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SOBRE S, M, L DE RICARDO MONTIEL. POR MILADIS HERNÁNDEZ ACOSTA

S, M, L: Crónicas del día de ayer La búsqueda de una identidad o de un origen “propicio” parece, entre otros ser, el tema cardinal del libro de crónicas del

Gladys Mendía 3 años ago 20
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S, M, L: Crónicas del día de ayer

La búsqueda de una identidad o de un origen “propicio” parece, entre otros ser, el tema cardinal del libro de crónicas del escritor venezolano Ricardo Montiel, radicado hace algunos años en la Capital Argentina. Digo cardinal porque en esa búsqueda y hallazgo de lo confusamente pretérito, este autor procede a allanar sus intensiones: un rebuscarse o mirarse desde la cifra del ayer para proyectar un hoy dentro de un sistema expresivo que se metamorfosea o se superpone en dos enlaces genéricos que oscilan entre: la crónica propiamente dicha y la poesía, logrando o adosando un equilibrio único.

El libro está ambientado por unos inquietantes caracteres cuasi rúnicos. Lo cual hace que, nos enfrentemos a una búsqueda constante de figuraciones. ¿Por qué una primera parte S, una segunda M, ¿y una tercera L? Me urge decir que esto constituye de lleno un enigma que, por supuesto, no deseo esclarecer con el fin de que, el lector encuentre los significados de estas tres zonas con las cuales Ricardo, divide su libro como línea de estrategia –perentoria- para condicionarnos un ameno recorrido hacia ese pasado que, retoma con una visión novedosa, inusitada, pero también revisionista y mistificadora.

Hay en todos los textos un afán por dialogizar la historia, no sólo la personal sino también, y con eficaces herramientas: la colectiva.  Refiero que este es ante todo un libro de rememoraciones, fustigaciones, develaciones, memorias, y más que eso un desnudar de una conciencia colectiva pero vista desde el condicionamiento de un yo muy intelectivo. Un yo agudo, removedor de sucesos, analítico que no se fragmenta ni se dispersa, sino que se adhiere a los sucesos o registra los fenómenos desde una credencialización in-igual.

Aprecio el frescor con que se mueven cada una de las breves historias contadas desde la visión “extranjerizante” del hombre que entiende que, todo el Universo está concatenado, superpuesto, que en materia cósmica y espiritual es: uno. Un todo orgánico, rico en matices y particularidades como unidad y centro. Patria es humanidad, dijo hace más de un siglo, el cubano José Martí.

Esto se traduce aquí en el cuestionamiento que hace este escritor venezolano con otras patrias al término extranjero en esa absurda extrapolación que, aún en este mundo hacemos para desunirnos o dividirnos en una fracción ideo-cultural que no aporta, si no que, divide mucho más de lo que el hombre ya, en sí mismo ha destruido o alineado en el presente milenio por la imposición de barreras socializantes, culturales, raciales y políticas.

Hay una voluntad de llevarnos al centro de cada una de las historias, narradas con un lenguaje diáfano, cordial, cercano que profundiza en los sucesos y, acapara en ese centro el volumen exacto de la realidad. El sujeto que narra no se excede, sino que antecede a la realidad misma. El sujeto pondera cada una de las situaciones vividas en la ambigua ciudad de Buenos Aires. Nos hace un tour, y nos enclava en una parcela donde la realidad tiende a descarnalizarse en busca de una utopía que va más a allá de ciertos moldes o estereotipos culturales, sociales e historicistas.

Más bien se respira una transculturación y una asimilación de ambientes culturales. Dígase referencias, intercambios, constataciones, personajes, y/o experimentaciones ideo estéticas para hallarse en esos predios donde Jorge Luis Borges acarició un felino en alguna puerta de la calle Corrientes.

Cada una de estas mini-historias están condicionas por la necesidad de establecer no sólo ciertas zonas de confort y espacios espirituales: espacios favorables que son base y ostentación de esa graficación cultural que transpira, que sirve de sedimento y enlace para darnos múltiples significados.

Se trata de roles y de apoyaturas, de adhesión hacia una epicidad que le es consustancial, y al mismo tiempo oxímoron para revelar su yo. Un yo historicista, dialogizante, dirigido hacia la acuciante e impostergable necesidad de expansión, liberación y autonomía posible.

Lo que se pretende es contar, urdir, sacar a flote ese diario personal de una vida que se transforma en un escenario complejo; saturado de grandes sucesos, aplicados en la inmediatez, y en los paradigmas estéticos, escritos con rigor, maestría, equilibrio; trasunto simbólico para revelar un mundo hostil a toda manifestación de amor, bondad y afecto.

Percibimos también una impersonalización dada, como dije al principio por esa volitiva fuerza de enfocar la memoria colectiva: proyección social donde el yo subyace ante las agónicas circunstancias.   Es obvio que habla de sí, pero este yo cobra múltiples vidas y variados contextos. Se reformula.  Cada historia posee su estructura dramática y su acento. Los personajes son testigos excepcionales de circunstancias épicas, y cada uno de ellos se expresa con denotada singularidad propiciando una mayor credibilidad.

S, M, L, tiene un norte. Su autor persiste en darnos un acabado de los distintos dilemas. El amor, las pérdidas, las batallas por la subsistencia, el desasimiento, el vaciamiento humano, la condición aniquilante, el egoísmo y la lucha de poderes son aristas de esa dirección del yo que propugna a favor de una verdad que, funge como utopía, salvación y esperanza.

El cronista ve esos agujeros donde el emigrante sufre, acampa y se reacomoda. Es fácil prever el determinismo y/o las causas de ese desplazamiento. Estas crónicas activan las secuencias sicológicas del ser que objeta las geografías últimas y las primarias. Son sombras, embates, zozobras, puentes que van desde Venezuela hacia otras parcelas de América Latina. Un diálogo perenne del hombre que escapa de sí pero que, anhela el objetivismo de un orden, el encuentro de lo propio, la intrahistoria de otras historias comunes que analogiza para encontrar una poética mucho más auténtica de lo inapresable.

Ricardo Montiel es eso: un poeta y un cronista. Un esteta que profundiza en la condición humana. Toda descripción está signada por un realismo frontal. Algunas desde la testificación individual; otras desde la referenciación sociológica. Cualquiera de estos dos enfoques suele desplazarse con mucha velocidad. El lector queda advertido. Estos desplazamientos y desniveles de la conciencia muestran la médula de determinadas interinfluencias, y al mismo tiempo la expresión sonora del individuo frente a las adversidades, los fenómenos intrínsecos de cada sociedad, tipologías políticas, la excepcionalidad de cada espacio geográfico, religioso y cultural frente a la convulsión limítrofe del yo en la inexorable conquista de un acertado asidero.

Miladis Hernández Acosta.
Princesa de la poesía cubana.
Guantánamo.
8 de octubre, 2020.
Año de la Pandemia.


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