañaverales. Ven, nos esperan inquietas las aguas que brillan. Ven y escucharemos los murmullos de la región abisal. Ven ahora que se rompe el alba sobre el mar. Ven y viajaremos por los círculos del iris. Ven, el dragón del equinoccio se engulle un cometa. Ven y sentiremos el olor de salitre y de madera de barca. Ven, el viento revuelve las nubes de los árboles. Ven y afilaremos el hacha que fecunda la tierra. Ven, cinabrio, mercurio, hoz dorada, espejo de caverna, granada.

 

Ven y quemaremos los altos zarzales. Ven, el sagitario atraviesa los campos de noviembre. Ven y miraremos este paisaje que pronto será otro. Ven, los vertederos humean en las afueras. Ven y nos adentraremos en los bosques sin claros. Ven, días diamantinos llenarán las estancias. Ven y sentiremos el tiempo que no dura. Ven, rombo, muérdago, serbal. Ven y nos amaremos bajo un cielo de islas pequeñas. Ven.

 

 

MEMBRILLO DE ÁMBAR

 

In der Frühe

Sind die Tannen kupfern

 BERTOLT BRECHT

 

La sombra blanca de la luna sobre la arena peinada. Las huellas de los animales que el viento se ha tragado. La queja de los muebles cuando llega el frío. El olor acre de la palomina. Las manchas de aceite que irisan el estanque. Los troncos musgosos de los bosques de Buckow. El vuelo reposado de una abeja en el membrillo de ámbar. El esplendor de las estrellas que ya se han desvanecido. El vástago del olivo milenario. La sima abisal donde reposa la espada de plata. El estallido seminal dentro del hueso carbónico de la noche.

 

La luz del alba no es otra que la luz del atardecer: Una roca de hielo flotando en medio del océano, un espejo donde arde el oro de las montañas. Es el latido de los astros, de los grillos de las patatas que apuntan entre las glebas, de las ranas en los cañaverales. Es la ermita que se derrumba junto a la pineda, el reloj de sol al que la lluvia ha corroído el estilo, la señal de las horas que se esfuma sobre el muro desmoronado.

 

 

MEMORIA DE PEZ

 

A H. Rutberg

 

Ein Fischlein blitzt vorüber und verblaßt

 GEORG TRAKL

 

Tener la memoria de un pez, breve destello del pasado, zambullida de ánade en las aguas verdes donde dormitan las horas vividas. ¿Qué se ha hecho del dulce tiempo del amor? ¿Habríamos sentido este tiempo? ¿Y de las lágrimas por la ausencia? ¿Sabríamos de la soledad? Archivos de hielo. Memoria breve como la carrera de un ratón cruzando el camino del jardín, como el encuentro furtivo de los cuerpos entre los árboles, como el trayecto de una bellota al caer al suelo desde la alta rama. Breve como la llama que quema rastrojos en tierra baldía.

 

Deseo de tener memoria de pez, de carpa de los fangales, de lombriz a orillas del mar. Mínima vida animal. Memoria huidiza como la sombra de un tren, sin tren ni sombra. Un ahora perpetuo. Aire de olvido. Plata gastada. Olvidarlo todo y escuchar cómo tintinea la bóveda del cielo horadada de estrellas y el anillo del planeta. Olvidarlo todo y contemplar cómo respira la oruga y la orquídea, cómo llora el abedul cuando llega el estío.

 

 

 

EN EL FONDO DE LAS PALABRAS

 

Die Worte sind wie  die Haut auf einem tiefen Wasser

LUDWIG WITGENSTEIN

 

La corteza reseca de las palabras. El blanco albuminoso de las almendras verdes. La quietud húmeda de las cuevas profundas. Los caminos invisibles de los escarabajos sobre la piel mutante de las dunas. El olor encendido del ganado en el redil. Los ojos brillantes de los automóviles en la niebla hueca. Los movimientos delicados de la pantera entre los sarmientos de una viña salvaje. El olor a brea y a sebo. La espuma del mar desbravado chispeando sobre las rocas. El brillo mortecino de los metales bajo tierra.

 

La pálida mirada de las lámparas cenitales. Las ruedas del carruaje hundidas en el fango. Los zapatos sucios de barro. Las crines socarradas de los maizales. Humo, sol, fuego y viento, cristal, la luna. Una alarma que se dispara en medio de la noche. La bóveda del cielo inundada de puntos platinados. Un cuévano lleno de nubes y de bórax. El río es un bloque mudo de piedra. En el fondo de las palabras reside el fondo de las cosas.

 

 

 

ESTE ES EL POEMA DEL RETORNO

 

este é o poema do retorno

LINO BRAXE

 

El aire huye del viento. La luz se esconde dentro de la semilla, bajo las glebas, y respira. La fuente y el ciprés blanco. Un estrépito de címbalos se escucha junto a las aguas sagradas. Los barcos, al arribar a puerto, hacen sonar las sirenas. ¿Dónde va el sonido cuando deja de ser perceptible, dónde las palabras dichas? Deméter de Eleusis, alimentadora de todos los mortales, hace crecer las espigas y guarda las trojes. Los automóviles circulan tuertos por la ciudad dormida. ¿Dónde están los olores de aquellos veranos? Los ascensores rehacen continuamente las mismas rutas verticales.

 

Ya es hora de volver a los incendios de la aurora. A los ojos de los ríos inquietos. Al oscuro resplandor de movimientos circulares, cueva del tiempo, pantera indómita. A las gaviotas que planean indolentes sobre el delta. A las palpitaciones de las nubes que el viento pastura. A la pulpa de los frutos. Al fulgor salvaje de los limones bajo el sol de agosto. A la cuna de las partículas minúsculas. ¿Quién vigila la duración exacta de las cosas?

 

 

 

LA SAVIA Y EL BARRO

 

Mora en el vacío interno

KANCHI SOSAN

 

El vacío creador. El silencio de los bambús bajo la bóveda calcárea del huevo. El brillo de las plumas del águila. La nostalgia del porvenir. Una semilla en la celda diáfana de un relicario. Los bienes abandonados tras la última partida: el jarrón con los tulipanes, el rodaballo hechizado en la médula del frigorífico, las vezas de las palomas esparcidas por tierra, una cajita forrada de conchas y paisajes, la estela de una barca sobre la cara del agua, un pez de vidrio encima del aparador, las yemas de los bulbos. El vacío vastísimo lleno.

 

El vacío homogéneo y múltiple. El elefante, la tortuga y el águila. Una sombra sin cuerpo. La roca y la arena. La luz del mediodía en el vientre del cántaro. La savia y el barro. En cada grano de polen duerme el sueño de todas las flores, el sueño de todos los pólenes. Noche de plenilunio. La energía que mueve las raíces y las estrellas, los barcos y las mareas, el estiércol y las manzanas doradas. El vacío innominable.

 

 

 

ALMACÉN DE ESTRELLAS

 

A Jean Serra

 

Il y a les fleuves qui ne remontent pas leurs cours 

 GUILLAUME APOLLINAIRE

 

Hay el lugar donde se originó el tiempo, donde todo muda para ser. Hay el amarillo de las hojas del ginkgo cuando el frío llega. La imagen de Grace entre cajas de manzanas, bajo la lona del camión. Hay las fuentes mudas del invierno. El silencio del robledal. Hay los trenes que circulan cuando la gente duerme. La almendra de sal y el agua de la memoria. Hay las casas del alma. Los cuerpos del aire. Hay el Almacén de estrellas de Anselm Kiefer. La inquietud de la tierra adusta. Hay las semillas y el plomo. Los cabellos de ceniza de Sulamita.

 

Hay las partículas fantasma. La luz primitiva. Hay los ojos de espanto de los ocupantes de una patera que zozobra. La devastación y el óxido. Hay el gran temblor de hierro. El barro y el alabastro. Hay los desperdicios cibernéticos. Un flujo de genes a la intemperie. Hay la llamada del bosque. La furia de los monzones y los rastros de los saurios. Hay los atardeceres que nunca hemos visto, los labios que no hemos besado. Este poema.

 

 

 

LAS ACROBACIAS DEL AZAR

 

A J. D. F.

 

S’il te plaît… apprivoise-moi! dit il

 ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY

 

El corazón yermo. El corazón fuerte. El corazón. Las balsas de enea surcan las aguas del lago del altiplano. El corazón lleno de fantasmas. Un bloque de hielo. ¿Un corazón de hielo? Las lágrimas inmóviles palpitan dentro de la carne de las frutas: Una selva infestada de vida. Las acrobacias del azar ¿Se puede tener nostalgia del futuro? ¿Qué había antes de la palabra? ¿El deseo? El deseo de ser domesticado como el zorro, de ser único en el mundo, que fueras único en el mundo. Los latidos desbocados del corazón. El juicio a la intemperie. Al atardecer un tren de cercanías atraviesa la llanura.

 

El sabor del vino de Oporto ya entrada la noche. La lluvia de París sobre tu piel. Un beso robado, ¿recuerdas? El miedo del corazón. Tu voz profunda. El deseo de ser domesticado como el zorro del aviador. Adonde estés seremos vecinos, serás huésped de mi corazón para siempre. Una luna redonda se pasea entre las nubes antes de oscurecer. En el marjal los patos anidan entre los juncos y el carrizo. Pronto llegará el silencio.

 

 

 

¿DÓNDE ESTÁN LAS PLAZAS SOLEADAS?

 

We live in the mind

 WALLACE STEVENS

 

Hay el desierto. La vastedad. El tiempo concluso. La esfera vacía. El cráneo vacío. La ausencia. Rubíes apagados en las bóvedas celestes. Carne de la nada. Fractura del juicio. Rayo apagado en el hayedo. Imagen invertida en la retina: saltimbanqui de la mirada. Una ráfaga de viento despeina la aurora. Aliento de oruga dentro del saco de seda, rumor de mar encapsulada. La brea se cuartea en el casco del barco. El arquero ha herido al antílope negro a los pies del acantilado: Se ha roto el collar de las palabras que me ligaban a la tierra.

 

Trozos de palabras sobre la colcha. Chatarra oxidada esparcida por el campo de batalla, bajo el agujero de la luna. ¿Cómo recordar, si me faltan los árboles y las casas, las aguas y las piedras, el olor seminal y las albercas congeladas, los maizales incendiados, el esplendor de la pirita cúbica? ¿Dónde las plazas soleadas? ¿Dónde el respiro quieto de la sal? ¿Cómo saber que la noche es oscura, si he perdido la noche y la oscuridad, el día y la luz?