
Cinco poéticas del cuidado y la palabra que sana: Belmonte, Benarroch, Quintero, Gavlovski, Hurtado.
Selección y presentación: Gladys Mendía.
Esta breve muestra es fruto de la amistad y de la poesía compartida. Lxs cinco autorxs son venezolanxs, poetas y terapeutas. Acompañan a las personas en sus procesos de transformación. Lo hacen con escucha amorosa, con imaginación y con una ética de cuidado que transforma el lenguaje en un espacio de común unión. La poesía entonces es aquí una voz/camino que orienta, alivia, organiza la experiencia y brinda una visión nueva a aquello que duele.
Luis Enrique Belmonte dirige la mirada sobre lo cotidiano. Observa lo ínfimo y le concede dignidad. Trabaja con objetos, horas, ventanas, animales lentos. Su tono es cordial y atento. El humor abre paso a una compasión activa. El poema se vuelve compañía. La escritura es un gesto que baja el pulso y permite habitar el tiempo con paciencia.
Victoria Benarroch escribe desde la economía del corte y la respiración breve. Su más reciente libro El desierto que cruzamos trabaja con tres materiales cardinales —arena, agua, luz— como operadores de temporalidad: la arena erosiona, el agua recuerda, la luz hiere y guía. Esta tríada organiza un camino de purificación y escucha; el deseo se vuelve disciplina de atención. La blancura de página y la sintaxis contenida regulan el aire en la lectura: más que declamación, Victoria propone una respiración compartida.
Florencio Quintero celebra el cuerpo, la risa, el juego. Su dicción es expansiva, festiva, dionisíaca. La enumeración libera la percepción y desarma rigideces del ánimo. La gratitud funciona como práctica. La sensualidad es vitalidad que devuelve energía a la lengua. La voz se inclina por la alegría lúcida, capaz de sostener contradicciones sin negarlas.
Johnny Gavlovski, en su más reciente obra La lluvia que me habita, arma su voz con el elemento agua. El ritmo de la lluvia marca el ritmo de la respiración. Hay secuencias progresivas, códigos íntimos, espacios y silencios, entendimientos sobre la marcha. La repetición modula la voz y la vuelve estable. Los poemas registran disoluciones y reapariciones. La palabra se ofrece como abrigo en momentos difíciles. La forma cuida: administra la luz, el descanso, el latido.
Ana María Hurtado piensa desde la intemperie. En su libro La fiesta de los náufragos, la figura del naufragio organiza un tránsito de exposición y clarificación. El mar es medio y método: blanquea, limpia, sostiene. La orfandad se asume sin dramatismo y se transforma en claridad. El poema funda una comunidad de supervivientes. La voz convoca, reúne, abre lugar.
Estxs cinco amigxs comparten una convicción: la palabra poética puede sanar, en toda su magia sincrónica tiene el poder transformador. En mis lecturas de sus poéticas recorro sus distintos tonos, su imaginería y sus silencios; todo me dice, me acompaña y me cobija. Aquí, la poesía es un modo de estar con los demás, de caminar y sanar juntos. He realizado una breve selección de sus poemas como ofrenda para ellxs y para ustedes:
Luis Enrique Belmonte — Provisorio. Antología (1997–2019) (LP5 Editora, 2019)
EL ORGÁNICO PLACER DE NO SER NADA
Algo despierta
cuando se inundan las fosas de cadáveres sonrientes
se encadenan las plegarias
se incomodan los santos al llegar los desenterradores
de cabezas rotas zapatos de cuero podridos
Titila el anillo incrustado su majestad entre tanto despojo
mientras la tierra se cuece para adentro trabaja
obstinadamente en su afán de devorarlo todo
devolverlo todo al reino del orgánico placer de no ser nada
Aquí está el poema
míralo ahora y ya no está
nunca estuvo
es la quimera de tu vida de afeitadora gastada
hojilla de múltiples fracasos destila el destello que corta la barbilla
la sangre tardando en anunciar su fuga se mezcla
con la crema de afeitar espesa olor desinfectante
no te me vayas chorrito de agua recién nacido con olor a tubería
Porque la sangre se impacienta huye se coagula
tapiando la entrada de tu casa mí amigo
cuando vengas orgulloso a recibir como buey en matadero
el derecho a la mortalidad porque el derecho a vivir lo malgastaste
en cuatro copas con lágrimas
de mujeres que te amaron
Aquí
cerca de ti
en tus gestos repetidos
se cava la fosa
despertador jabón tostador de pan timbre botón reventado
Y no llores
te puedes descomponer antes de tiempo.
LAS HORAS
De vez en cuando
Las horas maduras
Caen sobre la vida
Vicente Huidobro
1
Veo las horas arrastrar
el bagazo de lo vivido
Las horas como murciélagos
cayendo
en lo más oscuro de mis manos
Un rumor de alas
hojas secas crujiendo sobre el techo
El lápiz encendido
por la urgencia de estas horas
buscando remanso en la medianoche
2
Se ensancha
el fantasma del pan sobre la mesa
La flor en el rincón
expira su último color
Un rayo de luz azul
enredado en la cortina
alumbra el paso amortiguado de las horas
3
Las horas miran con tristeza
las trazas del camino abandonado
el cuarto con olor a naranjales
Las horas continúan su paso
por los desfiladeros del recuerdo
van pasando en su durar
junto a las ánimas extraviadas
el coro de grillos
que insertan sus patas en la noche
4
Las horas elevándose
como pompas de jabón
Las horas sobre la terraza
pájaros ardiendo en pleno vuelo
5
A la medianoche
se lavan las horas
se comienza de nuevo.
CIELO POR EQUIVOCACIÓN EN MI VENTANA
Porque en el fondo lo que amo es lo que pasa
Pierre Reverdy
Yo poco sé
de grandes cielos
pero esta tarde
la ventana me ha regalado uno
con nubes y vientos y seres voladores
Yo no sé mucho
de mecánica celeste
sin embargo
he tenido que reparar
un espejo incrustado en un globo aéreo
No es gran cosa
este cielo que se tropieza
con un cable eléctrico
Cuando un pájaro rojo lo atraviesa
un grito de olimpíadas
se escucha en el patio
también la abuela siente
un escozor de peces alegres
en la planta de sus pies
Yo sé poco de cielos
Esta tarde
ha encallado uno en mi ventana
ensanchada como un lago
duplicándose a sí misma
Este cielo
que bien podría caber
en un cajón del clóset
viene de muy lejos en el tiempo
varios siglos y ventanas
conocieron de su modesta majestad
cuando el ocaso amorosamente
le alisaba los cabellos
Este cielo
tiene un tinte amarillento
un relinchar de caballos sedientos
huesos calcinados armaduras desvencijadas
tantas batallas gloriosas
ahora intervenidas por el pasto
Este cielo busca el alivio de un riachuelo
y en su camino
por equivocación
ha pernoctado en el cristal de mi ventana.
AMOR ULTRASÓNICO
Sé que estás allí
sobre las copas de los árboles
ardiendo al atardecer
Mi estrella que estalla con todos sus colores
como el cobre que se derrite en el fuego
suenas por los laberintos del aire cuando te vas
con todos los barcos todos los graznidos
Malabares sobre el cable
que atraviesa la voluntad de estar de pie
soportando tantas palomas de sucio callejón
sobre los hombros
Y siento que ya no estás
cuando pasa sobre mi cabeza
un jet ultrasónico me acuerdo de ti corazón
con tu adiós en plena combustión
superando la barrera del sonido.
LAS TORTUGAS NADAN MANSAMENTE
Las sagradas escrituras
pueden estar impresas
sobre un servilleta arrugada
Todo el andamiaje del mundo
puede ser desbaratado
por una lágrima tuya bajo la lluvia
La luz que buscan los sabios
puede estar agazapada
en el fósforo que enciende el mendigo
debajo del puente
Los pájaros hacen su nido
en los lavamanos olvidados
Las tortugas nadan mansamente hacia los confines del mundo
para sostenerlo de nuevo
porque los titanes no pueden más con las columnas
porque les pica mucho la nariz
porque se han resbalado con las aceitunas del banquete
porque se han olvidado
de las flores amarillas y de los dioses que se columpian
bebiendo como abejorros
un néctar de siglos bermejos.
Luis Enrique Belmonte (1971) Poeta. Narrador. Médico Psiquiatra. Psicoterapeuta. Ha publicado: Cuando me da por caracol (Ediciones Mucuglifo, Mérida, 1997); Cuerpo bajo lámpara (Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, Caracas, 1998); Inútil registro (Editorial Rialp, Madrid, 1999); Paso en falso (Ediciones Mucuglifo, Mérida, 2004); Salvar a los elefantes (Editorial Equinoccio-Universidad Simón Bolívar, Caracas, 2006; Ediciones Emma Zunz, Buenos Aires, Argentina, 2015; Ediciones B, 2017); Pasadizo. Poesía reunida 1994-2006 (Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 2009); Compañero paciente(Cooperativa Editorial Lugar Común, Caracas, 2012); y 40 consejos para un perro callejero (Utopía portátil, Caracas, 2018). Textos suyos aparecen en: Rasgos comunes. Antología de la poesía venezolana del siglo XX (Selección, prólogo y notas de A. López Ortega, M. Gomes y G. Saraceni, Editorial Pre-textos, Valencia, España, 2019). Premio de poesía Fernando Paz Castillo (1996, Centro de estudios latinoamericanos Rómulo Gallegos, Caracas, Venezuela). Premio Adonais de poesía (1998, Madrid, España). Premio de poesía de la VI bienal de literatura Mariano Picón Salas (2005, Mérida, Venezuela). Medalla internacional de poesía Vicente Gerbasi (2014, Caracas, Venezuela).
Victoria Benarroch — El desierto que cruzamos (LP5 Editora, 2025)
Fragmentos del libro
El deseo de sus párpados
me llueve
en lo blanco
de una luz extraviada
ese destello esconde
la incertidumbre que atrapa mis raíces
arropo con fuerza el agua cristalina
y un refugio permanece
Un espacio hondo
transforma mi primer arrullo
en un amplio grano de arena
mi labor es abrazar
las paredes que cubren ese olvido
Sobre la calma enciendo un poema
su llama
recoge el sonido de un muro
mi dolor reposa en un salmo
El despertar de la luz
presiente la herida
el trazo
que el amor se ha llevado
la sensación de estar vivos desde siempre
Cada silencio procura el vacío
el regreso
reconstruye
el amor que dejamos en la puerta
Adivino el susurro de unos pasos
llega el peregrino
me instalo en su morada
aguardo lo que trae
cada palabra desprendida de mi vientre
calma del paisaje
su hondo abismo
inicio mi desnudo en brazos del universo
No oculta lo que mi faz advierte
el aire que nos separa
convierte en ángel
la mirada que nos cruza
emplaza en mí nueva piel
¿Por qué no nos quedamos mirando lo que el deseo estaba por decirnos?
El espacio deshabitado
nos entrega
una ilusión blanca
llena de ternuras
no saben a dónde ir
ni cómo cobijarse del dolor del tiempo
Nunca dejamos volar a los astros
que nos tocaron con su magia
nos quedamos allí
en el exacto silencio del deseo
lo más hermoso que compartimos
En la sombra de un secreto
burlamos el olvido
el amor que no dejamos volar
hoy despierta
las alas que tenemos
Este volver íntimo
inevitable
siente dolor de arena
en la distancia
me coloca ante el tiempo
y enmudezco
intento en los vocablos
dibujar
esa línea indeleble
que nos une en el deseo
Destejí siglos
se alivió el peso
hallé mi voz
Victoria Benarroch (1962) es poeta, educadora y asesora psicoeducativa. Participó en el taller de poesía del CELARG con María Antonieta Flores ( 2001- 2002). Publicó Entretejido (Eclepsidra, 2007; Ediciones grupoTei, 2015), La memoria de los trenes (Eclepsidra, 2015) y Siete poemas del encuentro fortuito de las estrellas (Petalurgia, España, 2021). Es miembro del Círculo de Escritores de Venezuela, de la AIPEH Miami y de la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana. Su poesía integró la muestra fotográfica de J.J. Castro (Hotel Tamanaco, 2003), como diálogo entre imagen y palabra. Ha presentado su obra en ferias del libro en Caracas, Miami y Panamá, y fue invitada a Melilla, España, en 2010 para presentar Entretejido. Su trabajo ha sido difundido en medios culturales dentro y fuera de Venezuela, y forma parte de antologías como Exilios y otros desarraigos, Hacedoras, El puente es la palabra, La desnudez de la luz, El dulce ron que las embriaga y Cien mujeres contra la violencia de género. Ha participado en festivales y lecturas poéticas a nivel nacional e internacional.
Florencio Quintero — De risas y asombros Antología personal (LP5 Editora, 2023)
Un discreto poema de amor
Fraguo un discreto poema de amor
Comienzo por enumerar todos esos gestos tuyos
que me embelesan
El relámpago que parte de tu sonrisa
incendia mi monotonía
Tus garras que afilas con feroz candor
rasgan la bruma gris
Tus juegos de palabras que me asombran
Un discreto poema de amor
Y prescindo de cuidarme de la cursilería
(ya he escrito amor dos veces)
Releo lo escrito y sonrío:
Ridículamente feliz
inserto el discreto poema
en la botella vacía
con la esperanza de que se añeje
y podamos beber
de su dulce licor.
Nado
A Carolina Hurtado Bosco
Nado en tus ojos
Atravieso
sus olas embravecidas
Nado hacia la promesa de tus pestañas
Más no me esfuerzo en demasía
guardo el deseo secreto
de naufragar en su azul por siempre.
Poema
Pulpejos se desplazan sobre las teclas
con su percutir señalan
el curso del discurso
Nacen de los pulpejos imágenes y sonidos
primordiales
Bastan ahora unos ojos ávidos
una escucha atenta
Dejará esto de ser una torpe escansión de tinta
será un poema.
Treoma del coito
En tus muslos cuando aferran mis temores
surge un remedo de certeza
dura un instante.
Agradezco esta dicha
Si tuviese que hacer una lista
de todas aquellas cosas que me han enternecido:
Los pericos del parque del este
Mi abuelo recogiendo piedras muy redondas y lisas en un camino de grava
El sonido que atesora el caracol
El primer asomo tímido de tus pechos
Un niño llorando en una piñata
El cuarto concierto de Brandemburgo
La suavidad de tu pubis
El vuelo de una libélula sobre un estanque
Un beso entre mis padres
El particular salobre de Cabo Negro
Si tuviese que hacer una lista
me faltarían palabras y vida.
Uno
Yo soy una muchedumbre de uno
Un enjambre de uno
Una multitud unitaria
Soy el espacio infinito contenido entre dos números
La distancia insondable entre dos órbitas de electrones
Muchedumbre en uno
Uno diluido y recompuesto en todo.
Florencio Quintero (1980). Poeta, dibujante y médico cirujano (Universidad Central de Venezuela, 2004), psiquiatra (Hospital Universitario de Caracas; UCV, 2009), psicoanalista (egresado del Programa de Estudios Superiores de Psicoanálisis de Orientación Lacaniana del CID-Las Mercedes, 2004). Ha publicado en Poesía: Divertimento (Monte Ávila Editores, 2005). Muchedumbre de Uno (Editorial Equinoccio, 2011). La Melancolía de Hércules (Diario de Italia) (Editorial Eclepsidra, 2021). La seriedad del niño que juega (El Taller Blanco Ediciones, 2022) y De risas y asombros Antología personal (LP5 Editora, 2023). Se ha hecho merecedor de los premios: primer y segundo lugar en el I Concurso de Poesía Vargas, Organizado por la Escuela de Medicina J.M. Vargas de la UCV (2001), con sus poemarios Retórica de lo Mundano y Nostalgia del Vuelo, respectivamente; ganador del III Concurso para Autores Inéditos de Monte Ávila Editores (poesía, 2005) con Divertimento. Algunos de sus poemas se encuentran publicados en los vólumenes: En Obra. Antología de la poesía venezolana (1983-2008) realizada por Gina Saraceni (Editorial Equinoccio, 2008); Destinos portátiles. Muestra de poesía venezolana reciente (Vallejo & Co., Lima, 2015); Tiempos grotescos (Revista Ritmo, UNAM, México, 2015).
Johnny Gavlovski — La lluvia que me habita (LP5 Editora, 2025)
FRAGMENTOS DESDE LA GRIETA
Sobre el recuerdo y el temblor a propósito
del terremoto de Caracas 1967.
I.-
fue un cielo rojo,
una voz rota
caía todo
bajo el temblor
los brazos de mi padre
nos sostenían
la grieta apareció
tenía siete años
allí estaba ella
al lado de mi cama
quieta
nada decía
parecía esperar
como si supiera
que aún faltaba algo
por romperse
pasaron años
la grieta seguía allí
pero ya nadie la miraba
II.-
sólo yo sabía
que algunas noches
me ardía el polvo
en la garganta
subía por ella
me hacía toser
como si aún se abriera
fija
de noche
cuando la grieta respiraba
subía desde el suelo
hasta un metro
por encima de mi
almohada
todas las noches
la miraba de reojo
como aquél recuerdo del temblor
que insistía en aterrarme
con el tiempo
la grieta cambió de nombre
fue caída
huella
trayecto
se volvió mapa
camino
afuera
adentro
hiato
brecha
después
fisura
luego
juntura
quizás
dintel
tal vez
umbral
paso
indicio
preludio
origen
o simplemente
lo que quedó
III.-
desde el otro lado
sin mirada
con el tiempo
imaginé que alguien me observaba
sólo esperaba
con el tiempo
empecé a pensar
que vivía allí
alguien
al otro lado
solo esperaba
como si supiera que
tarde o temprano
con el tiempo
yo cruzaría
IV.-
la grieta no era colapso
era resto
recuerdo
puerta
sus bordes brillaban
el yeso recordará
una topografía sin destino
el mundo se desdoblaba
yo
sin saberlo
comenzaba a cruzarlo
V.-
trayectos
al borde del pliegue
laberintos de Piranesi
del otro lado
universos de Escher
sin dimensiones
versiones de mí
que nunca aprendieron
a esconderse
jugaban con las palabras
como piedras brillantes
como si el lenguaje
fuera un templo secreto
hecho de formas y fuego
el borde era río
flotaba
sobre la grieta
de lo que aún
escapa al lenguaje
VI.-
púber
un día me encontré
conmigo mismo
sentado en un escalón
como en aquellos días
cuando sin ser mayor de siete
decidía irme de casa
llegaba hasta la acera
y rápido regresaba
ahí me quedaba
con las piernas cruzadas
como siempre hacía
antes de comprender que
entre la piel y el hueso
de las escaleras de Escher
había cosas
que se escapan
solo se pueden mirar
desde el vértigo del recuerdo
VII.-
frente a frente
el niño
que fui
me vio
en mi madurez
como si supiera
que había olvidado
algo sagrado
no preguntó
no dijo
solo atravesó
mi mirada
su voz
era la mía
pero sin grietas
sin temblores
sin miedo
VIII.-
la infancia
se disolvió en la superficie
líquida
a veces
cuando cierro los ojos
me habla con imágenes
no me pintes,
no me borres
la grieta solo quería
ser escuchada
cuando el silencio
en pedazos
se quebraba
IX.-
en ese otro lado
se colaba
a veces
en una conversación trivial
en un reflejo fugitivo
en una grieta nueva
en otra pared
en una mirada
—que duraba demasiado—
una vibración
me atravesaba
cuando el mundo
parecía demasiado plano
X.-
la grieta
respiraba otra vez
sigue
respira
a veces la dejo latir
entre mis letras
por tu boca
sigue
respira
como herida
respira
respira
la comprensión
es otra grieta
más honda,
más cruel
sigue
respira
respira
hasta que el mundo
se parta en dos
XI.-
años después
muchos
cuando todos nos fuimos
cuando el edificio cayó
cuando entre los escombros
la grieta no apareció
—no se dejó enterrar—
se deslizó entre los días
como un espectro sin nombre
se alojó en mis letras
en mis silencios
en la forma en que esquivo
ciertos lugares
ciertas palabras
la grieta
se hizo óxido
en mis silencios
XII.-
fue una noche
fisura en el sueño
surco, juntura, dintel, umbral,
paso, indicio, preludio, comienzo
mínimo espacio
donde se filtran
constelaciones
no era memoria
tampoco laberinto
anterior al lenguaje
y yo
sin cuerpo
me deslicé
como quien retorna
a donde nunca ha estado
allí la reencontré
como destino
como temblor
tejiendo galaxias
con hilos de silencio
CASA PRESTADA
como quien ordena
un antiguo guardarropa
viví desgajando misterios
guardando llaves
nombrando cajones
vacíos
armario de sombras
que creí mío
esas llaves sin cerradura
esas voces sin nombre
esas fotos sin cuerpo
todo lo amontonado
se inclinó hacia el silencio:
las cartas
las huellas
los temblores de la infancia
que no me reconocen
acaricio un libro viejo
como si el papel
supiera mi nombre
como si el tacto
fuera mío
como si este cuerpo
no fuera prestado
un mueble heredado
donde otros guardaron antes
y otros conservarán después
acomodar objetos
fue apenas la vida
los míos
los de otros
demonios extraviados
ángeles dormidos.
casa prestada,
donde nada nos pertenece
ni el temblor
ni la respuesta
ante lo que creí mío
ni siquiera este cuerpo
que se desviste
ante su propia despedida
y en el momento
de llegar la hora
ante el sonido del último adiós
todo
abierto está
todo
vacío queda
la casa
no me espera
no abren
las llaves
mías no son
no contesta
el nombre que respondía
no me viste
el cuerpo que cubrí
la casa prestada
se revela
morir
en apenas comprender
en esta madera
gastada
Johnny Gavlovski (1960). Escritor. Psicólogo clínico y psicoanalista. Docente UNIMET (Desde 2006). Su obra traducida a varios idiomas, así como llevada al cine y la TV. Ha ganado varios premios y distinciones entre los que destacan: Premio Poesía. UCAB.1988 Premio Municipal de Teatro: “Puentes rotos”; Firma el Libro de Honor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Carolina de Praga, República Checa.; 1997: Premio Sundance Festival de cine como guionista. 1997: Premio Municipal de Teatro por “Habitante del fin de los Tiempos”. 2008: Ganador del Premio mejor dramaturgo por su obra “LA ÚLTIMA SESION”. Premio Actors of the World, Londres. Entre sus publicaciones: POESIA. 1987.- Cascadas (UCAB); 1990: Dragones (Edit Pomaire); 2024.- Poemas Químicos (Edit Diosa Blanca); (inédito); 2025: Red de seda (Taller blanco edic); Pequeños penitentes y Paisaje inconcluso (en preparación); 2025: La lluvia que me habita (LP5 Editora); Invitado a la antología: Resistir. La luz de la poesía contra el caos del mundo (París, 2025).
Ana María Hurtado — La fiesta de los náufragos (La Diosa Blanca, 2015)
Náufragos (fragmentos)
las antiguas ciudades esculpidas
soportan el peso de las rocas
yacen sembradas en la brisa marina
bailan los niños en sus muelles
entre los desperdicios de las olas
zarpan multitud de barcos
y yo descanso
colgada en los crepúsculos
volátil
espero a los náufragos
una tarde llegaron
venían de Eleusis
de la arcadia
algunos de la pequeña Patmos
nos mirábamos tratando de rescatar
las perdidas ciudades
las murallas
el cielo
algunos creyeron ver un altar
y ofrecieron en holocausto sus últimas pertenencias
quedaron
como yo
en la orfandad
riendo mientras se alejaban
dejando apenas el silencio de sus huellas
los náufragos hacen la noche alegre
la tornan caja de sorpresas
llenan su cielo de fuegos de artificio
gritan y bailan creyéndose inmortales
adormilados se pasean por las avenidas de la playa
olvidaron sus países
sus nombres
son felices
recordé sus pequeñas pisadas
su canto efervescente
el delirio del mar los traspasaba
danzaron hasta quedar varados
en un muelle lejano y fugitivo
otra noche llegaron náufragos del norte
eran blandos y fríos como peces
vociferaban
asombrados vieron por primera vez el sol
la mañana los dejó adheridos a la playa
embriagados con la calina del océano
pasó una muchedumbre
engalanada de ritos funerarios
descubrieron la muerte
bailaron hasta la medianoche
escuchaba de lejos sus quejidos
el rumor de sus goces brutales
cacarearon su grave finitud
hasta que el sol
deshilachó las nubes de la aurora.
¿a dónde irán los náufragos
que en la noche esperan
ateridos ?
las algas cuelgan de sus ojos
los náufragos caminan asustados
como astros perdidos
ante el universo en expansión
ante la oscura matriz que atraviesa las playas
y las hace lejanas
y las vuelca en ciudades extinguidas
sin murallas
pobres náufragos ateridos
ensartados en algas quejumbrosas
afilada la sombra
recorta su silueta con brutal precisión
ignoraba la fiereza de esas luchas
del suspiro de la tarde que agoniza
como piedras amenazadas de polvo cósmico
-de orfandad-
avanzan los náufragos.
BLANQUEO (fragmentos)
los días crecen y se dilatan
inundan los caseríos de pescadores
avanzan entre redes
resbalan de las bocas azules de los peces
empapan su muerte con lascivia.
los días son inmensos
se divisan desde las altas torres
blancos
callados y feroces
deshaciéndose en la vasta planicie marina.
fueron aterradores los primeros inviernos
creí escuchar el bullicio de otros náufragos
canciones antiguas
reclamos de auxilio
ecos que volaban en la obscuridad
gemidos derramados
en el lado austral del cinturón de orión
los dejaba pasar como quien deja pasar una tormenta
truenos relámpagos
zapatos flotando en las inundaciones
olvidé los ruidos vocingleros
miré y escuché la noche en su mudez
me acostumbré a su orilla delgada
a su mar invisible y lechoso
a las discretas criaturas que la pueblan
y naufragan conmigo sin llantos ni voces destempladas
el mar llegó a invitarme
el sol blanqueaba las olas con sus primeros rayos
vierto mi agonía en la leche gozosa del océano
intento recuperar alguna hondura
algún juguete atravesado de peces lastimosos
algún minúsculo niño de ojos ciegos
el sol también blanqueaba los abismos
extravié todas las huellas de mi rostro
llegué a sentirme ligera
nada me ataba a las ciudades bordadas en los acantilados
olvido
la fiesta de los náufragos
sus pasos malheridos
las botellas al mar
los grandes ojos de los faros que tiemblan
las muchedumbres cretáceas
sentada en la quietud de un puerto abandonado
olvido a mis dioses
ya no hago hogueras en su honor
mi sangre no brota para ellos
altar convertido en lecho para el ocio
para mirar nubes transformarse en cómicas barcazas
olvido los antiguos ritos
los dioses me olvidaron también
olvidaron mi carne y mi sangre
y se bebieron todo el vino del naufragio
esperan que el viento les sea propicio
ya no hubo náufragos a mí alrededor
avanzo sintiéndome destino
sin tomar de la mano ningún ahogado resbaloso
no pensé más en el neón de las ciudades cristalinas
ni en las autopistas
con sus cadáveres de inocentes animales
pienso en la alegría de las palmeras
que anidan en las playas
Ana María Hurtado (1960) es poeta, escritora, ensayista, médico psiquiatra y psicoterapeuta egresada de la UCV. Docente y conferencista; ha publicado en revistas literarias, de arte y de psicoanálisis. Premio de narrativa Julio Garmendia (UCV, 1984). Poemas suyos figuran en múltiples antologías. Colabora con la Revista de la ANLE y es articulista de Pasión País (gestión emocional). Conduce entrevistas a poetas en Cultura Mundis. Miembro del Círculo de Escritores de Venezuela; invitada al Salón de la Poesía, FIL Guadalajara 2024. Poemarios: La fiesta de los náufragos (2015), El beso del arcángel (2018, con Leonardo Torres), El árbol que en ella muere (2023), La única inocencia (2023) y El Reino (2024).